Pedro Sánchez se sentó a la mesa del debate en Antena 3 con un propósito claro y definido: interrumpir a Alberto Núñez Feijóo cuantas veces fuera necesario para impedir que el líder liberal conservador trasladara a la opinión pública los errores, las contradicciones, las patrañas del sanchismo.
Y la verdad es que sustancialmente consiguió su propósito. El espectáculo ofrecido a la opinión pública ha resultado deplorable. Dos políticos que aspiran a presidir el nuevo Gobierno se han pisado las palabras y apenas se han entendido las propuestas que hicieron. De vergüenza ajena.
Sólo quedó una cosa clara sobre la mesa del debate. Alberto Núñez Feijóo propuso, e incluso firmó la propuesta, que el Partido Popular apoyaría al PSOE, si Pedro Sánchez ganase las elecciones el próximo día 23. Y a la recíproca: el PSOE sanchista permitiría gobernar al Partido Popular en el caso de que fuera Alberto Núñez Feijóo quien ganara las elecciones. Esa posición, defendida hace unos días por Felipe González, no prosperó porque Pedro Sánchez está dispuesto a gobernar con la extrema izquierda de Sumar y si necesitara los votos para la investidura con los escaños de los separatistas de ERC y los proetarras de Bildu.
Entre los más sagaces observadores y analistas españoles se anticipaba que Pedro Sánchez ganaría el debate. Objetivamente no ha sido así. Ninguno de los dos contendientes triunfó en el lamentable espectáculo ofrecido a la opinión pública, lo que significa que Alberto Núñez Feijóo ha salido beneficiado del órdago que se jugó sobre la mesa de Antena 3.