Opinión

Momentos estelares de la Semana Negra de Gijón 2023

TRIBUNA

Luis Artigue | Jueves 06 de julio de 2023

Es placer para la inteligencia y los sentidos. Es alimento. Es un rico bocadillo de lo popular y lo culto que se saborea con sidra y con buenos conversadores en medio de una fiesta junto al mar y bajo un cielo de verano cuyas tonalidades recuerdan al trigo…

La Semana Negra de Gijón es literatura, cómic, fotoperiodismo, debates y conversaciones irrepetibles que afilan la madrugada. Es la fiesta de la creatividad popular sin solemnidad, sin pretenciosidad, sin altanería, para todos los públicos y todos los corazones. Y ya está aquí: será del 7 al 16 de julio en los viejos astilleros junto a la playa de poniente de Gijón.

En el apartado estrictamente literario la Semana Negra de Gijón viene potente en esta edición. La presencia del escritor francés Bernard Minier, el italiano Massimo Carloto, la argentina Claudia Piñeiro, el peruano Goran Tocilovac, y el mexicano Paco Ignacio Taibo y la nicaragüense Gioconda Belli, que junto con la lectura de poemas de Luis García Montero, Antón Reixa, Martín López Vega y Juan Vicente Piqueras son puntos álgidos del programa. Como también lo son la presencia de grandes nombres de la novela negra hispánica como Marta Sanz, Carlos Zanon, Susana Rodríguez Lezaun, Carlos Salem, Juan Ramón Biedma y Paco Gómez Escribano. Y grandes nombres de la novela fantástica como Jesús Palacios, Mariano Antolín Rato, Víctor Conde y Elia Barceló. Y grandes nombres de la novela de terror como Carolina Sarmiento. Y grandes nombres de la novela histórica como Alfonso Mateo Sagasta, Luis García Jambrina, Carlos Barden y José Manuel Fajardo. Y grandes nombres de la novela literaria como Manuel Vilas y Miguel Barrero. Y grandes nombres del periodismo de investigación como Carlos Quílez, Jesús Cintora, Luis Rendueles, Juan Carlos Galindo y Cristina Fallarás. Y grandes nombres del cómic como el propio Ángel de la Calle…

Aquí va una selección nuestra de grandes libros que sus autores presentarán en la Semana Negra 2023.


LO QUE LA PRIMAVERA HACE CON LOS CEREZOS, DE MARTA ROBLES


He aquí un libro culto, interesante, inteligente, pedagógico, y, con todo, más profesional que profesoral. Un libro que sitúa a la autora a la altura de Tom Wolfe, Truman Capote, Gay Talese y el resto de grandes firmas pioneras del nuevo periodismo americano (ya saben, el conformado por genios en el arte de fundir el periodismo y la literatura), y, sobre todo, sitúa a la autora a la altura de la gran maestra de todos esos pioneros del nuevo periodismo americano: Djuna Barnes.

Djuna Barnes, la gran dama genial del vanguardista Greenwich Village neoyorquino y del París de los locos años 20, la amiga de Peggy Guggenheim, Cocó Channel, Ezra Pound y Charles Chaplin, la gran escritora modernista alabada por T. S. Elliot, James Joyce y compañía, la autora de una de las mejores novelas del siglo XX (El bosque de la noche) y varios libros de cuentos impresionantes por su estilo y su mundo (Una noche entre los caballos, El vertedero, Humo), fue una escritora que aprendió del periodismo todo lo que sabía sobre literatura... No en vano ya decimos que anticipó con sus colaboraciones periodísticas toda esa corriente del nuevo periodismo (véanse a tal efecto dos libros geniales, el titulado Nueva York y el titulado Perfiles en los que da cuenta de su excepcional talento literario puesto al servicio del periodismo).

Muchos y muchas pensamos que, de haber sido hombre, Djuna Barnes hubiera sido el Premio Nobel de esa generación perdida, en lugar del machito de masculinidad saturada y exhibicionista Ernest Hemingway (precisamente en este libro de Marta Robles que estamos glosando Lo que la primavera hace con los cerezos. Historias de amor y desamor de grandes creadores –Ed. Espasa- la autora dedica a Hemingway uno de sus más conspicuos perfiles histórico/periodísticos)…

Sí, Marta Robles es la Djuna Barnes de nuestro tiempo.

De hecho a nuestro juicio nadie como esta periodista está hoy fundiendo periodismo y literatura de forma tan inteligente como compensada y equilibrada. Y lo está haciendo así, mediante perfiles de actualidad (perfiles líricos en La Gaceta de Salamanca en la fértil línea periodística de Eugenio D´Ors, César González Ruano y F. Umbral; perfiles periodísticos de prosa cristalina muy apegados a la actualidad y repletos de sentido común en La Razón y diferentes televisiones; perfiles narrativos en sus libros de no ficción como La dama del PSOE, Los elegidos por la fortuna, Madrid me Marta, etc).

Pero además, y como un modo complementario y coherente de hacer eso mismo, fundir periodismo comprometido y literatura, Marta Robles da a imprenta de vez en vez contundentes novelas negras de fuerte contenido social y rabiosa actualidad que vienen a ser un modo de entrar con paso lúcido en los más candentes debates de actualidad de nuestro tiempo. Son novelas protagonizadas por el cínico y sentimental detective Roures, con las cuales ella opina con criterio mediante la ficción (por ejemplo en La mala suerte, 2018, la autora entra en el controvertido tema de hasta dónde estamos dispuestos a llegar a veces en occidente por ser padres y madres, para acabar haciendo que nos preguntemos si a veces la paternidad es un acto de generosidad o más bien de egoísmo; y en La chica que no supiste amar, 2020, la autora toca con criterio y contundencia el tema de la prostitución, y nos invita a posicionarnos moralmente, y a reflexionar sobre los pros y los contras de la abolición y de la prohibición, y, sobre todo, nos lleva a humanizar a las víctimas).

Pero la versátil Marta Robles tiene otro registro para hacer lo mismo, fundir con talento periodismo y literatura: el del perfil histórico. En este apartado se inscribe su conspicuamente iluminador libro de historias de la historia (que dirían Carlos Fisas y Fernando Vizcaíno Casas): Pasiones carnales, 2020. Éste libro es un repaso (uno erudito con maneras de crónica histórica y trazas de ensayo novelado) a los devaneos sexuales de las monarquías. Y lo impresionante de esta obra cuando se publicó fue también su pertinencia, pues se publicó durante lo más candente de los debates sobre la vida personal de nuestro esperpéntico Rey Emérito: por eso ese libro de Marta Robles fue como esos artículos que un buen periodista de internacional escribe como hablando de lo que pasa en el extranjero, pero en realidad hablando indirectamente sobre lo que pasa aquí.

Y en ese mismo registro literario de Marta Robles erudito pero divulgativo, ameno, iluminador e inspirador llega ahora a las librerías un libro de perfiles periodísticos novelados en miniatura: glosas biográficas de grandes creadores dominados por el amor, el desamor, el sexo y la pasión (valga la redundancia) como motor de su genialidad creadora.

Tras un prólogo en el que, citando a Juan Eslava Galán, la autora califica a la poeta griega Safo de Lesbos como inventora del amor tal y como lo conocemos, y sin detenerse a tal efecto luego en el amor cortés, en De Amore de Andreas Capelanus y los Diálogos del amor de León Hebreo, y la formulación del amor platónico de Marcelo Ficino y Pico della Mirandola (lo hace así porque este libro no es un ensayo que pretenda agotar el tema, sino un texto escrito con espíritu indagador y con una honesta intención de entender y de hacer entender a los personajes), el libro se centra en el mito del don Juan con sus diferentes representaciones y matices. Y luego nos habla de los creadores que viven y beben del amor atormentado. Los del amor noir. Los asesinos. Los del amor en sus diferentes expresiones sexuales. Los promiscuos. Las mujeres fatales. Los maniáticos, fetichistas y depravados. Los machistas, misóginos. Maltratadores y malvados. Los liberales. Los adictos a las triangulaciones amorosas. Los que robaron artísticamente el brillo a su pareja…

Las estampas biográficas que componen este libro-mosaico con algo de novela discontinua y algo de ensayo son, en buena medida, conocidas, pero están narradas todas de modo tan suelto y con un pulso narrativo tan hipnótico que no cabe otra cosa que decir que el conjunto es fascinante. Personalmente a mí me desconcertó la referencia a Safo, que hay quien diría que es mucho más que la poeta del amor, pero me sorprendió el de Anne Perry (no debo revelarles nada de este capítulo salvo decirles que es muy sorprendente, que da para una novela y hasta para un guión de cine, y que está excepcionalmente bien narrado, uno de los mejores capítulos del libro). Y me subyugó también el de James Joyce y Nora, esa pareja tan conocida y a la que sin embargo Marta Robles nos hace ver desde un ángulo nuevo cargado de perspicacia psicológica y humana, y no digamos el de Marilyn Monroe, acaso el perfil más narrativo de todos y el que más funciona como relato corto que engloba en breve espacio una turbulenta vida entera y, además, eso que Mayakovski llamó la construcción de un personaje.

Un capítulo aparte en este libro hemos de dedicárselo a las humanizaciones. Por ejemplo es impresionante como Marta Robles en estas páginas humaniza al pintor contrahecho Henri de Toulouse-Lautrec (epistemológicamente muy reveladora la disquisición moral de por qué este pintor vivía con prostitutas pero no era un putero). Y, por ejemplo, como humaniza también a Alma Mahler a pesar de que sea una mujer de vida repleta de aristas….

Hay mucha erudición en estas páginas, un gran trabajo de investigación, pero aún más nos ha impactado la perspicacia moral que demuestra, y la voluntad de empatizar y comprender y hacer comprender: ¡todo muy humano y humanista, como decían los clásicos! (en verdad la mirada narrativa de Marta Robles aquí está repleta de humanidad y de finura moral, y por eso es aún más brillante que la cultura prolija en este meritorio libro concebido todo para una tesis general, que viene a ser ésta: Sigmund Freud decía que el sexo es el motor de lo humano, y Rosa Montero en un libro reciente matiza que en la creatividad humana es desestabilizadora porque la imaginación es la loca de la casa, pero Marta Robles fundamenta con datos, con ejemplos, con perspicacia psicológica y ya decimos que con mucha finura moral, que la pasión y el amor y el desamor son los motores de la creatividad humana artística en su modalidad genial).

Si existe la justicia poética, este libro debería ser uno de los más leídos de la temporada. Desde luego nosotros lo recomendamos vivamente.


LICENCIA PARA ESPIAR, DE CARMEN POSADAS


Una mujer espía es como un poema de Pessoa: sabes que ahí hay algo tétrico pero también algo muy seductor.

Y yo lo sé por experiencia: por la fascinante experiencia de acabar de leer con demorada glotonería la nueva novela de Carmen Posadas sobre las más grandes espías de la historia (sobre las más grandes y también sobre Mata-hari, que para Carmen Posadas no era la espía que describen el periodista y escritor guatemalteco esposo de Raquel Meller Enrique Gómez Carrillo y el periodista y escritor falangista César González Ruano –que la conocieron personalmente- en sus contrapuestas biografías de la misma, ni tampoco es lo que pinta Yannic Murphy en aquella novelita deliciosa Yo, MataHari, sino que se trataba de una espía chapucera con ribetes de cortesana internacional que pasó a la historia solo por puro morbo).

Se trata de un libro de cuentos con prólogo y epílogo, o de eso que Carlos Fisas llamó historias de la historia y que Fernando Vizcaíno Casas llevó a cabo de forma pionera y reiterada, y Juan Eslava Galán sigue practicando de forma maestra.

Y es que fue don Benito Pérez Galdós quien convirtió el magno género de la novela histórica en un personaje que atraviesa los acontecimientos y las épocas para dejarnos ver la historia viva de España, al tiempo que nos ofrece una idea de España.

Apoyándose en esa fórmula maestra, pero centrando su obra no en un personaje sino en un objeto fetiche, Carmen Posadas en La leyenda de la Peregrina dio también cuenta narrativa ficcional de la historia de España pero no tanto para ofrecernos una idea de España como para darnos entretenimiento, espectáculo, sutileza y ofrecernos una mirada inusualmente sofisticada a aquellos que hemos convertido la lectura de ficciones en nuestra droga más preciada.

Ahora regresa Carmen Posadas con la misma fórmula narrativa y el mismo estilo desenvuelto e hipnótico con Licencia para espiar que, esta vez, nos presenta una historia de Occidente desde los bíblicos orígenes hasta nuestros días a través del maquiavélico pero sutil y cautivador ángulo del espionaje femenino presente en todas las épocas y esferas de la política.

He aquí una novela de novelas (por decirlo aludiendo al paradigma cervantino) muy en la tradición también de las novelas de rescate de mujeres prodigiosas –este tipo de obras maravillosas suelen hacerse en cuadros narrativos o mosaicos que en conjunto componen un fresco histórico como por ejemplo las fascinantes Extraviadas ilustres de Ana María Moix o La vida escrita por mujeres de Anna Caballé.

Esta obra de Carmen Posadas, ésta escrita con prosa sobria, eficaz y veraz, tras describirnos en primera persona la condición de esta escritora de hija de embajadora en los tiempos en los que las embajadas estaban repletas de micrófonos y todo el mundo espiaba para todo el mundo, nos habla de los dos oficios más antiguos del mundo que ella aúna mediante un vocablo de genial acuñación: el sexpionaje (de hecho en estas páginas nos invita a visitar el Museo Alemán del Espionaje, en el cual corroboramos que el espionaje es el segundo oficio más antiguo del mundo y nos lo complemente con las primeras referencias históricas en la Biblia sobre el asunto –la primera mujer fue Rabah la Larga, hermana de Daniel de Jericó-, experta en poner el amor y/o la seducción al servicio del espionaje como la primera precedente eso en lo que en la película Red Sparrow se narra al respecto de los agentes femeninos reclutados en época de la Guerra Fría y Programa Secreto, o de eso que tan célebremente practicaba James Bond, el agente secreto creado por Ian Fleming (a través de los agentes Romeos de la Stasi, y las comedoras de venenos como Muria la de los ojos como carbones (una mujer que lo probaba todo y no sufría).

En el mundo clásico también había no pocas espías (Christopher Andrew señala que el espionaje se basa en dos pilares, el humano y el divino): así se nos cuentan aquí la historia de Ulises y la importancia del don de la intuición en cuanto a lo divino y los métodos de adivinación que utilizaban los griegos conocidos como hieroscopia y augurios encontrados en los escritos de Plutarco, y se nos cuenta la historia de cómo los romanos recibían información divina, y la de quién fue Cayo Julio César y cuál fue su Cifrado. ¡Todo muy curioso, erudito e interesante!

Asimismo la autora nos cuenta las historias de palacio de Julio César con las mujeres (en especial con Cleopatra, Calpurnia y Servilia), y la historia de Servilia…

Del mundo clásico el libro salta a la Edad Media en la que se creó la primera red de espionaje La Santa Inquisición. Y se habla del Trovador Juan de Nesle Blondel. Y de la libre y trágica María La Balteira, de la cual nos cuenta su historia y cómo llegó a Alfonso X el Sabio a través de una tragedia.

Llegamos al Renacimiento, a la historia de las especias que encontró Colón y a la mujer destacada de esta época, Malinche, (sobre la que escribió John Le Carré). Y conocemos la historia de Fray Rodrigo y Felipe de Austria quien busca a su hijo Martín Cortés Malintzin. Y el libro nos introduce en el mundo imperial mexicano –con el gran Tenochtitlan-…. Hernán Cortés y su eterno rival Diego de Velázquez…. El arte de los dibujos de la época (no fue Aguilar sino Malinche quien los pintó)... La importancia decisiva de las madres coloniales…La historia de Pánfilo de Narváez en Nueva España y su relación con Hernán Cortés... El maquiavélico siglo XVI en el que se convirtieron en espías, María Estuardo, Catalina de Medici, e Isabel de Inglaterra. Las reinas al espionaje en el Siglo de las Luces con Luis XIV… Charles Genevière, que fue una persona de letras al servicio de Luis XV cuya vida es una novela. Las historias de Shi Pei Pi y Boursicot y la historia inverosímil del Caballero d’Eon (alias) espía de Luis XV y, que logró confundir al famoso Giacomo Casanova… El espionaje y el periodismo también unidos en la Guerra de Cuba con Hearst y Pulitzer, y en España la Guerra de la Independencia contra Francia entre 1808 a 1814… La historia de Pepe Botella y Carmen.. La Candelaria.. María la Tinajera… Doña Jerónima… La Primera Guerra Mundial. Mata Hari en época de Belle Époque y en la que los bailes indús le hicieron brillar en París… Las mujeres espías de la Segunda Guerra Mundial…. Josephine Baker la diosa de ébano bailando desnuda y con un cinturón de plátanos… Larissa Swirski la Reina de Corazones… Laddie Wessel y Gertrudis Gross… África de las Heras y Caridad del Río, ésta última, más conocida como Caridad Mercader.

El último capítulo llamado Conversaciones con una espía, es muy curioso, porque nos hace sentir que hablar con Carmen Posadas, como leer este libro, es un poco conversar con una espía que siempre dice más de lo que dice y calla más de lo que sabe y se mueve con elegantes maneras de leyenda con causa…

Sí, podría decirse que leer Licencia para espiar de Carmen Posadas es como volver a dormir contigo en Ibiza en verano y al aire libre… ¡Sí, leer este libro es como asistir a un desfile de estrellas fugaces!


MALDITO HAMOR, DE CRUZ SÁNCHEZ LARA


He aquí una novela en la que la misma persona es el asesino y la víctima.

¿Cómo es posible?

Para saberlo han de leer esta historia veraz, admonitoria y necesaria en la cual hay amor problemático, deseo, dependencia, rendición, obsesión, el inquietante mundo de la élite, enganche masoquista al otro, y, de repente, también una trama noir adscribible al realismo psicológico de ambientación cosmopolita. Y hay sexo masoquista. Y dominación machista. Relaciones abiertas. Celos. Ambición. Incendios provocados. Y hasta un cadáver desmembrado a hachazos… Todo narrado con prosa muy suelta, diálogos habilidosos, personajes que constituyen peligrosos perfiles de verosimilitud, tres puntos de giro argumental y un final sorpresivo…

Esto encontramos en la última novela de Cruz Sánchez de Lara titulada así, con un giño a Jadiel Poncela, Maldito hamor (Ed. Espasa).

Cuál es la diferencia entre el amor y su versión peligrosamente adulterada el hamor es la gran pregunta que se desmenuza en esta novela.

En esencia es la historia de Clea Castán (brillante y enamoradiza arquitecta de personalidad intensa –y por lo tanto poco curtida en el arte de poner límites-; mujer de hoy con buenas amigas y grandes aspiraciones) y la historia de Henry (aristócrata inglés): desde ese punto de vista esto es una novela romántica. Pero resulta que Henry es guapo, racista, narcisista, machista de aire chulesco y de personalidad insoportablemente arrolladora, y Clea se muestra cada vez más sumisa y enganchada a su amante tóxico avasallador y aislador: a tenor de eso esto es una novela sobre las nuevas feminidades, las viejas masculinidades y las correlaciones tóxicas. Además Henry ha heredado un fálico palacete en Biarriz, y la elegida para su restauración es, como no, Clea, la cual se engancha al proyecto como se ha enganchado al deseo y al amor tóxico que llega a despertar deseos de destrucción del yo o del tú: desde ese prisma esto es una novela psicológico-simbólica, casi psicoanalítica. Luego la casa, como en las novelas góticas de amores oscuros que nos cuestionan nuestro sentido de la realidad y la cordura tipo Cumbres borrascosas, pasa a ser otro Henry en segundo grado de ficción… Pero cuando el amante cruel abandona a Clea ésta se deprime y trastorna y transforma, pasando decididamente todo esto a ser lo que en conjunto es: una novela negra elaborada, poliédrica, perturbadora, torrencialmente emocional, dura por momentos, repleta de finura moral y oscuramente adictiva lo Patricia Highsmith sobre el maltrato psicológico y los monstruos interiores que éste despierta.

Y de hecho ésa es la mayor virtud de esta novela: la de lograr una síntesis funcional y moderna de Emily Brontë, Patricia Highsmith y la novela romántica actual.

El estilo es directo y potente. Los diálogos fluidos. La intensidad narrativa carece de caídas y la calidad del pacto de identificación es muy alto sobre todo para con las lectoras, pero también con los lectores (pues todos si nos descuidamos podemos caer un día en el marasmo de la adicción emocional).

De hecho en estas páginas la autora, a la vez que nos retrata, se retrata a sí misma no porque ninguno de los personajes sea ella, sino porque ella aquí demuestra saber muchas cosas sobre los volcanes interiores que habitan en el cerebro y el corazón de hombres y mujeres, y mucho sobre lo imprevisible y malvado que puede ser el destino.


LA LEY DEL PADRE DE CARLOS AUGUSTO CASAS


No la trama sino sobre todo los personajes, que diría Skakespeare. No el mundo entero sino una familia que resuma el mundo, que diría Tolstói…

Como certificando lo que dice Tolstói en su Ana Karenina, que todas las familias felices se parecen unas a otras pero cada familia infeliz lo es a su manera, la última novela de uno de los grandes autores del hard-boiled español, Carlos Augusto Casas, mezcla la novela negra hard-boiled y la saga familiar al glosar el intrafamiliar intento de magnicidio social de Arturo Gómez-Arjona, un poderoso y acaudalado y despiadado y hábil traficante de información a la vez que dueño de un emporio de la comunicación (Grupo 9Media), cuya mujer ya fue asesinada en un crimen que está sin resolver.

Arturo Gómez Bárcena, patriarca de una familia envidiada, envidiosa y disfuncional, vive en el madrileño Barrio de Salamanca flanqueado por cuatro hijos arquetípicos (uno, Alonso, es un reduplicado suyo en versión discapacitada, otro, Bobby, es gay, otra, Mencía, una influencer con complejo de Audrey Hepburrn, y otra, Sonia, una chica prodigio que ha estudiado en USA, posee dotes detectivescas y está obsesionada con saber quién mató a su madre), en un clasista nido de dinero y de ambición de la alta sociedad. Y el día de su cumpleaños a don Arturo han intentado envenenarlo en su propia casa, estando presentes solo sus hijos y el servicio. ¿Quién es tan ambicioso y despiadado como para querer matar a su propio padre?

Este planteamiento, en lo que tiene de homenaje a Agatha Christie, ya ha sido bien explorado por otro de los mejores escritores de novela negra actual, Javier Sagastiberri, en Muerte en el Carlton, pero Carlos Augusto Casas acierta al no desarrollar la trama del lado del enigma, como Sagastiberri, sino, como un Truman Capote en versión cañí, del lado de la sociología y la psicología perversa tan misteriosa y fascinante como propia de las novelas negras.

He aquí pues una novela de asesinatos múltiples y sofisticados de alta sociedad; una con intriga, perversidad, despecho y buen ritmo (construido éste a base de capítulos cortos, puntos de giro argumental, dosificación de información, habilidad metafórica en la prosa y pinceladas de humor negro) sobre el dinero y el poder (y las deslealtades y mezquindades que engendran); también es un poco una novela sobre el periodismo televisivo y los juguetes rotos que éste crea (véase el fascinante personaje de Josan, un presentador de televisión caído en desgracia siniestro, suicida y sorprendente); y principalmente una sobre la sensación de impunidad que a menudo el dinero y el poder confieren cuando se ha comprobado una y mil veces que todo se puede comprar.

Eso: esto es una novela negra, descreída, corrosiva, desalentadoramente poco ética, muy bien construida y que funciona como un reloj como best-seller.

Entre sus alicientes mejores está el de que nos adentra (con sus lugares, sus personajes, sus lujos, sus anhelos, sus grandezas y sus miserias, sus conversaciones que rezuman clasismo, racismo, sarcasmo y orgasmo, su lujo, sus marcas de alto standing y sus casas con decorador de interiores y asistentas racialmente selectas) en ese mundo de altos vuelos para descubrirnos así que, en realidad, ese mundo también está maldito y también es noir, pero con la peculiaridad de que no es un mundo repleto de delincuentes, sino uno en el que abundan los delincuentes de guante blanco que creen que las leyes no están escritas para ellos.

Se lo pasa uno muy bien leyendo esto, rediosla.


NARCOPISO, DE PACO GÓMEZ ESCRIBANO


Narrativa callejera, amarillista, barrial, quinqui, macarra, marginal, delincuencial de poca monta, Carlos Pérez Marinero, Eloy de la Iglesia, Chester Himes, Julián Ibáñez con un toque de Patricia Highsmith, sí, novela negra o el estado del malestar…

En estas páginas un viejo cuyos años han sido testigo de las transformaciones del madrileño barrio de Canillejas (unas transformación que va desde el hambre de la postguerra hasta el obrerismo sin casi derechos siguiente, y la llegada del alcoholismo en los 70, la era de la heroína de los 80 y de la cocaína de los 90 hasta llegar a la actualidad donde los inmigrantes han cambiado el paisaje y el paisanaje, y además ya la soledad y la desesperanza se han cronificado y unificado tecnológicamente), de pronto ve como unos okupas con mafia detrás se instalan en un piso de su bloque tras un desahucio, y eso lo cambia todo… Aunque el primero que se da cuenta de que eso lo cambia todo es Pirri, un tipo curioso que se pasa la vida en el bareto de Julito leyendo novelas negras y privando a tope, y al cual se le acerca ese viejo para pedirle ayuda porque en su edificio unos camellos han montado un narcopiso, y todo se ha llegado de yonquis, de manguis, de suciedad, de agresividad y de delincuencia , y la paz vecinal ha estallado…

En efecto, si algo deja meridianamente claro la décima novela de Paco Gómez Escribano, una crook storie genial titulada Narcopiso, es que este autor no sólo es con mucho la mejor firma de la Editorial Alrevés, sino el más perdurable acontecimiento literario de la novela negra española actual. Y esto es así porque, en el cada vez más homogéneo y fílmico y resultadista y linguïsticamente funcional panorama de nuestra novela negra, la pluma de Paco Gómez Escribano cuenta con un mundo propio, y con su propio idiolecto (el habla quinqui), y con un sentido del humor marca de la casa (mezcla del humorismo y del realismo sucio y del ingenio impresionante del autor), y con gran saber sociológico, buen oído para las conversaciones de barrio, verismo contundente y una finura política sin igual (la cual parece un mix entre el hard boiled y la novela social y los panfletos marxistas) que resulta contestataria hasta sin pretenderlo.

Uno de los grandes logros de esta novela es el tono narrativo en primera persona, el cual combina el registro macarra la lucidez pasota y el descriptivismo social con un punto de acidez moral y mucho humor negro.

Otro es la sociología (es más delito de spoiler en esta reseña hablar de los singularísimos amigos de el Pirri que contar el final de la novela, pero mi personaje favorito de la fauna del bar es la Carmen, una pitonisa muy lograda, y sólo he de decir que esta novela negra no la pueblan gente torva en situaciones límites ni villanos desesperados en situaciones límites sino gente normal desfavorecida por la vida) muy bien perfilada, sin personajes planos, sin diálogos homogéneos sino cada personaje con su voz, y sin apenas caídas en la prosa, la cual está tan cuidada como en la mejor novela del autor, Prohibido fijar cárteles.

Otra es la creación del bar como corazón del mundo, en este caso un bar repleto de gente perdida, de tipos que se quedaron colgados de los tripis hace años, de buscavidas, de pasotas, gente que es lúcida porque no les queda más remedio, etc…

Y otra son las conversaciones de bar que hacen que en esta novela se consiga elevar el ejercicio del vacile a la categoría de bella arte.

Es una novela redonda, señoras y señores.

Paco Gómez Escribano, autor de novelas negras repletas de atmósfera, de personalidad y de talento, lleva años haciendo una recreación diacrónica del barrio de Canilejas en su anverso y su reverso. Y en buena medida su obra es una forma excelsa de hacer novela negra social muy política y muy divertida que da cuenta de la verdadera intrahistoria de la España última poniendo el foco en la gente más débil aunque sea más fuerte, la marginal, solitaria, sí, la que juega en desventaja.

Y PGE esto en sus novelas lo hace así, sin anestesia. Es la obra de un genio fuera del canon.

El mejor nombre con mucho de todos los autores del catálogo de la Editorial Alrevés es Paco Gómez Escribano.

Tomen nota.


TIEMPOS PARA LA LÍRICA, DE JON ARRETXE


La txapela noir en la que se inscriben José Javier Abásolo, Noelia Lorenzo Pino, Jon Arretxe, Javier Sagastiberri, Juan Infante, Mikel Alvira, Alber Vázquez, Unai Elorriaga, Aritza Bergara, Carlos Bassas, Alberto Ladrón Arana, Jon Alonso, Aingeru Epalza, Alberto Ladrón, Iñaki Irastizabal, etc.

El thriller euskandinavo que publican Dolores Redondo, Ibon Martín, Eva Gª Saenz de Heredia, Mikel Santiago, Antón Arriola, Susana Rodríguez Lezaun, Toti Martínez Leicea, Lara Siscar, etc.

Los euskopoliciales de Laura Balagué, Carlos Ollo, Joseba Lozano, etc.

Los clásicos modernos de obra ya inmarchitable como Ramiro Pinilla, Fernando Aramburu, Juan Bas, Txani Rodríguez y Felix G. Modroño…

Buena parte de la mejor novela negra del panorama actual, la que creemos que muchas veces en mayor grado tiene esa capacidad de adicción, de contundencia y de embeleso lector que sobrevive al tiempo y a las modas, se está haciendo en Euskadi.

Y uno de sus más insignes representantes es Jon Arretxe, autor de la saga de Touré.

Su saga de novelas contundentes, entretenidas y repletas de inteligencia social (son novelas con mucha calle, mucha puta, mucho jeta, mucho barrio, mucha jerga, mucho lumpen desesperado, mucho mantero senegalés y mucha sirena de policía) ciertamente es el mejor ejemplo en nuestra novela negra de hoy de lo que Edward Said denominó teoría literaria postcolonial.

Y el propio personaje de Touré (un africano sin papeles que ha sido detective, gigoló, pitoniso, confidente de la policía, pastor de ovejas, atracador de joyerías y millonario interino), ese personaje que es a la vez un resumen metafórico del mundo y la certificación narrativa de que el mundo es ancho y ajeno, bien parece la encarnación de lo que Thomas Carlyle, en su ensayo influyente y ya clásico titulado Los héroes en el que en las novelas diferenciaba epistemológicamente al héroe del antihéroe y del héroe vago, quiso decir con la acuñación crítica de héroe vago…

Sí, las nueve novelas de Jon Arretxe (Basauri, 1963) de la serie de Touré son pequeñas nouvelles-mosaico de género negro entre el hard boiled y la crook storie (todas son novelitas repletas de situaciones de gran crudeza y dramatismo, pero entreveradas de optimismo africano, de humor negro y con influencias de la novela picaresca), las cuales exploran la vida de un superviviente postcolonial, y describen con talento su pelea diaria por la subsistencia (todo en la Europa actual con trazas de insolidaridad y xenofobia devenidas de una extrema derecha nuevamente emergente).

Mediante un verismo crudo pero amable (amable gracias al dinamismo de las peripecias argumentales y al humor), estas novelas nos ofrecen una mirada tan humana como reivindicativa sobre la inmigración a través de este personaje que, título tras título, vamos viendo en toda su epopeya íntima de crecimiento y dura supervivencia… Una supervivencia vital, de hecho, narrada mediante una primera persona con gran poder de impacto empático, la cual nos traslada, no solo al acontecer del personaje, sino también a su mundo interior bastante surrealista.

Touré, inmigrante subsahariano que llega a Europa con la feliz inocencia de quien cree que ha llegado a la Tierra Prometida, pronto descubre que la vida entre nosotros de un inmigrante no es una estancia en el Paraíso.

Y eso le hará endurecerse y enmaliciarse rápidamente.

Y es que a este personaje con un doctorado en sufrir y otro en sobrevivir, a lo largo de las nueve novelas, le hemos conocido viviendo como un sin papeles en un piso patera en el barrio de San Francisco de Bilbao, y en un pueblo del pirineo navarro, y en los bajos fondos de París, y en el Madrid del barrio de Lavapiés y Puente de Vallecas entre los trabajadores explotados de los restaurantes hindús. Y, mientras perdía la inocencia y se sobreponía a las putadas de la vida (putadas tales como la muerte de una hija en París), le hemos visto haciendo frente al racismo y la xenofobia ambiental de la Europa de nuestro tiempo combinada con la pobreza de raza… Y, mediante su rocambolesca vida tan postcolonial como noir, nos ha hecho explorar mientras leemos embebidos temas tales como la inmigración, el racismo, las mafias, la discriminación y la exploración laboral en los restaurantes asiáticos.

Y ahora Jon Arretxe acaba de publicar la novena novela de la saga, Tiempos para la lyrica (Ed. Erein) con la cual entra narrativamente en un tema de gran calado: la prostitución, su verdadero cariz, sus implicaciones, su tratamiento político, la abolición, la ilegalización, etc.

En esta nueva entrega de la saga Touré el escenario-mundo vuelve a ser el barrio de San Francisco de Bilbao, esa mezcla de pequeña África y de Vallecas años 70, y la protagonista es de nuevo la amiga de Touré Sara Ke, y el tema social que da soporte a la trama noir es el maltrato, la prostitución y la indignidad humana, pero sobre todo lo es el mundo de la droga de vanguardia… ¡La lyrica es la droga de moda del barrio de San Francisco! ¿Por qué? ¡Misterio!

Además de la trama, muy bien concebida, y del personaje, que nuevamente es un improvisador que va a cuestas con su vitalismo atrabiliario por los bajos fondos, y le acontecen todo tipo de crueldades, y sale a flote siempre de milagro, en esta ocasión la novela nos ofrece también todo un mini-tratado de sociología política de las prostitutas del barrio de San Francisco con su tipología, su historia, su intrahistoria y sus preocupaciones, y su condena a pagar el pato de los conflictos por los choques étnicos que empiezan a abundar en el barrio a causa de la gentrificación… ¡Y eso es casi lo mejor de la novela! Pero también tiee como ingredientes un toque de thriler, humor negro, crítica social, realismo sucio y un lúcido y cívico tratado sobre la marginalidad…

Contundente y adictiva forma narrativa de mostrarnos que “a Bilbao le han lavado la cara pero se olvidaron de lavarle el culo”.

Hay que leer a Jon Arretxe.


LA LEY DEL HAMBRE, DE ANA BALLABRIGA Y DAVID ZAPLANA


Un guardia civil rural, Caín, encuentra sobre una histórica y monumental balsa romana de un pueblo oscense a un animal monstruoso que deposita de pronto un brazo humano seccionado… Una vedete del Molino de Barcelona de los tiempos del destape, tiene de pronto que enfrentarse a su nada fácil historia personal de supervivencia en la cual, en segundo grado de ficción, está la historia de supervivencia de media España tras la guerra civil… Una periodista de investigación con algo de detective y algo de activista, Vera, está investigando una trama empresarial de contrabando de semillas transgénicas…

Y todo, en esta novela de misterio, de complots, de conflictos familiares, de historia, magia, maldiciones ancestrales, experimentos genéticos y violencia política que se desarrolla en los ejes temporales (la guerra civil y el año 2018), conduce hasta el verdadero protagonista de la obra que es el pueblo de Cadasnos.

La ley del hambre (Ed. Contraluz), última novela de Ana Ballabriga y David Zaplana, no es una novela adscribible al neorruralismo mágico de Luis Mateo Díez (a pesar de la influencia en la resonancia costumbrista de los nombres de los personajes, en la importancia de la oralidad como sustrato narrativo y lo no poco que Cadasnos, el pueblo repleto de caciques crímenes e impregnaciones fantásticas, recuerda por momentos a la Celama de La ruina del cielo), pero algo hay de eso en sus páginas.

La ley del hambre no es en rigor tampoco una novela-enigma como las de Arthur Conan Doyle sobre un animal oscuramente fantástico en un lugar poseído por oscuras supersticiones y crímenes que han de ser resueltos por un genio de la deducción (a pesar de que el elemento mágico-criminal inicial y la resolución de la trama de los animales asesinos que desentraña le deba tanto a El perro de los Baskerville), pero algo hay también de eso en sus páginas.

La ley del hambre no es una novela negra mágica que aprovecha la mitología y magia del lugar mistérico en el que sucede la acción como en las novelas de Dolores Redondo, pero algo hay de las novelas del ciclo de Baztan en la parte de magia y esoterismo y superstición y maldiciones en tablillas de origen romano que hay también en estas páginas.

La ley del hambre no es un country noir, una novela negro-criminal ambientada en un lugar rural fronterizo en muchos sentidos como Meridiano de sangre de Cormac McCarthy o 1280 Almas de Jim Thompson, pero es una referencia interpretativa importante también a la hora de entender esta novela.

La ley del hambre no es una novela documentada sobre la Barcelona de los años del destape como La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza utilizando esta época como pretexto para trenzar una trama histórica con otras dos negrocriminales y forjar un historic noir como para desencasillarse de la etiqueta de novelista negro ha hecho Pere Cervantes en El chico de las bobinas, pero allá le anda...

Pero en La ley del hambre, una novela argumentalmente ambiciosa, hay mucho más. Hay una descripción social y sociológica (realizada mediante el poder de la ficción pro con mucha finura política) de la solapada y eterna lucha de clases entre amanuenses y caciques, entre la supervivencia y la sed de poder, en la España agrícola profunda: una lucha en la que el héroe es quien logra convertirse en un desclasado pero sin perder la memoria histórica, esto es, sin traicionar sus raíces y a sí mismo.

Hay quien dice que el problema de esta novela es la prosa impersonal, casi elemental y desde luego funcional (funcional no en el sentido de la difícil sencillez que tan bien funciona en Baroja y Josep Pla, sino en el de las novelas de quiosco), a la hora de contar una historia con estructura puzzle, que, en su parte Barcelonesa, pediría una prosa menos notarial y más a rica en metáforas a lo Juan Marsé o al menos Terençi Moix, y desde luego pediría una prosa más entre Miguel Delibes, Juan Benet y Cormac McCarthy en la parte del country noir para que no haya disonancias narrativas entre el tema el espacio y el lenguaje (así lo ha hecho el genial Jesús Carrasco en su novela rural imprescindible Intemperie).

Sin embargo nosotros nos quedamos con que el acierto de esta novela es la trama con alto nivel de invención y habilidosamente trenzada, que, a base de sorprendentes puntos de giro argumental, avanza sin desmayo, obsesiva como un tumor, llevando las confluentes subtramas hasta un final explosivo (un final que funciona, tanto como una catarsis de tragedia griega, como al modo alegórico de una soflama política contra los que han vaciado la España vaciada).

Los aciertos de La ley del hambre a nuestro juicio pesan más que nada, y la novela se disfruta mucho.

No se la pierdan.

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