Opinión

La guerra y la historia

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Domingo 16 de julio de 2023

Carl Von Clausewitz, teórico de la técnica de la guerra, nos dejó claro que, para él y otros como él, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Quería decir que las naciones, los gobernantes, recurrían a la fuerza cuando no lograban alcanzar sus objetivos, fueran legítimos o no, por “su” razón. Y se me hace que lo veia con naturalidad.

Sin duda, el amigo Carl fue uno de esos militares, del siglo XIX, que vemos en Ana Karenina y Guerra y paz, regando de testosterona los salones de la burguesía y “trabajando” su carrera y su posición social a base de ascensos y “braguetazos”.

De esos que, entrelazados con los políticos, recurrían a los “otros medios” para hacer alarde de su genio militar y conseguir ascensos, encontrando, en los vecinos de frontera, “colegas” dispuestos a lo mismo.

Los mozos que mandaban al frente a degollarse y sacarse las tripas, eran para ellos piezas de un macabro ajedrez con las que podían demostrar su “genio” o su valía para el ascenso militar y social.

El motivo, la causa, era fácil de encontrar. Uno de los mas socorridos, a lo largo de la historia, ha sido la ambición territorial, disfrazada de entelequias doctrinales, patrioticas o religiosas. Y otro la expansión de ideas incompatibles con las del contrario.

Y en el fondo y como denominador común de todas las motivaciones, ese instinto agresivo que subyace en el ser humano calificado, demasiado prematuramente, de racional.

Es curioso ver, en documentales sobre chimpancés, nuestros parientes demasiado próximos, como, de una aparente paz, surge periodicamente y sin motivo aparente, una algarabía de agresiones, de todos contra todos, motivadas por la jerarquía, la posesión de la hembra, el territorio o el alimento. Hay un inquietante parecido con la convivencia entre naciones que, periodicamente, parecen necesitar la guerra y se agreden, unas a otras, por parecidas razones.

La agresión individual o la guerra colectiva, consisten en anteponer otros valores al de la conservación de la vida, de la propia existencia. No me refiero, aquí, a la actitud de defensa, ante alguien que viene a quitárnosla, sino a la organización premeditada de un enfrentamiento motivado por la excusa de que el adversario nos priva de “nuestros derechos”.

En la defensa de esos “derechos”, los dirigentes que se sienten vejados, han echado y echan, a los campos de batalla, que ahora son todos, las vidas y haciendas de sus pueblos, no las suyas, sometiéndolas a crueldades y miserias infinitas.

Tras tantos siglos de atrocidades, quizá, lo que llamamos Historia, debería servir para señalar y condenar a los malvados y distinguirlos de los otros muchos que han dedicado sus vidas a mejorar las de los demás. Pero no. La Historia, increiblemente, consiste en el relato y ALABANZA de las “hazañas“ de todos esos asesinos en serie que levantaron, continuamente, ejércitos para “despachurrarlos” en honor de sus biografías.

Y se alaba el genio militar de unos, las guerras de conquista de otros, los Imperios por aquí y las colonizaciones por allá. Y se está al tanto de las hazañas de asesinos en serie como Napoleón, Alejandro, Atila, Cesar, Hitler, Stalin y muchos etcéteras, mientras se ignora todo, hasta el nombre, de descubridores, científicos, inventores y técnicos que han aliviado, con sus hallazgos y remedios, el difícil camino de este pobre ser humano.

Ahora mismo, esa calaña destructiva, va avanzando, paso a paso a posiciones, de un antagonismo tal, que pueden hacer inevitable otra guerra mundial.

Y ni siquiera se detendrán ante el peligro de destrucción total. Acordaos que, el primer ensayo de la bomba atómica, se llevó a cabo a pesar de que sus creadores consideraban, en sus cálculos, que había una posibilidad de que esto ocurriera, por el incendio de la atmósfera causada por la explosión.