crítica cine
Sábado 25 de octubre de 2008
Son fundamentalmente dos los elementos que caracterizan esta cinta de producción española estrenada este fin de semana. El primero es, sin duda, la localización de la acción, que transcurre a bordo del mítico tren transiberiano que une Pekín y Moscú, mientras atraviesa desolados paisajes cubiertos de nieve. De esta forma, a la intriga y al miedo se suman con eficacia la angustia y la claustrofobia de una excelente puesta en escena. En segundo lugar, una buena y profunda descripción de los personajes, realizada sin demasiadas explicaciones, pero que llega claramente, de modo que el espectador puede intuir cómo reaccionará cada uno de ellos en los momentos clave, dentro de su propio viaje interior.
El punto de partida del largometraje es el viaje de dos turistas norteamericanos (Woody Harrelson y Emily Mortimer) perdidos en medio de una sociedad europea con una larga historia y llena de extraños códigos de honor y de conducta, que ellos desconocen. Durante el viaje en el tren conocen a otra pareja, la formada por el español Eduardo Noriega y la joven actriz Kate Mara, con la que empiezan a intimar, a pesar de las notables diferencias entre ellos.
Un hecho inesperado hará que se vean mezclados en asuntos de drogas, e incluso un asesinato, lo que les llevará a tener que tratar con el personaje de Ben Kingsley, un extraño y oscuro policía afectado personalmente por la muerte de su hijo y por la caída de la Unión Soviética. La interpretación de Kingsley, este veterano actor que acaba de cumplir 64 años, 40 de los cuales han transcurrido en el cine y el teatro, es, como nos tiene acostumbrados, de gran calidad, y nos ofrece un papel de villano que se justifica, no obstante, por el sufrimiento y la ira provocados por su pérdida. Sin duda, el mejor de todo el cast formado por actores británicos, franceses, norteamericanos y un español, Noriega, que cada vez tiene mayor proyección internacional.
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