Luis María ANSON | Sábado 25 de octubre de 2008
Es lo que antes llamaban la balanza comercial. El desnivel entre lo que importamos y lo que exportamos se cifra ya en 1’6 billones de euros, el doble de lo que atosigaba a Aznar. Ciertamente el turismo equilibra la balanza de pagos. Pero el previsible deterioro turístico puede dejar a España con todas las vergüenzas al aire.
Sólo los intereses de la deuda exterior se elevan a 85.000 millones de euros, lo que duplica la factura anual de importación de petróleo. No podemos continuar así. O los sindicatos se dan cuenta de que es necesario aumentar la productividad o la falta de competitividad exterior cuarteará definitivamente una economía como la nuestra que se equilibra sólo gracias a la partida del turismo.
Todos estamos de acuerdo con los derechos laborales. Son conquistas de la justicia social. Pero los derechos van unidos a los deberes. Y la picaresca, la trapisondería, los puentes, las enfermedades sin control, las bajas inventadas, la mandanga en el trabajo, los innumerables sindicalistas liberados, los pretextos interminables, han bajado nuestro índice de productividad a tal punto que cada día nos resulta más difícil vender en el extranjero lo que aquí fabricamos.
Los Presupuestos Generales del Estado, en fin, atienden más al subsidio y a la subvención que al incentivo del empleo y a la productividad. Nos acercamos cada vez más al socialismo real, que es la ruina. Al margen de la crisis económica internacional, es necesario enfrentarnos con los males que nos son propios: la deuda exterior, la balanza comercial, los índices de productividad. Si no transitamos esos caminos, el horizonte español no se despejará.
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