Frente a las rotundas afirmaciones de Pedro Sánchez sacudiéndose los compromisos con los separatistas de ERC y con los proetarras de Bildu, Gabriel Rufián ha puesto las cosas en su sitio. Pedro Sánchez precisó para la investidura los escaños de ERC. Y pagó por ellos lo que los separatistas le exigieron: el indulto en favor de nueve dirigentes catalanes, condenados en el Tribunal Superior por delitos gravísimos contra la seguridad del Estado y la Constitución.
Pedro Sánchez necesitó para la investidura, y también para la aprobación de algunas leyes, los escaños de ERC. Los independentistas le aplicaran el do ut des, empezando por el indulto. No se trataba de suavizar las cosas en Cataluña. Se trataba de atender lo que Sánchez necesitaba para permanecer en el poder. El presidente del Gobierno cayó de hinojos ante los independentistas y aceptó las indecencias que le propusieron. La cosa no ha podido quedar más clara. Todos sabíamos que era así, pero faltaba la evidencia pública. Gabriel Rufián no ha sentido el menor rubor al exponer ante Patxi López la realidad, a pesar que, en plena campaña electoral, la herida podía conturbar aun Pedro Sánchez genuflexo. El dirigente independentista ha desnudado políticamente al presidente y cada palo que aguante su vela. Si a Bildu le hubiera convenido habría dicho lo mismo y conoceríamos de primera mano las copiosas cantidades de dinero otorgadas a los proetarras y la indecencia de las concesiones, trasladando a los presos etarras a las provincias vascongadas para que allí a los criminales se les trate como a héroes o como a mártires.