Los Lunes de El Imparcial

Javier Moreno Luzón: El Rey Patriota

Ensayo

Domingo 09 de julio de 2023

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2023. 592 páginas. 25 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar



En El Rey Patriota. Alfonso XIII y la nación, Javier Moreno Luzón nos presenta una obra mayúscula que tiene como objeto de estudio al monarca que da título al libro. A través de casi 600 páginas, el autor analiza la España de las tres primeras décadas del siglo XX en la que se pudieron observar avances notables en ciertos terrenos (cultura, educación, urbanismo), combinados con algunos fracasos evidentes en política exterior, como certificó el desastre de Annual. Asimismo, también observamos una incapacidad deliberada por parte de la clase política para erradicar la corrupción electoral o para combatir los desafíos revolucionarios sin recurrir a la manida solución militar.

Moreno Luzón, si bien sigue una narración cronológica, empieza la obra de una forma sugerente, aunque entendemos que oportuna. Así, las primeras páginas están destinadas a explicar la muerte en el exilio de Alfonso XIII en 1941, olvidado por buena parte de la sociedad española, con la que décadas atrás se había dado baños de multitudes.

El inicio de su reinado en 1902 aconteció en un momento delicado de nuestra historia. En efecto, por un lado, la derrota contra Estados Unidos en 1898 había puesto en valor la importancia de la regeneración (aunque existiendo varios proyectos regeneracionistas). Por otro lado, aparecieron los primeros síntomas de un fenómeno que se multiplicó en los años siguientes: los dos partidos del turno pacífico cada vez se hallaban más divididos interiormente. Como resultado emergió un personalismo (Maura, Dato, Canalejas, Moret…) que condicionó de forma negativa la gobernabilidad de la nación.

Junto a ello, se intensificó otro fenómeno ya conocido: la violencia política. Esta, en un primer momento, estuvo monopolizada por el anarquismo y “contemplaba el magnicidio como una forma de justicia proletaria y como detonante de una revolución que acabaría de golpe con las sociedades burguesas” (p.99). Posteriormente, fue patrimonio de ideologías y organizaciones también de izquierdas, encontrando como respuesta la represión indiscriminada por parte del Estado.

Conforme fue avanzando Alfonso XIII en su reinado, su intromisión en los asuntos políticos resultó cada vez mayor. Esta tendencia se percibió tanto a nivel doméstico como a nivel de las relaciones exteriores. Su notable presencia internacional, sin embargo, no evitó que España siguiera siendo el socio menor en las alianzas que entablaba. Además, cuando estalló la Primera Guerra Mundial, la neutralidad decretada por Eduardo Dato orientó la respuesta gubernamental. Se trató de una actitud realista que el citado político conservador explicó en los siguientes términos: Si la campaña de Marruecos está representando un gran esfuerzo y no logra llegar al alma del pueblo, ¿cómo íbamos a emprender otra de mayores riesgos y de gastos iniciales para nosotros fabulosos?” (p. 246).

Con todo ello, según nos acercamos a 1923, en el modus operandi de Alfonso XIII se percibieron dos elementos complementarios. Por un lado, su cada vez mayor rechazo del parlamentarismo (algo que también se apreció en buena parte de la Europa de la época, como certificó el auge de las vías autoritarias). Por otro lado, una predilección poco disimulada por la solución militar como herramienta al servicio de la manida regeneración nacional: “Sus convicciones nacionalistas y contrarrevolucionarias le exigían hacer algo para curar a la patria de sus males, desde el mal gobierno hasta el terrorismo subversivo, y le predisponían a aceptar cualquier pronunciamiento que garantizara la unidad de los militares. Y en esto llegó el golpe” (p. 398).

Finalmente, en 1923 Miguel Primo de Rivera lideró un golpe de Estado con el beneplácito de la monarquía (y también del nacionalismo conservador catalán, cabe recordar). Se trataba, en cierta manera, de una respuesta a la italiana pero que vinculó a partir de ese instante la suerte del rey con la del dictador. Caído este último en 1929, el descrédito de la Corona, alentado por muchos agraviados y descontentos, generó una suerte de tsunami republicano entre la opinión pública que, en última instancia, llevó al monarca al exilio, abdicando en su hijo don Juan poco antes de su muerte.

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