Cánovas del Castillo, ante la grave crisis de Estado que suponía la inminente muerte del joven Rey Alfonso XII, se dio cuenta de que era necesario llegar a un acuerdo con el partido de la oposición gestionado por Práxedes Mateo Sagasta. Los líderes de ambos partidos, Conservador y Liberal, se reunieron el 24 de noviembre de 1885 en los jardines del palacio de El Pardo y más tarde en el edificio de la presidencia del Gobierno. José Varela Ortega ha estudiado lúcidamente aquella situación sobre la que se han extendido muchas dudas y veladuras.
El hecho es que Cánovas y Sagasta se pusieron de acuerdo para deponer las armas parlamentarias, estableciendo por un periodo sin especificar, que se prolongó hasta 1909, la pacífica alternancia en el poder de los dos grandes partidos. Se evitaban así los extremismos a derecha e izquierda: el de los carlistas y el de cierto sector del republicanismo. Menéndez Pelayo escribió a Juan Varela sobre la tensión que vivió España y son incontables los autores o historiadores que analizan este periodo y la colaboración acordada por Cánovas y Sagasta. Éste último, por cierto, además de ingeniero de Caminos, fue destacado masón, grado 33 y maestre del Gran Oriente de España.
Los sectores más responsables del Partido Liberal y del Partido Conservador respaldaron a sus líderes y la fórmula encontrada, propuesta y aprobada, resultó altamente beneficiosa para España. Cánovas y Sagasta superaron los intereses de partido para atender al interés general, al bien común del pueblo español.
Ha transcurrido casi siglo y medio de aquella operación política que se mantiene viva en una parte de la conciencia colectiva del pueblo español porque casi siempre resulta más positivo para todos el entendimiento que el egoísmo personal o partidista. La tentación cainita de los españoles nos condujo a tres guerras civiles en el siglo XIX y a otra más, demoledora, en el siglo XX. Lo razonable es apoyar la moderación, el diálogo y el acuerdo. Es eso lo que hicieron Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta, superando las naturales discrepancias ideológicas. Tal vez no sea una mala idea recordar ahora aquel Pacto de Estado, superador de una situación extremadamente crítica y difícil. José Varela Ortega destaca el miedo crispado que invadió a la sociedad española y la generosidad y la habilidad con que dos políticos de envergadura supieron superarlo.