Acantilado. Barcelona, 2023. 192 páginas. 16 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Yolanda Alonso Herranz
En Matrioskas, la tercera novela de Marta Carnicero, tras El cielo según Google (2018) y Coníferas (2020), nos muestra una historia llena de dolores, heridas y traumas a los que se enfrentan sus protagonistas.
Marta Carnicero nos presenta dos mundos bien distintos desde fuera, pero conectados en el fondo, pero hasta ser averiguado, recorre una compleja composición de tramas y situaciones que se van enlazando hasta permitir al lector conocer el verdadero sentido del argumento. Un relato conformado por vidas, en apariencia, corrientes, pero tras las que vamos a poder encontrar verdaderas perturbaciones cargadas al máximo de emociones.
Este argumento se sostiene en el discurso de dos voces, la de sus dos protagonistas que de manera alterna permiten gestionar la emoción en que lo envuelven. Por un lado, encontramos a Hana, una mujer rota por dentro y por fuera, víctima directa de una guerra, víctima junto con otra multitud de mujeres de los abusos sexuales sufridos en el campo de concentración de Vilina Vlas durante la guerra de Bosnia (1992). De allí salió para no regresar ni siquiera para recordar. En el camino encuentra a Fanni, realizadora de un documental que busca contar al mundo aquel terror vivido, todo lo que hicieron a tantas mujeres como a ella.
Hana aprecia la oportunidad pues el documental trata de las guerras, de cómo suponen todas y cada una de ellas un castigo por ser mujer, además, de los niños nacidos de los abusos que sufren aquéllas en medio de tanto terror. Le llaman “superviviente” por haber vivido niveles de dolor, de humillación y miseria suficientes para hundir a cualquiera, pero que, a ellas y sólo a ellas, ha roto por dentro (p.33). Esta supervivencia determina en cierto modo, la suerte y el castigo de Hana.
Por su parte, la otra protagonista, Sara, una joven de 18 años recién cumplidos que vive en Barcelona con una vida ciertamente acomodada, pero en cuyo fondo hay ciertas heridas desconocidas que aún no se han cerrado. Su constante enfrentamiento con su madre y percepción de libertad por parte de su padre, transcurre el camino hacia un vital descubrimiento, es adoptada y nació en un campo de refugiados. Este hecho, marcará el trayecto en la búsqueda de su madre biológica.
Los conflictos familiares de ambas protagonistas, los silencios para esconder la verdad que, en cierto modo, podría ser una forma de liberación para Hana y Sara; para la primera podría ser la reparación que ha estado buscando desde entonces (p.178), para la segunda, porque ahora que sabe la verdad, podrá ser la parte de Hana cuando ella falte, un recuerdo viviente que se mantendrá en pie (p. 177). Todo ello, ayuda al lector a sumergirse en una perfecta atmosfera para el relato, sin la cual, la historia final no tendría sentido.
A lo largo de las dos vidas que discurren paralelamente, conocemos el pasado y presente de estas dos mujeres, cuyo destino poco a poco se va entrelazando hasta casi permitir al lector ansiar el momento del reencuentro en el que las heridas puedan ser curadas porque “revivir el pasado puede ser tan imprudente como visitar el lugar recordado y comprobar que no hay nada allí de lo que fuiste” (p. 178).
Estamos ante una novela en cuyo relato terrible y atroz, la autora, centrada en su fondo en la violencia sexual sufrida por las mujeres en las diferentes guerras, nos trae de nuevo a la cruda realidad del momento, el episodio de violencia de una nueva guerra, la invasión rusa de Ucrania, que nos muestra la más miserable condición humana.