Hay pobres de espíritu que consiguen disimular su medianía gracias a las fantasías, que como es sabido las hay para todos los gustos. A saber, fantasías animadas, eróticas, de control, e incluso de simulación de tal o cual héroe o heroína importándoles un rábano si el personaje es real o de ficción. Hay quienes a través de la fantasía pretenden ir más allá del placer o de los deseos con tal de sobresalir a pesar de su escasa empatía consigo mismo. No dejan de ser estímulos esencialmente anímicos, de manera que cualquiera puede sentirse héroe o villano en nada que jueguen con la ensoñación y creer ser lo que no son.
Recuerdo un caso de alguien que estaba creído en ser un colibrí. El hombre era feliz revoloteando porque al decir de él esa era su manera de que otros le prestaran atención y ganarse así su confianza. Un buen día salió de su nido con la intención de conquistar el más allá y volar más alto de lo que su capacidad mental le había sido otorgada por la naturaleza. Abrió la ventana y volviéndose hacia los allí presentes se lanzó al vacío gritando: ¡soy un colibrí!, ¡soy un colibrí! Puedo citarles el caso de otro ser iluminado que sintiéndose persona de limitada compostura social vino a encaramarse a la higuera más alta. Allí estuvo durante cierto tiempo lanzando proclamas independentistas y dando por saco. Fue causa de un pifostio en Cataluña con tirios y troyanos de por medio. Llamó la atención de buena parte del planeta siendo jaleado como nuevo líder en sabiduría, la misma que hoy se ha dado en llamar visionario de los nacionalismos o algo parecido. Lo cierto es cuanto mayor era su poder de convocatoria más irracional se volvía toda aquella espera al pie de la enorme higuera. Muchos de los allí presentes inquirieron de aquél hombre, que permanecía invariable en lo más alto del árbol, para que hiciera una declaración institucional, pues consideraban que ya había llegado la hora de la verdad; a lo que gustoso se dirigió no solo a los que allí le aclamaban, sino también al mundo entero. “Señores y señoras, ya estoy maduro” y emulando a un auténtico higo separatista saltó al vacío.
Sin embargo aquello fue un truco de escapista, pues el susodicho higo maduro salió indemne de aquél experimento para aparecer por arte de magia en Bélgica. Poco después se supo que huyó escondido en el maletero de un coche. Me temo que llevo la mitad de mi artículo sin que aún haya sido nombrado Puigdemont y créanme, si en todo este ejercicio de psicoanálisis expuesto no ha tenido el debido señalamiento es que le he concedido una importancia menor a su figura. No obstante, su andadura nos aproxima al mejor exponente de mi teoría en cuanto a las fantasías reprimidas, vean si no como detrás de su denodado esfuerzo por demostrar ser quien no es trata de evocar al mismísimo Napoleón Bonaparte.
Ahora es Waterloo, lo que antes fue Bruselas, resulta que lo que viene a refrendar la epopeya que Napoleón dejó para la posteridad en su andadura por los Países Bajos. Pocas figuras han merecido en la historia un tratamiento tan amplio y apasionado como el hombre que, como Primer Cónsul y Emperador de Francia rigió los destinos de Europa durante tres lustros. Genio indiscutible del arte militar y estadista capaz de construir un imperio bajo patrones franceses, Bonaparte fue capaz de hacerle la cobra al mismísimo Luis XVIII al igual que Puigdemont se lo hizo a Rajoy y al resto de los españoles cuando huyó de España de aquella manera. El desprecio le costó a Napoleón su confinamiento en la minúscula isla italiana de Elba. Pero nunca huyó ni mostró cobardía alguna. Esa es la diferencia entre la fantasía de unos y la realidad de otros.
Bonaparte tuvo la gallardía de entregarse a los ingleses al ser derrotado en la batalla de Waterloo, eso sí, en lugar de ir a Soto del Real fue deportado a un perdido islote africano, llamado Santa Elena, como antes expuse.
Ahora la justicia europea ha desestimado el recurso del ínclito Puigdemont confirmando la suspensión de su inmunidad, tanto para él como para sus ex consejeros Toni Comín y Clara Ponsatí, con lo cual la sentencia acerca un paso más a su extradición. Ahora bien, aun siendo una buena nueva cabe esperar a los reaccionarios con sus truculentas maneras de actuar cuando conviene revertir las decisiones de la justicia en furibundos ataques a todo lo que se menea. La calle se toma sin acatar orden ni concierto y puede traer más calor al que por clima estival tenemos en custodia. Para muestra sirva Francia.