La Comisión Europea y Europa Nostra han anunciado los ganadores de los Premios Europa Nostra 2023, entre los que figuran dos enclaves en España: el puente de Deba (Guipúzcoa),un magnífico ejemplo de ingeniería civil del siglo XIX, y las ruinas del monasterio de San Pedro de Eslonza, en Gradefes (León), del siglo XVI.
El puente del sigo XIX requirió de una extensa investigación histórica sobre materiales y técnicas olvidadas y se benefició de una cooperación técnica interdisciplinar al tiempo que el monasterio de León ha sido sometido a una investigación arqueológica, consolidación y rehabilitación, según un comunicado de Hispania Nostra.
Los 30 ganadores fueron selecciona dos por un jurado integrado por expertos en patrimonio de toda Europa, tras la evaluación de los Comités de Selección responsables de examinar los proyectos presentados por organizaciones y particulares de 35 países europeos.
Se trata de un exquisito ejemplo de ingeniería civil, protegido como hito histórico a lo largo del famoso Camino de Santiago en España. Diseñado por Antonio Cortázar, la construcción del puente se completó en 1866, conectando poblaciones en el territorio a través de una ruta exclusivamente peatonal. El 5 de julio de 2018, el pilar central del puente sufrió un asentamiento repentino, que dañó gravemente sus dos vanos abovedados adyacentes, dejando la estructura al borde del colapso total. Se requería urgentemente un proyecto de rehabilitación para devolver al puente su aspecto original.
Para lograrlo en un contexto del siglo XXI, los ingenieros tuvieron que recuperar y actualizar muchas técnicas olvidadas de la construcción de puentes del siglo XIX. Ello exigió una amplia labor de documentación e investigación, así como experimentación práctica. Sus notables esfuerzos y la culminación con éxito de la restauración del puente de Deba también generaron nuevos conocimientos sobre la técnica constructiva de puentes de piedra. Todo el proyecto fue financiado por la Diputación Foral de Gipuzkoa, mientras que el puente es propiedad conjunta de las autoridades locales de Deba y Mutriku.
Durante una inspección, se descubrió que los apoyos de madera que soportaban el pilar se estaban debilitando progresivamente por la acción de la carcoma marina, lo que provocaba una reducción de su capacidad de sustentación y el consecuente riesgo de derrumbe. Tras evaluar varias opciones, los ingenieros decidieron instalar una cimbra de pórtico sobre la estructura, abarcando dos pilares adyacentes y de la que podían colgar desde arriba los arcos dañados y deformados. Esta cimbra también desempeñó un papel vital para mantener el uso peatonal del puente durante toda la construcción.
Una vez asegurada la estabilidad, se empezó a trabajar en el diseño detallado de la rehabilitación, que requirió investigación histórica y cooperación técnica interdisciplinar. Tras considerar distintas alternativas, los ingenieros decidieron apuntalar el pilar central derrumbado, desmontar cuidadosamente las bóvedas dañadas y reconstruirlas con su geometría original reutilizando la mayor cantidad posible de piedra original. De los 1.400 sillares utilizados en la reconstrucción, 1.250 se recuperaron del puente dañado.
Para educar a la sociedad sobre el valor de las estructuras patrimoniales en general, y de los puentes de mampostería en particular, se abrió una caseta de información sobre el proyecto en las inmediaciones del puente durante todas las obras y se ofrecieron varias charlas y visitas guiadas.
El monasterio fue fundado en el año 912 entre los ríos Esla y Porma, en León, España. Las ruinas actuales son los restos de un monasterio benedictino que sufrió diversas alteraciones a lo largo de su historia hasta alcanzar todo su esplendor tras su reconstrucción en el siglo XVI.
Más recientemente, el monasterio ha sido objeto de una intervención que incluyó investigación arqueológica, consolidación y la rehabilitación para visitas turísticas. El proyecto se diseñó con un enfoque de sostenibilidad técnica, económica y social, con el objetivo de garantizar la integración paisajística, la conservación del medio ambiente y la seguridad turística.
El Monasterio de San Pedro de Eslonza había permanecido abandonado desde 1835 con un consecuente deterioro. A pesar de haber sido declarado monumento histórico-artístico nacional en 1931, partes del monasterio habían sido desmanteladas y expoliadas, dejándolo en un estado de ruina total, entre escombros, cubierto de vegetación y despojado de todo su esplendor.
La rehabilitación para visitas turísticas supuso la restauración del trazado original del monasterio, la consolidación de los muros, la colocación de soportes de madera para los arcos, la restauración del nivel del suelo original con grava para una mejor circulación y la instalación de una señalización respetuosa con el monumento.
El proyecto de intervención se concibió también como un proyecto de integración paisajística. Como tal, las ruinas del monasterio están ahora discretamente integradas en el valle de Eslonza, como un elemento clave del paisaje.