Cuando España festejó la conquista de la Eurocopa 2012, el trofeo que marcó el final de una de las épocas más gloriosas que ha conocido el fútbol, Luis de la Fuente se estaba preparando para entrenar a la selección española sub-19. Había accedido a ese cargo, en las categorías formativas del balompié patrio, tras pasar por los banquillos del Club Portugalete, Club Deportivo Aurrera, los juveniles de Sevilla y Athletic, y el Deportivo Alavés. Ese currículum le sirvió para que la Real Federación Española le escogiese, con el objetivo de cuidar y pulir a las generaciones talentosas que debían tomar el relevo de Íker Casillas, Carles Puyol, Sergio Ramos, Gerard Piqué, Sergio Busquets, Xavi Hernández, Andrés Iniesta o David Villa.
De 2013 a 2018 dirigió al equipo nacional menor de 19 años y de 2018 a 2022 se encargó del último peldaño antes de la élite, la selección española sub-21. Trabajó de forma silente, discreta y concienzuda para alimentar el crecimiento de las hornadas de jugadores que han ido pasando por sus manos. Y, de camino, engordó el palmarés del ilustre departamento formativo de la RFEF, con las victorias en la Eurocopa Sub-19 (2015), la Eurocopa Sub-21 (2019) y en los Juegos Mediterráneos (2018). Además, en los Juegos de Tokio 2020 consiguió una plata olímpica. En este último entorchado trabajó con algunos de los futbolistas que han evolucionado bajo su pizarra. Unai Simón, Pau Torres, Martín Zubimendi, Marco Asensio, Dani Ceballos, Dani Olmo, Mikel Oyarzabal, Carlos Soler o Pedri formaban parte de aquella lista. Y le siguen en la selección absoluta. El conocimiento mutuo es la base de su libreto.
Este bagaje parecía saber a poco a una mayoría de analistas españoles y a buena parte de la afición. La traumática salida de Luis Enrique, tras un fiasco rotundo en el Mundial de Catar, dejó una huella tras de sí. El técnico asturiano es uno de esos personajes que generan polarización en torno a su labor, de manera que la división de opiniones sobre su marcha se hizo patente y estableció el marco mental y anímico con el que le tocaría convivir a su sucesor. Y ahí apareció De la Fuente, con su hoja de servicios como justificante y en medio de un ambiente enrarecido. Se acumularon a su alrededor miradas de desconfianza, escépticas para con su capacidad de entrenar en el primer nivel. Se supo escudriñado desde el pestañeo inicial, aunque mantuvo siempre una actitud comedida, prudente y paciente. Tal y como es su carácter.
Lo que ha pasado desapercibido para muchos es que este riojano recién llegado a la máxima exigencia ya sabe lo que significa tener la obligación de ganar con un gran foco encima. Durante su etapa como futbolista, como lateral, jugó 233 partidos con el Athletic Club de Bilbao. Y un puñado de esos partidos disputados, con rol de titular, sirvieron para ganar dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Nueve temporadas jugó para los rojiblancos en Primera, cuando los vascos eran uno de los candidatos al título. Y en el Sánchez Pizjuán disputó otros cuatro cursos, para un total de 92 encuentros disputados con los sevillistas. Por ende, la realidad evidencia que no tiene mucho sentido cuestionar la experiencia o el oficio del seleccionador que ha llevado a España a ganar su primer título en 11 años.
Huelga comentar que la revolución ganadora fue iniciada por Luis Enrique. El volcánico gijonés se encargó de ejecutar la transición generacional obligada, dejando atrás a peones tan nucleares como Sergio Ramos. Dio la alternativa a jóvenes prometedores y llegó hasta las semifinales de la pasada Eurocopa, amén de alcanzar la final de la Liga de Naciones 2021 y clasificar a la selección para la 'Final Four' de esta edición. Su mérito es indiscutible en varios apartados: reconfiguró la plantilla disponible, aporto nueva mentalidad y matizó el estilo de juego. Su labor ha sido impagable. En cambio, también tuvo defectos groseros. En su mandato limitó las convocatorias a un grupo reducido de jugadores -quiso hacer un equipo fijo-, negó importancia a roles aprovechables -delantero rematador, regateador exterior, defensor que defiende bien- y crispó el ecosistema con sus discursos. Todavía no se explica la presencia insistente de algunos nombres -Eric Garcia- y la ausencia subrayada de otros -Iago Aspas, Sergio Canales, Mikel Merino, Borja Iglesias-.
De la Fuente ha sabido leer las flaquezas que terminaron por hacer descarrilar el proyecto del 'Lucho' y se ha instalado en el banquillo con personalidad. Ha recuperado para la causa el factor de la meritocracia, abriendo el abanico de roles y nombres para enriquecer al colectivo. La presencia de Joselu Mato, que ha marcado tres goles decisivos en sus tres primeros partidos como internacional, resultaría impensable con el anterior seleccionador. Rodri, MVP de todo lo que toca en este final de temporada, llegó a jugar de defensa central en Catar por la desconfianza del entrenador en los zagueros convocados y por la obsesión por sacar la pelota jugada desde atrás. Ahora el mediocentro del City juega de mediocentro, su mejor posición. La intensidad en la presión ha regresado al equipo, con Gavi actuando como mediapunta única y exclusivamente por su garra. Los matices están ahí, para que el que lo quiera ver.
Con todo, la sorprendente derrota en Escocia, en su segundo partido como seleccionador y en la segunda jornada de la clasificación para la Eurocopa 2024, desempolvó las rencillas que dejó la extinción de la era de Luis Enrique. A toda velocidad se cargaron las armas y empezó a sonar que la RFEF estaba trabajando para despedir al técnico riojano y contratar a un preparador de más renombre. Esta barbaridad se enarboló sin piedad y le llegó al protagonista a sus ruedas de prensa. Hay quien todavía se piensa con poder para quitar y poner seleccionadores. Pero Luis Rubiales transmitió que aquella marejada estaba basada en falsedades y dejo claro que la confianza en este "hombre de la casa" seguía vigente por completo. Dos meses y medio después, con la gloria abrazada en Róterdam, cuesta más cuestionar por cuestionar a un hombre de 61 años que las ha visto de todos los colores en el fútbol. Y que ya está junto a José Villalonga, Luis Aragonés y Vicente Del Bosque como los únicos en llevar a España a la cima. De novato, nada.
"No sólo sería importante ganar, sino crear una cultura ganadora. Tenemos que saber que hemos tenido una oportunidad única. Tuvimos la oportunidad de ganar en la final contra Francia (en la final de la pasada Liga de Naciones), pero no pudo ser. Esto nos permitiría recuperar cultura ganadora", aseguró Rodri en la comparecencia previa al encuentro del domingo frente a Croacia. También dijo esto: (Busquets) Ha llevado su camino y ha marcado una época. Posiblemente es el mejor jugador en su posición en todos los tiempos. Ha llevado su camino pero yo quiero hacer el mío en la Selección. Contagiarme de su liderazgo, de su poso en el campo. Quiero ser el jugador en el que quiero convertirme, hacer mi propio camino". Eso es lo que pretende también la selección de De la Fuente, hacer su camino sin mirarse en el espejo de nadie.
Con el trofeo en la mano, después de haber comandado el quinto título en la historia de la selección española, expresó sus sensaciones ante el micrófono de 'TVE'. En plena alegría, se le preguntó por las críticas y los cuestionamientos al seleccionador. Rebaba del perfume revanchista descrito con anterioridad. "Discusiones, ¿de qué? No hay discusiones ni discusiones sobre el proyecto. Hemos creado un equipo y vamos a intentar ganar cada torneo, Y hemos ganado. Hay que celebrarlo. Hay que olvidarse de discusiones y celebrarlo", proclamó. Vale para esta etapa incipiente aquello del 'Sabio' de Hortaleza, cuando quisieron fulminarle antes de dar a luz a la excelencia que dominó el planeta: "Nos están matando, pero vamos a ganar contra todo y contra todos". Y dejó este mensaje Rodri: "Evidentemente hay cosas que mejorar en el futuro, pero éste es el primer paso. Ganar: eso te da el éxito para seguir ganando".