El ciclismo ha sufrido esta semana un durísimo revés. Con el huracán del dopaje debidamente neutralizado -gracias, entre otros factores, a las mejoras éticas que imperan en el pelotón internacional actual-, el deporte de la bicicleta ha visto cómo uno de sus corredores más genuinos ha muerto por culpa de una caída en plena carrera. Gino Mäder, ciclista muy prometedor de 26 años, se fue al suelo este jueves con dureza en el último descenso de la quinta etapa de la Vuelta a Suiza. Y se precipitó por un barranco. El helvético no pudo superar las lesiones consiguientes al terrible accidente y falleció.
Fue trasladado de urgencia y por vía aérea al hospital más cercano, pero no fue posible reanimarle. "A pesar de los mejores esfuerzos del fenomenal personal del hospital de Chur, Gino no pudo superar este, su último y mayor desafío, y a las 11:30 am nos despedimos de una de las luces brillantes de nuestro equipo", explicó su grupo, el Bahrain Victorious en una nota de prensa que confirmaba los peores presagios. Se apagó de ese modo trágico la vida de un ciclista que todavía tenía mucho que dar. En 2021 acabó en el 'Top-5' de la Vuelta a España y ganó el 'maillot' de mejor joven. También festejó una etapa en el Giro de Italia, Tour de Alsacia, en el Tour del Porvenir o en la propia Vuelta a Suiza.
Considerado un fenómeno en la categoría Sub-23, Mäder era capaz de rendir en la montaña y en la contrarreloj. Su llegada al profesionalismo le deparó un trabajo concienzudo de adaptación, muchas veces bajo el rol de gregario de alguno de sus jefes de filas (Mikel Landa, Damiano Caruso o Pello Bilbao). Pero ya estaba volviendo a despuntar. De hecho, este año acabó en la quinta plaza en la exigente París-Niza. Y sólo una infección de coronavirus le privó de participar con ambición en el Giro 2023. En resumen, la sensación de vacío que deja, por la potencialidad que tenía y que todavía no había desarrollado en plenitud, es notable. Y su perfil solidario también quedará en el recuerdo, con iniciativas relacionadas con las carreras y con el fin de apoyar en la batalla contra el cambio climático y los problemas medioambientales.
Su muerte ha servido, en estos días de confusión y consternación, para que el pelotón se plantee si las condiciones y trazados de las carreras que disputan son realmente seguros para la práctica del ciclismo de élite. El debate está servido, pues en poco más de una década han fallecido otros cuatro corredores durante la disputa de una competición. En 2011 murió el corredor del Quick-Step Wouter Weylandt, de 26 años, cuando disputaba el Giro de Italia -se cayó en el descenso del Passo del Bocco-; en 2016 falleció Antoine Demotié, de 25 años y del equipo Wanty-Groupe Gobert, durante la disputa de la Gante-Wevelgem -fue atropellado por una moto de la organización-; en 2018 murió Michael Goolaerts, del Lotto-Soudal y de 23 años, al sufrir un infarto durante la París-Roubaix; y en 2019 falleció Bjorg Lambrecht, también del Lotto-Soudal y de 22 años, durante la tercera etapa de la Vuelta a Polonia -por una caída-.
España tiene también que lamentar decesos de ciclistas en carrera. En 1999 murió Manuel Sanroma, del equipo Fuenlabrada-Relax y de 20 años, cuando disputaba la Volta a Cataluña -por una caída-; en el año 2000 falleció Saúl Morales, también del Fuenlabrada-Relax y de 26 años, durante la disputa de la Vuelta a Argentina -fue atropellado por un camión-; y en 2006 murió el corredor Isaac Gálvez, del Illes Balears y de 31 años, cuando competía en ciclismo en pista -por una caída-. Si se amplía el rango temporal, la lista crece mucho más. El problema es que con el paso de los años no han terminado de asegurarse unos trazados del todo seguros. En estos últimos años todavía se recuerda la terrible caída por un puente de Remco Evenepoel durante el Giro de Lombardía -en 2020-.
Las dudas que se han refrescado con el deceso de Gino Mäder han provocado que se suspendiera la sexta etapa de la Vuelta a Suiza y que no se reincoporaran a la carrera helvética el Bahrain Victorious -equipo del ciclista fallecido-, el Tudor y el Intermarché, amén de otros 17 ciclistas que se han negado a tomar la salida de la séptima etapa, que ha discurrido este sábado para el resto del pelotón. La organización tuvo a bien reducir el recorrido de la sexta jornada a los últimos 20 kilómetros neutralizados, que los corredores en liza completaron como homenaje a Mäder el viernes. Y el mencionado Evenepoel le ha regalado una exhibición de las suyas, con ataque lejano y portentoso en la etapa sabatina.
"Estamos desolados. Gino ha sido un ciclista excelente, pero más aún una maravillosa persona. Siempre estaba sonriendo y haciendo feliz a la gente que le rodeaba. Que descanse en paz. Nuestros pensamientos están con la familia de Gino", expuso la organización de la carrera helvética tras la muerte de su compatriota. "Hoy fue el peor día de nuestra vida, pero mañana es un nuevo día y eso es lo que tenemos que cuidar como organización (...) Después de consultar con todas las personas involucradas, nosotros, como gerencia, estamos unidos detrás de esta decisión y estamos tratando de realizar las dos últimas etapas de la carrera en un entorno apropiado", relató el ente organizador de la carrera para anunciar que este sábado y el domingo se competiría a pesar de todo. Pero las discusiones están ahí.