Para Francisco Marhuenda, el Periodismo tiene dos funciones esenciales. La primera consiste en administrar un derecho que pertenece a los ciudadanos: la información. Y se esfuerza todos los días porque su diario publique noticias contrastadas, al margen de los bulos, los rumores y las patrañas que zarandean hoy a tantos periódicos. Noam Chomsky en El lenguaje y el entendimiento afirma que la calidad del profesional del periodismo se mide por su capacidad para rechazar las fake news.
Además, Francisco Marhuenda atiende con rigor a la segunda función del gran periodismo: el ejercicio del contrapoder, es decir, elogiar al poder cuando el poder acierta, criticar al poder cuando el poder se equivoca, denunciar al poder cunado el poder abusa. Y no sólo al poder político. También al poder económico, al poder universitario, al poder cultural, al poder religioso, al poder deportivo… Marhuenda ejerce el contrapoder desde la independencia y la objetividad. El gran periodista tendrá sin duda defectos como los tenemos todos. Pero el balance entre los errores y los aciertos de su vida profesional resulta abrumadoramente positivo.
Ahora que Francisco Marhuenda cumple quince años como director de La Razón parece lógico recordar los méritos que robustecen su figura. En nuestra profesión predomina la cicatería y el sectarismo al juzgar a los compañeros. He procurado no caer en ese defecto a lo largo de mi dilatada vida profesional y por eso subrayo ahora los merecimientos de este trabajador incansable que es Francisco Marhuenda, de este académico ilustrado, de este prestigiosocatedrático, y sobre todo de este periodista que se encuentra hoy en el pelotón de cabeza del periodismo español.