Pero las sospechas surgieron cuando Sánchez convocó las elecciones generales en pleno verano, en el día más caluroso del año y con la mayoría de españoles de vacaciones, en medio del puente de Santiago. No parecía ser la fecha más idónea. Todo indicaba que el todavía presidente tenía poco interés en que los electores pudieran votar en las condiciones adecuadas. Y la última polémica se disparó cuando los sindicatos de Correos denunciaron que el amigo y colega de Pedro Sánchez, Juan Manuel Serrano, el presidente de la Institución, no había reforzado la plantilla ante el esperado aluvión de votos por correo que se iba a producir. A día de hoy, más de un millón de electores que lo han solicitado todavía no han recibido la papeleta para poder ejercer su derecho. El colapso en las oficinas afecta a media España y todo apunta a que muchos de ellos se quedarán con las ganas de participar en la “derogación del sanchismo”. Para atajar las acusaciones del PSOE de “trumpista”, Núñez Feijóo aclaró que “aquí nadie ha hablado de pucherazo, son los propios sindicatos los que han alertado del caos en el voto por correo”. Sí, el caos que se ha producido, en el mejor de los casos, por la ineptitud del presidente.
En efecto, hay que esperar que no se produzca un pucherazo a la bolivariana. Hay que esperar que los controles de las sacas de Correos garanticen que nadie va a alterar su contenido. Hay que esperar que se cumpla rigurosamente con la afirmación de que el sistema electoral español es seguro y garantista. Hay que esperar, en fin, que no haya pucherazo. Aunque, sin duda, lo parece.