¿Por qué una noche, a solas y desnudo en una playa, saltaba, me acurrucaba y gritaba como un cangrejo vociferante?, ¿por qué de niño hurgaba en los contenedores y desenterraba huesos de los cementerios abandonados y por qué cualquier mancha escurrida o nubarrón me hace ver nítidamente rostros?, ¿por qué la mirada que imprimí a la escultura es más inquietante y profunda que la del personaje o mis propias capacidades, ahondando en mundos tan distantes?, ¿por qué entretejo a las personas con animales, me arremolino en la arcilla y me dejo atrapar por los chillones colores de las plastilinas y del sol con el placer de un lagarto?, ¿quién despierta nuestro llanto, descuelga angustias que no nos merecemos y nos extasía con el oleaje de un mar relampagueante o qué o quién alienta mis manos para dejar entreabierta esa puerta a cuando siquiera éramos humanos, entreabierta a las luces y misterios, a las cicatrices que subyacen bajo todo lo adquirido y aprendido durante tantos años?. ¿Qué o quién?
Me entusiasmé, sí, con una mujer de Hong-Kong a la que no podía visitar por la Pandemia del Covid y consecuencia de aquellas restricciones, que le parecerían un acicate a nuestra relación, provocó mi decisión de materializarla con apuntes y garabatos. Su apariencia en los selfies con el cuello ladeado y las manos en abanico, los lugares singulares que ella elegía, las vestimentas de marca o las tradicionales Qipao o Cheongsam del XVII con el pequeño bolso de Gucci, teatralizaban de tal manera sus retocadas fotos, que yo elucubraba si Hong-Kong era tan desconcertante como sus ciudadanas.
-Soy Hongkongnesa- acuchillaba en los whatsapp, emulando al Valle-Inclán de Divinas Palabras que en latín neutralizaba a los toscos linchadores de Mari Gaila, para a continuación tatuarme con silencios.., y mientras me lo repensaba, ¡rematarme!. ¿Para qué erotizarla al estilo de los voluptuosos templos de Khajuraho, cuando ya se deslizaba sobre mis papeles y mis cucharadas de café como una lágrima de porcelana, transformaba sus pezones en diminutos ojos de azabache y el ombligo en la boca un pez ingrávido?. ¿Acaso podría aprovechar un descuido para teñir su vientre de vello púbico?, ¡ni hablar de rallajos!, a lo más un delicado arco perineal para enlazar con Las mil y una noches, que ya la catarata de pelo negro de su espalda se despeñaría por la frente convertida en finas dagas disolviendo al instante mis trazos.
Anhelaba en esos momentos La India y su corriente de flujo sanguíneo que nos engulle y permitía poseerla desde el interior de un riskshaw microscópico o navegar su Ganges y atracar en los crematorios con mis papeles y tinteros como si fuera invisible, o al menos tolerado, por los familiares, las vacas y los perros, bajo el manto volatilizado y perfumado de la propia carne. Así, rodeado de niños bañándose junto al murmullo de los ancianos, todo parecía lo que era en realidad, Benarés o Varanasi, ceniza y eternidad.
Treinta y tantos años antes de ese viaje a La India, ocupaba un box en la Facultad de Bellas Artes de Sant Jordi en Barcelona, y en tanto el resto de alumnas y alumnos a mi alrededor se empeñaban en descubrir su talento sobre un tablero con pajitas, corchos, chapas, o lo que aquél día la ingeniosa ocurrencia del profesor nos dictara, yo había empezado a recubrir mis tableros de dibujos anatómicos con sus tramas y módulos, eso que llamabamos cánones. Hasta que me susurraron que estaba distorsionando la clase. Despegué entonces todos los legajos y vegetales, rumiando y mosqueado, porque no es lo mismo ser alumno a los 18 que a los 28 años y porque eso de “que nunca es tarde para aprender cosas” tiene limitaciones importantes en las facultades de Bellas Artes, en pleno alzamiento de rupturas y tratando de superar el barro y la tradición con una creatividad desprendida de lo caduco y apolillado, pero que en nada presagiaba la terrible precariedad a la que lanzaría a la mayor parte de aquellas/os titulados.
¿De dónde surgieron esos mis cánones del box?. Puede que de mi padrino Víctor, un militar con alma de ingeniero, inventor de una ametralladora que nunca vio la luz y que una vez en la reserva naufragó definitivamente en la escultura y el arte, porque a mis tres años de edad ya besaba sus bustos de barro en Puerto de Vega y cuando adolescente le robaba los libros de anatomía que atesoraba escondidos y con fotografías de modelos desnudos en Oviedo.
“La figura humana en el Arte”, obra del ginecólogo y fotógrafo germano/ruso Carl Heinrich Stratz (Odessa 1858) despertó el híbrido de Ciencia/Arte, que paulatinamente me fue hermosamente intoxicado por Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel y Rodín, y adornado por las láminas de Vesalius en “De Humanis Corporis Fabrica”del XVI, las de T. Boneti del XVII , las de Albinus del XVIII y las de W. Rimmer del XIX, hasta que un buen día, en Washington, me quedé fascinado paseando fente a las vitrinas de “Body Worlds” ( Gunther Von Hagens y Angelina Whalley), que gracias a la plastinación dejaba los músculos, huesos, órganos, tejidos, venas , arterias o nervios, flotando como hologramas en el aire , y ya solo faltaba añadirles los frascos con replicantes de la película Blade Runner 2045.
¿Pero toda aquellas maravilla componía en sí un canon?. No.
Grosso modo
Y de repente los artistas caen desde el mundo clásico al pozo medieval y ya no pueden acceder al desnudo integral por la santísima gracia de la censura o del pecado y éste queda bajo los abades, inquisidores, proxenetas, carceleros, brujos, curanderos y enterradores, y son forzados a suplantarlo por otro desnudo figurado. Surgen entonces los cristos románicos (X) de apenas 6 cabezas, los cristos medievales, como el de San Severino en Colonia y el increíble de Matthias Grünewald del XVI, que viste (tatúa) al crucificado con torturas y suplicios, que nos es revivido con La Pasión de Mel Gibson cinco siglos más tarde, dando así por finiquitada la edulcorada versión del dios-hombre nórdico y cinematográfico, que nos inundó de estampitas durante tantísimos años. Lejos quedó El Renacimiento y lo que a fin de cuentas, ya lo vemos, nos revelan los cánones -es mucho de quienes lo formulan y de su época, aflorando en ellos sus prejuicios, aspiraciones y sentimientos, tanto benignos como aberrantes, que hacen de los preceptos y la norma aúrea la subsiguiente imposición carcelaria- (Irene Vallejo).
¿Cómo si nó explicar que C.H. Stratz (1926), en el prólogo de su libro se atreviera a formular que -de los pueblos que han permanecido ajenos al gran proceso evolutivo común, todas las ramas pertenecientes a las razas primitivas y a la negra, se han mantenido en un estado de inferioridad…un arte primitivo, ingenuo y torpe?- Y aunque L.M. Anson (1935) me aseveraba que ese mismo arte africano en su negritud es incluso superior al clásico, porque desmenuzaba lo científico y analítico en lo imaginado o soñado, lo psíquico o lo cósmico, que así lo entendió (o robó) Picasso, como hacía sin pudor con tantas ideas artísticas renovadas, tampoco nos era de extrañar que aquél soterrado argumentario del libro saltara desde la simple medida a la irracional desmesura y que si el atleta Jesse Owens zanjara en la olimpiada de Berlín de 1936 la absurda presunción de la raza Aria, ya era demasiado tarde, pues para entonces se flirteaba con supuestas criaturas subhumanas o parásitos culturales y en sus aulas se medían las cabezas de los niños, el largo de su nariz, el color de sus ojos y el cabello, en busca del canon más perverso jamás ideado, lo que incluiría en sus peajes las esterilizaciones forzadas, a J. Mengele y Auschwitz.
Y si ante semejante hazaña, el propio Jesse Owens, tuvo que entrar por la puerta de servicio para negros a recibir el propio homenaje, lo que nos resulta desgarrador en el país de las libertades con aliento de democracia, no nos escandalicemos ahora por las no ficciones a punto de estallarnos. ¿Tienen el mismo canon los migrantes que trepan por las alambradas que los geo que les esperan abajo?. Pues si ya de insinuarlo se me cae la cara de vergüenza, ¿por qué entonces usamos con ellos/as alambradas y cuchillas propias de las bestias de un Parque Jurásico?. En “El verdadero creador de todo”, el neurocientífico Miguel Nicolelis nos remarca que -las primeras oleadas de colonización humana del mundo y las raíces de lo que hoy conocemos como proceso de globalización se llevaron a cabo a pie por migrantes africanos que buscaban mejorar sus condiciones de vida.-
Alguien debería recordar a los políticos actuales que sin aquellos primeros épicos viajes de emigración el mundo que hoy conocemos no habría sido posible y hay que releerle igualmente la cartilla al mismo Von Hagens, que publicitaba la donación voluntaria de los cuerpos expuestos en esa exposición tan alucinante, por el supuesto origen de los cuerpos, atribuidos ahora a condenados ejecutados, y decirle que rebasa el límite de la impunidad el que nuestros semejantes aparezcan desmenuzados y desmembrados, jugando al tenis o pegando ridículos saltos por el aire. Que no se puede utilizar así a los muertos, ni los nuestros, ni los de nadie, ni los de ayer, ni los de mucho antes y que es imposible establecer nítidas rupturas con nuestros ancestros, sea desde el Australopithecus afarensis al Homo habilis, al Homo erectus, al Homo neanderthalensis, y hasta el propio Homo sapiens, cuyos procesos de evolución van en paralelo a la maquiavélica expansión del neocórtex, en una concepción neurocéntrica de nuestro mundo e historia, que hacen que - El universo empieza a asemejarse más a un gran pensamiento que a una gran máquina-. ( Sir James Hopwood Jeans).
Permitidme por un momento, que si no me pierdo en la rabia, retomar mi empeño en materializar la belleza de aquella hongkongnesa y desde su faz irradiar toda la figura. Hay tres tipos de cráneos basados en la relación entre el índice de longitud y la anchura del neurocráneo: El Dolicocéfalo o de cara estrecha y alargada; El Braquicéfalo, que corresponde a una cara corta y ancha; y El Mesocéfalo, del que diríamos que es el normal o sin anormalidades, y que uno de esos artículos capilares definen como el que puede usar cualquier tipo de peinado y corte. Pero en China no tienen ese tipo de simplezas, sino por contra, delicadas variaciones con las cualidades de otros seres vivos o de su estado de ánimo, e incluso inanimadas, lo que explica que determinada mujer posea la cara del primer amor, o la cara del bagre, o sea del tipo cara de zorro, de huevo de Ganso, de cara de Rana o aquella de cuerno de Zapato, y añadir que las supuestas anomalías para una de esas caras deriva en cualidades muy atractivas y equilibradoras en la otra, siempre que tengamos a mano la referencia fotográfica de la celebridad o artista que la defina y acompañe.
Esto es un buen inicio para el
Hace infinitamente menos, solo cuatro mil años, la talla de madera de una “esclava egipcia”, posiblemente una sierva Nuba originaria del Alto Nilo, que no la desechada y cruenta esclavitud para levantar el Imperio faraónico que le diera nombre de esclava, representa la primera evidencia de un canon figurado que no copia al desnudo del natural sino al revés, que lo modela a partir de los cuerpos vestidos y ceñidos por la moda, tal cual harían Chanel, Balenciaga, Lagerfeld, Miyake, Wang, Versace, etc, y nos sitúan más cerca de un desfile a lo Victoria´s secret que a una viñeta de Pedro Picapiedra. Pero escuchemos al creador de “Golden Bachelor”, la empresa especialista en conseguir pareja para millonarios chinos, sobre sus inquietudes, para ver si captamos qué tipo de canon están generando - Soltera de 22 a 28 años, de altura entre 1´63 y 1´72m., que sea bella, delgada, con buen cutis, suave, de buen corazón y con altas cualidades.- Si la altura media de la mujer de Hong Kong son 159 cm. y de los demás aspectos mencionados ni se me ocurre cómo valorarlos, entenderemos que en un país con 60 millones de mujeres de entre esas edades, se tarde más de un año en encontrarles candidata.
Partimos de que en Hong Kong se produce un auténtico desgarro cultural y que cuando mi gran amigo Miguel de la Quadra-Salcedo me decía.- No te quedes en la selva de Amazonas más de dos años o al final no serás ni de aquí ni de allá, te lo aseguro- , y de él,que lo sabía bien, yo lo traslado a la bella hongkongnesa que lleva décadas cohabitando entre el aquí y allá y a la que agobia imaginar hasta dónde les conducirá la imparable locomotora china y en si tendrá algunas paradas donde readaptarse o en si por contra no le quedará más remedio que saltar en marcha. China no es solo demasiada China para Hong Kong, sino incluso para mí y para cualquiera que no vislumbre el evidente perreo de la piramidal República-Popular-Continental con la decadente ExReal-Colonia-Británica, y a ver cómo hago para trepar al rompeolas que enfrenta ambos oleajes.
Al tiempo hemos de disculpar las artimañas empleadas por los antiguos artistas y estetas para hacer coincidir sus geometrías en un canon, ya fuera doblando las reglas un poquito o encogiendo y alargando mentones y dedos, con tal de que les ajustase, porque no eran conscientes de que la autenticidad proviene del deseo y el recuerdo de una imagen vibrante antes que de la fugaz parálisis que le proporcionan los moldes o de la pretendida instantánea de las cenizas volcánicas o del museo de cera. Por eso utilizo bandas elásticas para acomodar los ojos, su nariz y su boca, el esternón y las clavículas, los pezones, el ombligo y el entalle, sin ese pretendido ojo de halcón del canon clásico. Además, en Hong Kong, lo que “Eres” se representa en ese escenario hiperurbano con la impronta propia de cada personaje, dejando entre bambalinas al resto de la figura sin darle mayor importancia. El Moisés de Miguel Ángel, sus esclavos o la Capilla de los Medici, que extendemos a la mayor parte de los retablos o capillas de grandes catedrales, a sus relieves y hornacinas, ya fuese en templos antiquísimos o en las fachadas de Las Vegas o Dubai, son exactamente consecuencia de lo mismo, de que lo fundamental no necesita del todo (bulto redondo) y que el artista que sabe que a menudo la leyenda manda frente a los hechos contrastados, sabe también que la esencia de una escultura puede darla un chispazo o una fachada, que ya el espectador se encargará de completarla. No es que Miguel Ángel no ahondara más en completar su talla porque ya estuviera ésta contenida en el bloque de mármol, es porque era imposible completarla con cincel con idéntica intensidad si la continuaba y en cambio muy fácil imaginarla.
Ese increíble pantallazo, tiene en internet su equivalente al dios Zeus, el gran responsable y portador de la desnudez figurada para conformar el Canon, y en cosplay, lingerie, sexy, cheongam, xiuren, animé, xingyan, hydoll, etc, a sus olímpicos acompañantes, que nos hacen navegar entre sirenas y ser al tiempo arrojados por la borda en la bahía de Hong Kong, donde es preferible dejarse llevar de sus corrientes que no intentar vencer su resaca y ahogarnos. Así que al renunciar al canon clásico, al hacerlo impreciso y no acotado, al fundir en él lo novísimo del cómic con las muñecas de porcelana, al renegar del natural frente al imaginado, etc, nos hemos quedado sin flotadores en un mar profundo con tintes de naufragio y a la espera de la aguadilla final, sino fuese por la evocación.
La Evocación, es la rara cualidad del artista afortunado, capaz de coser al talento una bocanada de aire desde un firmamento interior y no limitada a las imágenes que se puedan desentrañarse en un diván de la experiencia y el duro trabajo, sino a aquellas que surgen de la imparable voluntad de la vida para perpetuarse a través de sus antepasados y de los antepasados de los antepasados desde el origen (Epigenética).