Al escandaloso desconcierto de Correos, gestionado por un íntimo de Pedro Sánchez, se une ahora la incertidumbre del voto de los españoles residentes en el extranjero, más de un millón. Antes era un voto rogado y controlado. Ahora se ha convertido en un voto no rogado y sin controlar. Difícil augurar nada razonable ante tanto despropósito.
Hay una cosa clara, sin embargo. Si Pedro Sánchez fuera derrotado de forma contundente no podría continuar como secretario general del PSOE. Tendría que buscar acomodo bien en un cargo europeo, bien en un puesto internacional, bien haciendo funcionar las puertas giratorias de alguna empresa pública poderosa.
Los colaboradores de Pedro Sánchez creen que el presidente del Gobierno no se merece el hundimiento personal. Piensan que el naufragio sanchista debe quedar solucionado con un cargo de relieve y bien retribuido. Y tal vez no les falta razón. En la mayor parte de las naciones, la estabilidad política se consolida buscando un reposo adecuado para el guerrero derrotado. Algunos partidarios de Pedro Sánchez piensan que el presidente puede dar la sorpresa y salir vencedor de las zarandeadas urnas del próximo domingo. Y si no fuera así, opinan que el nuevo presidente del Gobierno no debe hacer leña del árbol caído sino facilitarle una salida digna.