Opinión

Florecilla de alcornoque

TRIBUNA

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 30 de junio de 2023
Va en contra del instinto básico del político y de la experiencia que de esta especie tenemos no asumir el poder por reparos ideológicos o escrúpulos morales, o simplemente prejuicios de conciencia o remilgos de pitiminí. Por eso la candidata a la Junta de Extremadura del PP, María Guardiola, asesorada por un pistolero malo de Zane Grey, forajido del desierto de Mojave, con muescas de muertos en la empuñadora de nácar de su Colt-45, se ha convertido en una “rara avis in terris”, por no lanzarse rauda y feliz a la trona que le ofrece el pacto del botín político, y hacerlo con todos sus ímpetus de leona del Castra Caecilia. Claro que esta anomalía que la singulariza ha durado sólo unos días. En seguida la partitocracia que nos gobierna le ha dado unas clases intensivas a fin de hacerla regresar al mundo verdadero y que se ubique bien sobre la tierra que pisa, y sepa cuáles son los principios básicos de nuestra política. “Mira, hija, tienes que bajar a la realidad, que estás en el guindo”. Se invoca siempre a la realidad cuando se quiere pervertir a alguien. Realidad tiene que ver con la res romana, esto es, la pasta y la res familiaris. Con la boca pequeña los suyos la intentan persuadir de que es una traición al electorado de derechas no pactar con la réproba Vox – Vox es un vocablo de género femenino -, a fin de desalojar del poder a los adláteres del siniestro Sánchez – cosa que es verdad -. Pero la verdadera razón no es ésa. La verdadera razón estriba en que un gran Partido de la partitocracia no puede permitirse el lujo de perder el paquete de acciones y venales chanchullos colaterales que supone tener la Junta de Extremadura, y que se pueden invertir en karbovánets ucranianos. Esto es, la realidad. Mas lo cierto en este caso es que hace bien en recapacitar esta florecilla de alcornoque extremeña, pues que aquí lo que va contra su conciencia favorece, sin embargo, al bien general, que es echar al sanchismo. No obstante, admiramos al político casi inédito cuya ideología y gustos – aunque anden muy confundidos – pesan más que su instinto atávico de poder y más poder. Flos Sanctorum Baeturiorum. Lo curioso del caso es que la inclinación singular de esta flor beturia está más en consonancia, quizás, con la predisposición de Vox de dar más cancha a los españoles, y menos a la partitocracia. Guardiola, en su libertad, está mejor entendida por Vox que por su partido de filas prietas con una sola vox ejecutiva. Otra cosa son las decisiones de la libertad, que eso ya son cosas secundarias, y en las que choca Guardiola con lo que piensa Vox, que a mí me parece de sentido común y que está en el orden de la razón de siempre. Del situacionismo globalista al situacionismo electoralista del poder. No sé cuál de los dos será peor. Yo creo que es quizás menos malo el segundo por ser más instintivo y natural, además de respetar mejor los deseos más perentorios de los votantes. Tiene que haber concordancia entre representados y representantes, eso que los estoicos llamaban sinkatáthesis, y ello tiene que predominar sobre los prejuicios de los representantes, que, al fin y al cabo, no lo son por obligación. Bien es verdad que ante el pueblo y Feijoo, Guardiola podría decir, “tu si hic sis, aliter sentias” ( si tú estuvieras en mi pellejo, pensarías de otro modo” ). Pero el yo y el pellejo del representante no tienen ningún valor en su acción pura de representar. El pueblo siempre está agazapado en el umbral de la conciencia del político de raza. La política, hija de la coyuntura, tiende a ser siempre empráctica, y no sinsemánticamente conclusa. Por eso los libros de política, aunque básicos, no lo pueden decir todo. Con una epístola de redacción post-LOGSE canta la palinodia pitiminí la extremeña, muñeca desprovista de la menor noción del honor, y VOX, a quien hoy le odia más que ayer porque lo necesita, extiende su mano amigable. Las circunstancias hacen que hoy el repetidamente repudiado ayer sea el buey compañero que con el PP tire de la yunta hispánica. Por miedo a Polonia Ucrania se hizo rusa. Supongo que Abascal no sea amnésico. Una cosa son los actos patrióticos, Santiago, y otra muy distinta el masoquismo político. Esta madurez de Vox debe ser bien entendida por el electorado, de suerte que no se vea que Vox es un partido más, que sólo discute en el pacto los cargos y prebendas que con él consiga – esto es, la realidad -, sin importarle las barbaridades que de él la otra parte del pacto ha propalado, porque si a uno no le importan las calumnias que sobre su programa político se dice, a lo mejor tampoco le importa mucho su propio programa con tal de estar en la pomada. El patriotismo de Vox y su compromiso con la libertad política sólo serán creíbles si no se beneficia del momio y la sinecura que le proporcionen los pactos de la partitocracia. Esto es, la realidad. El odio queda congelado hasta el día en que el PP pueda prescindir de Vox. Los signos políticos están sometidos a la ordenación electoral, reciben sus valores de campo en el campo simbólico, y caen bajo el influjo co-determinante del entorno. Me temo que los votantes de las derechas extremeñas, anhelosos ya de que llegue un año sabático electotal, o mejor, jubilar, se van a mover entre el apoliticismo y la neurastenia señoril, como sus mejores escritores. Que aquel gran romano replantado en Coria que fuera mi admirado Rafael Sánchez Ferlosio sea la bandera heterodoxa y españolísima que ondeé en la leal Extremadura. Cierta leyenda muy extendida entre los gnósticos sostiene que los hombres son ángeles castigados temporalmente a una vida mortal. Castigados porque, en aquel memorable combate que se libró entre Miguel y Lucifer, ellos permanecieron neutrales. Puesto que no apoyaron a Miguel, fueron arrojados del cielo; puesto que tampoco apoyaron a Lucifer, no llegaron a caer en el infierno. Somos ángeles irresolutos, como Guardiola. Pero Vox no, Vox no es tibio, no tiene discursos con dobles sentidos. Vox se arriesga sin cobardes seguros. Y los que votan a Vox lo hacen hasta hora con la esperanza de que Vox sea otra cosa. Y creo sinceramente que es otra cosa. Que Vox nunca pise la realidad.