Los Lunes de El Imparcial

Petros Márkaris: La conjura de los suicidas

Novela

Domingo 16 de julio de 2023

Traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu. Tusquets. Barcelona, 2023. 288 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Soledad Garaizábal



El de Dimoscenis Begleris, que vivía en Egaleo, fue el primero de los suicidios. A los pocos días, Vlasis Kortidis, que tenía noventa y tres años, salió al balcón de su casa en Peristeri y se tiró desde el cuarto piso. Había dejado una carta en la que explicaba algunas de las razones que le llevaron a tomar esa decisión; “En mis tiempos las protestas habrían inundado las calles. Ahora nadie rechista. Agachan la cabeza y lloran su mala suerte. ¡Salid a protestar, idiotas! ¡No os queda otra!”.

Días después, en esos complicadísimos meses del año 2021 pospandemia, el profesor de matemáticas jubilado Meletis Roda, de noventa y cinco años, se suicida cortándose el cuello con una cuchilla de afeitar. “No soporto el tormento diario de ver a aquellos que parlotean sin parar en la tele y a aquellos otros que agachan la cabeza y se resignan. […]. Despertad y luchad. La paciencia no solo certifica la pobreza, sino también la derrota. No aceptéis que os destruyan los acomodados que no pierden nada mientras vosotros lo perdéis todo”, fueron algunas de sus últimas palabras, una arenga dirigida a la población sumisa en general, una soflama incendiaria que llama a la acción y vierte combustible en las redes, después de que el propio muerto lo subiera a su cuenta de Facebook y se hiciese viral.

Los tres ancianos acaban sus cartas de despedida con el mismo grito, “¡Viva la conjura de los suicidas!”, una mecha que prende la llama en una sociedad al borde de la rebelión, extenuada de aislamiento y confinamiento, arruinada, recortada en sus derechos y libertades, amenazada. En las calles comienza a congregarse gente dispuesta a hacer frente a la autoridad y a las restricciones. Arrecian las protestas. Además de los viejos suicidas y de toda la ideología que representan, surgen otros grupos rebeldes, como los autodenominados “luchadores del 2021”. “Si quieres ver en directo un choque frontal entre la conjura de los suicidas y los conspiranoicos, tendrás que desviarte hacia la plaza Síntagma”.

Este es el ambiente en Atenas en 2021, escenario en el que el traductor, dramaturgo, guionista y narrador Petros Márkaris (Estambul, 1937), vuelve a situar la acción del último caso resuelto por el comisario Kostas Jaritos, protagonista desde 1995 de sus novelas policiacas, que le han hecho merecedor de galardones como el Pepe Carvalho 2012, el Premio Negra y Criminal 2011 o el Point du Polar Européen 2013, entre otros.

El comisario Jaritos se ha convertido ya en un modelo mediterráneo de detective del siglo XXI. Le hemos visto crecer a través de las novelas Noticias de la noche, Defensa cerrada, Suicidio perfecto, El accionista mayoritario, Muerte en Estambul y la exitosa Trilogía de la Crisis —compuesta por Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan, educación, libertad—, a la que le siguen Hasta aquí hemos llegado, Offshore, Universidad para asesinos, La hora de los hipócritas y Ética para inversores, todas ellas publicadas por la editorial Tusquets.

Márkaris aprovecha el tirón de la novela negra para cultivar una literatura que se sitúa a medio camino entre lo social, lo político y lo testimonial. Sus novelas están muy pegadas al tiempo en el que le ha tocado vivir. Sus personajes representan diferentes puntos de vista y reacciones frente a los problemas contemporáneos. Siempre desde el ángulo de los menos favorecidos del sistema, batallador, inconformista, socialmente implicado, Márkaris nos plantea un crimen por resolver, sí, pero por detrás, su intención principal, es contar lo que se está viviendo a pie de calle, dejar que sus personajes expresen sin censuras el sentir de la población.

Cuando leemos La conjura de los suicidas, inevitablemente, volvemos a aquellas tensiones de la odisea del 2021, a los enfrentamientos entre vacunados y antivacunas, a la inmunidad del rebaño, la mansedumbre del rebaño, el ahogo de la soledad confinada, el dictado de los virólogos, y el peliagudo y eterno debate entre libertad individual y autoridad.

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