Al acudir al cara a cara emitido por Atresmedia, probablemente, Pedro Sánchez se había propuesto dar una imagen de moderación, de gran estadista y destacar prolijamente sus muchos éxitos como presidente del Gobierno. Pero la soberbia y los nervios le jugaron una mala pasada y convirtió el debate en una sonora bronca por sus continuas interrupciones a Feijóo, cuando le recriminaba sus muchos errores. Recurrió constantemente a Vox como aliado “obsceno” del PP, pero se revolvió lleno de ira cuando el candidato popular le recordó sus pactos con Bildu y ERC.
En efecto, el debate de los máximos aspirantes a gobernar ante las cámaras de Atresmedia ha sido a cara de perro, sí, pero el líder del PP apareció blindado y hasta displicente y en tono burlesco desmontó los falsos argumentos, sobre todo los económicos, con una frase: “Usted confunde los datos con las opiniones”. El todavía presidente del Gobierno apareció desbordado durante todo el debate, pero se hundió definitivamente cuando Feijóo le propuso un pacto para que gobierne el partido ganador el 23-J y evitar así la intromisión en el próximo Ejecutivo de los partidos extremistas. Fue ése el tiro de gracia del líder del PP, pues el candidato socialista ni siquiera contestó e intentó con sus alaridos que no se escuchara la propuesta. Y, así quedó retratado en su único objetivo que no es otro que repetir un Gobierno Frankenstein si suena la flauta y le salen las cuentas.
Y es que, quedó demostrado en el debate que Bildu y ERC han sido los más fieles aliados de Sánchez durante la legislatura, y así se lo reprochó Feijóo en medio de los aspavientos de Sánchez que quiso negar la evidencia. Intentó sin éxito justificar esos acuerdos, ese intercambio de apoyos parlamentarios que ha desembocado en la trágica ley del “sólo sí es sí”, en el indulto a los que intentaron dar un golpe de Estado en Cataluña o en el acercamiento de los presos más sanguinarios de ETA a las cárceles del País Vasco para entrar por una puerta y salir por la otra.
Como era previsible, el todavía presidente del Gobierno basó su defensa, no sólo en justificar sus mentiras por ser meros “cambios de opinión”. También quiso aparentar ser ajeno a estas siniestras alianzas en nombre de “la soberanía popular” y tuvo la desfachatez de culpar al PP de sus consecuencias: la crispación y división de la sociedad española. Porque todo el empeño de Sánchez se centró en acusar al PP de reaccionario por sus pactos con Vox. Como si los acuerdos de la legislatura con comunistas, proetarras y secesionistas fueran sólo fruto de la democracia parlamentaria, de la soberanía popular, no su tabla de salvación para mantener el poder. Sin embargo, planteó el debate entre un “Gobierno progresista” frente al “involucionista”.
El cara a cara entre Pedro Sánchez y Núñez Feijóo no será decisivo para cambiar el voto de la mayoría de españoles. Sin duda, algo influirá. Pero es evidente que la moderación y el tono pausado del líder del PP vencieron al candidato socialista que se mostró desquiciado y salió hundido. Es probable que Sánchez haya desperdiciado su último cartucho. O, sencillamente, estaba mojado.
La vuelta al bipartidismo aún tardará y, sin duda, ayudará a dejar en la irrelevancia a los extremistas. Pero, como ha quedado evidente en el debate, mientras el líder del PSOE siga al frente de su partido ni habrá pactos de Estado ni posibles acuerdos.El voto útil nunca puede decantarse hacia otro posible Gobierno Frankenstein. Porque es lo más inútil para los intereses de los españoles.