Carlos Alcaraz necesita jugar partidos para crecer sobre la hierba. Esta es una realidad que él mismo confirma cada vez que se le acerca un micrófono. Ganó el Torneo de Queen's, el mes pasado, en el tercer campeonato sobre césped que disputaba en el profesionalismo. Y con ese escueto bagaje, y en un avance sólido de sensaciones, se presentó en Wimbledon. Debutó el pasado martes con victoria ilusionante frente a Jeremy Cardy, pero hasta este viernes no ha vuelto a competir. La lluvia y la organización del All England Club han provocado que el jugador español se quede frío en su confianza sobre esta superficie tan poco amigable. Es por ello que en esta fecha le ha costado mucho brillar. No ha disfrutado, es un hecho, pero ha ganado. Y esa es la mejor noticia imaginable ya que hay que ser muy bueno para vencer jugando mal.
La tarjeta de rendimiento del talentoso murciano reflejó, este viernes, 32 golpes ganadores y 41 errores no forzados en su duelo ante Alexandre Müller. Este dato basta para corroborar la incomodidad de un pegador tan portentoso como 'Carlitos'. Y si se bucea en lo específico, se descubre que en el primer set no llegó al 70% de primeros saques conectados ni ganados. Desde temprano descubrió que no iba a poder resplandecer, así que le tocó lucir oficio. A sus 20 años. Müller, jugador francés de 24 años que sigue en progresión, no le puso las cosas fáciles. Jugó con seguridad, agresivo en el golpeo y dañando con el resto de revés y el saque. Esa paleta bastó para indigestar la tarde a Alcaraz, que no embocó su derecha con la fluidez acostumbrada. Ahí, con problemas para encontrar su juego, abrazó uno de esos recursos que le han colocado en la cima del tenis con precocidad. Subió seis veces a la red y tuvo un 100% de efectividad en esa suerte.
Todo valía para salir a flote y escapar de las emboscadas que le planteaba un voluntarioso francés que venía de tumbar a un especialista en hierba como Arthur Rinderknech, en primera ronda, y que quiso darse a conocer en el partido ante el mayor atractivo del tenis actual. Dos bolas de rotura salvó el favorito en un tramo inicial en el que evidenció el plan de su equipo: controlar los nervios y economizar los esfuerzos y las reacciones emocionales. Le pidió Juan Carlos Ferrero contención y cabeza. Hay que frenar el derroche físico que le es propio para durar en los 'Grand Slams'. Y el ilustre pupilo puso en práctica la receta, aunque eso le costara cierto estatismo y falta de soltura. Con todo, carburó de manera industrial y arrancó un break decisivo que desembocó en el 6-4 con el que se adelantó.
Aún así, no se relajaron ni Alcaraz ni Müller. El francés se mantuvo competitivo y guerrero, llegando a repetir las emboscadas precedentes. No sólo no se fue del duelo tras caer en la primera manga, sino que llevó el segundo set hasta el 'tie-break'. En el entretanto, 'Carlitos' ganó perspectiva pero no acierto. No materializó ninguna de las cuatro bolas de rotura de las que dispuso en el segundo parcial (en este apartado acabó el duelo con un pobre dos de 14), otra vez atascado con su derecha y aferrado al juego en la red y al segundo servicio. Eso sí, en el desempate regaló a la tribuna una muestra de su jerarquía, con la agresividad seductora que le ha hecho famoso. Siete a dos terminó ese desempate, que significaría un punto de inflexión definitivo.
A Müller se le ponía muy cuesta arriba el desafío no alcanzó a prolongar su órdago. En el tercer set bajó revoluciones y el número uno del planeta prosiguió su recorrido calmado, paciente y tímido. Salpicando la eficiente planicie con dejadas, bote prontos y globos maravillosos, para regocijo del público. Nunca desconectó el tenista galo -cometió menos errores no forzados- y eso le vino bien a un talento murciano superior que debe seguir concentrado en mejorar en hierba. Aunque haya vuelto a resolver sin ceder un set y haya accedido por vez primera a la tercera ronda de Wimbledon. Este sábado volverá a jugar, por apreturas del calendario en el torneo inglés, por lo que cumplió con el objetivo de ganar lo antes posible (dos horas y 33 minutos). Eso era lo más importante.
"Partidos como este valen el doble", avanzó en sus declaraciones tras consumar su victoria. "Esa es la diferencia entre los muy buenos y los buenos. Nunca vas a jugar bien todos los partidos. En el 75-80% de los partidos del año no los vas a jugar como tú quieres. Hablando por mí, yo quiero estar en el lado de los muy, muy buenos", argumentó Alcaraz, con la honestidad e inteligencia que le acompañan.
En sala de prensa fue preguntado por su rendimiento en comparación con lo visto en Queen's o en su debut en Londres. "Los días en los que no te encuentras bien, esos partidos cuentan el doble. Hay que sacarlos de alguna forma, o con actitud o con físico, para tener otra oportunidad de cambiar esas sensaciones. Este partido vale doble", insistió. Le espera el chileno Nicolás Jarry, que venció al australiano Jason Kubler. Casi sin tiempo para descansar. Así lo veo el jugador español: "Jugar al mejor de cinco sets dos días seguidos jode un poco. Cuesta un poco más recuperar. Hoy tres sets han venido bien para estar más fresco mañana".