Opinión

Bajo la sombra de un bambú

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 12 de julio de 2023

No acostumbro a ver los debates políticos. Me parecen un solemne tostón y una pérdida de tiempo aunque según mis fuentes Feijóo es otro. Por fin se ha bajado del percebe y ahora cabalga a lomos del caballo blanco de Santiago. Es como si la fiesta de la Rapa das Bestas se hubiera celebrado en el plató ante un atónito Pedro Sánchez. Incluso el País ha doblado la cerviz de la realidad ante el épico y nuevo Feijóo. Tampoco veo el festival de Eurovisión porque mi colon irritable despierta pasiones ocultas ante tanta monserga; y además declino en terceras personas que sigan con atención una serie turca que comencé a verla hace ahora un par de meses y según me cuentan se espera su final para el año 2050. En las bodas a las que soy invitado procuro repetir de tarta y mi ascendencia astral es Tauro. Por cierto, sigo odiando las coles de Bruselas.

Estos retazos de mi extraña personalidad no viene a cuento, pero queda bien descubrir al personaje que les escribe cada semana. Sigo con ello. Para combatir la influencia de una canícula tan poco amigable me suelo refugiar bajo la sombra de un bambú para leer a Corin Tellado cuyo estilo se perfiló gracias a la censura de la España franquista, de manera que su obra adquiere una temperatura sentimental altamente refrescante. Otros buscan el bienestar en un atolón de las Maldivas o en Bora Bora, pero es que yo soy muy raro. Comprendo que me estoy exponiendo en demasía ante mis lectores, pero la cosa vacacional es algo que gusta de ser contada a los demás. Tengo amigos que todos los años acostumbran a volar en globo en Capadocia como una de las mejores experiencias de viajar por Turquía. Según dicen sobrevolar un desierto a las 4 de la madrugada es el sueño de muchos viajeros. Se me antoja una hora poco adecuada para ir en globo mientras Corín Tellado me susurra el final de “Lo hice por tu amor” –Es inútil, madrina. Jamás lograré hacerme a la idea de ser la esposa de Rafael Romeral- Un sinvivir romántico, pero me quedé más tranquilo sabedor que Hedy Pimentel tenía las ideas muy claras a esas horas tan impropias mientras otros estarían sobrevolando el páramo turco extasiados de cierto canguelo.

Otro amigo me llama entusiasmado desde Kenia para comentarme que ha presenciado como un cocodrilo se ha comido a un Ñu, en el río Mara. Cosa de lo más normal porque el ñu es un animal muy poco agraciado y además descatalogado de nuestra dieta mediterránea. Una simpleza de la naturaleza del estilo Félix Bolaños. Por eso digo que las emociones vacacionales son una simple cuestión de ilusiones a la medida de cada cual. El mundo animal es envidiable y lo digo con la pesadumbre de pertenecer a la especie humana, la cual ha perdido todo romanticismo a la hora de establecer relaciones personales.

Y hablando de relaciones vengo a citar a mi querido hermano Luismi. Persona cabal el que ha tenido la deferencia de brindarme el toro de la vida con dos palabras que lo dicen todo: -“Te quiero” Por delante un miura astifino que embiste a la salud dejando la saturación en unos mínimos de peligro, pero mi hermano es de la quinta del 46, año en donde Arturo Pomar, el niño prodigio, ganó el torneo de ajedrez de Londres, que además era amigo de la familia. A partir de ahí la España en blanco y negro comenzó a colorearse gracias al tesón de una juventud, como la de mi querido hermano, donde todo lo que se hacía era para enriquecer en conocimientos, lealtad y amistad sobre la base de unas familias luchadoras y honestas.

Es el devoto homenaje que mi hermano merece por grande y porque la salud nos convierte en seres de capital importancia tan auténticos como necesarios. Ese es el fruto de nuestra vida porque somos un equipo.

Me quedo bajo la sombra del bambú mucho más tranquilo. Las cosas de actualidad parecen ir bien, tanto que incluso hemos casado a Tamara y ya está recogida y “apañá” como dicen en mi pueblo.