Los cansinos partidarios del centro, los analistas que rechazan el bipartidismo, se encuentran atrapados en su propia contradicción. Abominan de Vox y ante cualquier atisbo de acercamiento del PP ponen en marcha su Ejército de voceros que claman contra el fascismo. Tampoco aplauden un nuevo Gobierno Frankenstein, aunque, como buenos conversos del franquismo, prefieren a la extrema izquierda, en la que todavía encuentran esa “progresía” tontorrona que les hace creer en su impostada tolerancia. Pero, sea como fuere, ni siquiera los partidarios de lo políticamente correcto encuentran solución al embrollo del multipartidismo, aumentado y viciado, además por la ley electoral española.
Pero el 23-J saldrá de las urnas un partido ganador que tendrá que pactar para gobernar. Ninguna de las opciones posibles será recibida con entusiasmo y la política de bloques seguirá protagonizando la vida española. Solo hay unanimidad en el apoyo a la salida de Pedro Sánchez de La Moncloa. Su jubilación, si se votara, podría obtener esa mayoría absoluta a la que aspiran el PP y el PSOE. Y ésa es la mejor baza para Núñez Feijóo.