Opinión

La operación Feijóo ha fracasado

TRIBUNA

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 28 de julio de 2023

El mismo día en que Pablo Casado fue elegido por la mayoría de los compromisarios del PP en el XIX Congreso Nacional Extraordinario, en unas elecciones democráticas y transparentes que nunca antes existieron ni se han vuelto a repetir en nuestra partitocracia, en el Hotel Marriott Auditorium de Madrid, el día 21 de julio de 2018, ese mismo día se reunieron algunas vacas sagradas del Partido junto a representantes de los periódicos tradicionales de la derecha, para pergeñar un plan operacional que terminase mediante un golpe interno con el presidente del partido más importante de la derecha recién elegido.

A aquellas vacas sagradas, algunas con las piernas hundidas todavía en el barro de la corrupción que el nuevo presidente quería limpiar y que la fiscalía y los jueces estaban investigando con muchas presiones, y a los CEO de los medios de comunicación que representaban los grandes lobbies, les parecía una estúpida impertinencia que algo tan serio y transcendental como la elección de un sucesor de Rajoy les fuera encomendado a las bases del Partido, que hacen las cosas, claro, con el corazón y no con la cabeza.

La democracia debería mantenerse en el PP como un adorno para juegos florales y cosas así, pero no para elegir al líder de un gran partido político, cosa tan seria que merece sólo la atención de las más aristocráticas cabezas. Aquellas vacas temían perder su balcón privilegiado y su poder de acción lucrativa en el nuevo partido liderado por aquel joven idealista, y lo vieron en seguida como un peligro a sus intereses políticos y económicos. Pero, además, estaban los intereses de fuera, los de la agenda globalista, contra los que lanzaba Casado duros dicterios muy bien argumentados culturalmente. El globalismo europeo no podía permitir tampoco que un partido de gobierno como era el PP no siguiese al pie de la letra sus consignas catequéticas. Para eso estaba el egregio pornógrafo Esteban González Pons, para impedirlo metiendo palos en las ruedas del aparato exterior del partido desde el primer momento.

Feijóo estaba tenso y muy serio en aquel Congreso hablando preocupado con Arias Cañete. Una leyenda urbana decía que no se había podido presentar al Congreso como candidato, porque Soraya, a la que nuestro tan democráticamente controlado CNI le informaba de todo, podía revelar a los medios de izquierda información sensible sobre Feijóo, y ese chantaje tácito bloqueó la ambición del gallego. Les preocupaba la transparencia y la limpieza con que quería actuar Casado, sus contundentes protocolos de anticorrupción, el abandono de la sede nacional, refugio de ladrones, que había servido para lavar grandes sumas de dinero y defraudar a Hacienda.

Casado buscaba otro sitio como asilo de la libertad y la decencia. Les preocupaba su dominio del discurso político, que objetivamente era impecable, tanto de forma como de fondo, y que por ahí no le podían desvalorar. Así que se inició en aquel mismo día la “Operación Feijóo” para defenestrar con todo tipo de acciones nefarias a aquel joven memorioso recién llegado a la presidencia del partido, inteligente, pero no “listo”, y que sólo estaba cargado de buenas intenciones. El que el último paso de la Operación se sustanciase con las desavenencias de Pablo Casado con Isabel Díaz Ayuso, fue una mera casualidad, un mero álibi del que no fue consciente la propia Ayuso, a la que se usó como excusa para la decapitación de su antiguo amigo. Pero que ni la propia Ayuso fue el verdugo, como mucho el hacha, la herramienta, porque la Operación venía del día en que Casado fue nombrado Presidente Nacional del Partido Popular en contra de los intereses de los afiliados VIP del Partido.

Todos los errores que cometió Pablo fue fiarse de las vacas sagradas de colmillo retorcido, que lo odiaban cordialmente, no reconocer su profundo odio vestido de adulación y no basar su poder en quienes lo habían aupado a la presidencia. Error e inocencia de juventud es intentar hacer amigos a los malvados enemigos de uno. Los responsables de los medios de comunicación implicados en la operación, fieras en figura humana, fueron de una brutalidad salvaje para conseguir el objetivo, traspasando todos los límites del mínimo decoro que sus modales tradicionales exigían. Calumnias y calumnias como trágulas y chuzos de punta. Se despendolaron como cazadores de cabelleras del Far West con las más insidiosas maquinaciones. Ni ngún líder político español, ni Puigdemont, ni el mismo Otegui y sus amigos, antiguos sicarios de ETA, han sufrido un linchamiento tan atroz, inhumano y sangriento como el que perpetraron los antiguos rotativos monárquicos contra el demócrata de derechas y monárquico hasta las cachas, Pablo Casado.

Algo muy grande y ominoso se tenía que estar jugando en la partida, bien para ser ocultado, bien para poder perpetrarse sin el estorbo de Pablo Casado, que pronunció en Valencia el mejor discurso político en lo que va de siglo XXI en España. Pero Casado sí había podido haber ganado las elecciones del 23 de julio con un Programa Político con sabor a PP, sin tener que haber demonizado a Vox, con la que ya había establecido sus diferencias en una desagradable moción al Gobierno, con argumentos más personales y emocionales (vosotros nacisteis en nuestra casa) que políticos (porque Vox es una corriente del PP).

Pero resulta que las gentes ñoñas de Verano Azul tienen la dentadura carnívora y afilada de un tiburón, y los afiliados de alma más sensible y humana se sintieron aterrados ante tan nefando y despiadado trato con un compañero presidente de partido, que tuvo que ser protegido por la policía ante las mesnadas de “demócratas” que se lanzaron contra Génova con un odio obsidional, y los más humanos decidieron no volver a votar a un Partido capaz de perpetrar tamaña crueldad.

Si eran capaces de linchar así a un dirigente con el que hablaban todos los días, ¿qué no serían capaces de hacer con el desconocido pueblo español? Hoy los dioses superiores, que todo lo dominan, han castigado a Feijóo, como otra vez castigaron a Edipo por los repugnantes crímenes de su padre Layo. Pablo Casado es el Crisipo mítico y conciencia culpable del PP. Es la ley de la justicia divina, la teodicea, que antes o después no permite que desequilibre el universo una mala acción sin el contrapeso de un castigo.

Los dioses garantizan, según Pitágoras, la constante armonía del mundo, la música del mundo. A Pablo Casado, que le faltaba edad y le sobraba integridad, y no estaba versado en las sutilezas de los rumores venenosos, las apologías ambivalentes, y las adulaciones extremas y patéticas, no se le dejó purgar el Partido que había incluso convertido su sede en una herramienta de financiación ilegal, y mientras no haya purgador limpio los dioses no permitirán que el PP vuelva al gobierno de España. O tempora, o mores!