Cultura

Crónica taurina en Las Ventas: tres toreros que superan a las figuras

(Foto: EFE).

TAUROMAQUIA

Inés Montano | Lunes 17 de julio de 2023

La confirmación de José Fernando Molina resultó una gran tarde de toreros. Por lo que han demostrado en el ruedo, los diestros tienen más cuajo que los acartelados repetidas veces en San Isidro. Si los carteles de las ferias importantes se quedan en los asuntos de despachos, además, si siguen cerrando los carteles en enero, poca tauromaquia nos quedará en el ruedo. Los pupilos de Robert Margé, astifinos a más no poder, resultaron mansos de mucho poder y bastante mal genio, todos cinqueños excepto el tercero. El comportamiento de salida, en general, abanto, distraído o resueltamente suelto. Los tercios de banderillas bien complicados: los morlacos acortaban las distancias o quedaban a la espera. Siendo así, el ganado ganó mucho con la actuación de los tres espadas que se entregaron y se llevaron varios golpes y cornadas en el caso de Francisco José Espada. Los tres diestros realizaron las faenas sin probaturas, ni ajustes, ni perdidas de tiempo: clavaron las zapatillas en la arena y se pasaron la muerte por cintura. Gran tarde de toreros. ¿Quién de los “grandes” se atreve a acartelarse con uno de ellos?

José Fernando Molina confirmó con Lelee (1º). Borja Jiménez hizo un elegante quite por chicuelinas y Molina respondió por el mismo palo, pero ajustándose todavía más y cerrando con una revolera. Molina comenzó por el pitón izquierdo, supuestamente el mejor, al rematar la segunda tanda recibió un pitonazo. Con la mano derecha dio magníficas series embraguetando al marrajo que andaba cabeceando hasta desfondarse. Con la espada llegó la hora de verdad: poca experiencia, no por falta de ganas, resultó peligrosísima ya que en uno de los intentos el astado le saca el corbatín. Dos avisos. Mistral (6º) astilló las tablas. Molina le embarcó con el capote y Borja hizo arte abrochando un quite por delantales con una media. José Fernando Molina lo citó en el medio del ruedo pasándoselo por la espalda. Escalofriante. El toro sin entrega, sin humillar, sin emoción fue trasformado en un toro casi bueno por acertadas y templadas tandas del diestro. El torero lo llevaba ajustando los terrenos para aprovechar el pitón izquierdo, dibujando muletazos impecables. La estocada entera al tercer intento. Sonó un aviso absurdo al caer el toro.

Esta temporada parece de Borja Jiménez; le hace faena a todos los toros. Esta tarde hubo dos de muchos quilates. Velázquez (2º), un torete de cuidado, fue envuelto en los vuelos de la muleta y tuvo que tragar y espabilarse. El toro mira con morriña a las tablas, pero Borja Jiménez se impone en su camino: convierte al burel rajado en un toro lidiable. Aprovecha sus inercias y querencias para rematar una faena redonda llena de pases superiores por su ejecución. El manso no se deja cuadrar y se tapa en la suerte suprema. Jiménez, después de pinchar, pone una estocada en todo lo alto. Un aviso. Sesanne(4º) fue brindado a Dwight Howard, un crack de baloncesto estadounidense. Al acertar con el brindis, Borja Jiménez no pudo fallar en su terreno: el toreo por lo bajo con doblones, flexionados rodilla en tierra y trincherazos para amoldar la mala cabeza de su contrario.Así sacó lo mejor del astado: las series largas rematadas con unos pases de pecho con entrega y fondo impresionante. Una de las tandas comenzada a distancia acabó en pases redondos y ceñidos. Al natural, el morlaco empieza a gazapear y se rinde. Arriesgadas manoletinas y estocada entera y tirando a baja. Un aviso. Merecida vuelta al ruedo.

Francisco José Espada lidió al único cuatreño de nombre Vangogh (3º). No por menos años, era menos manso. La lidia de este toro en las banderillas resultó excelente. El comienzo pasándose al bicho incierto por la espalda fue escalofriante. La solidez del diestro, la absoluta ausencia de aspavientos achicaba los riesgos a que se exponía. Todo lo contrario a un tremendismo frente a las “malvas”, tan de moda actualmente. La mano baja, la cintura acompañándola para alargar los pases y convertirlos en un cartel. Las manoletinas de perfil y una estocada contraria por ejecutar la suerte con mucha verdad. Un aviso. Petición de un trofeo no atendida.

Picasso (5º) lució la cornamenta, mas el comportamiento fue igual a sus hermanos. La faena firme, con ligazón y estética por ambos pitones del bicronio. Convirtiéndose el torero en el eje de cada serie. El toro no aguantaba más de tres pases e iba maliciándose: Espada se salvó en un arriesgado pase cambiado, pero cayó herido al rendir tributo a las modas: las bernardinas de cierre. Fue corneado y volteado con violencia. Borja Jiménez tumba al astado.

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