Susana Alcelay ha publicado en ABC un demoledor informe sobre la productividad en España. Estamos a la cola de Europa. Mientras Irlanda se alza con el 31,2 en la productividad por hora, nuestra nación cae al -1,9. Bulgaria está en el 10,3; Hungría, en el 7,9; Portugal en el 6,4; Suecia en el 5,6; Bélgica en el 4,2; Noruega, en el 3,3. España se encuentra instalada en el furgón de cola. El rendimiento por hora trabajada es un dato clave para medir el progreso económico de un país. La acumulación de derechos sobre el trabajador, ausentes los correspondientes deberes, nos han conducido a esta situación alarmante.
En los últimos 16 años el rendimiento por hora trabajada ha sido un 85% del valor en la UE. Y que nadie se engañe. Con la productividad desplomada resulta muy difícil competir. Nuestra situación en los mercados internacionales se fragiliza. Y el PIB español por habitante ha crecido un 5,4% en cuatro años, el más bajo de Europa, mientras la deuda pública española se ha disparado con Sánchez y está a punto de sobrepasar el billón y medio de euros.
Los equipos del presidente del Gobierno aburren a los españoles esgrimiendo cifras macroeconómicas cuando la realidad de la microeconomía agobia a las ciudadanas y a los ciudadanos españoles. O España se desembaraza de esa carga de falta de productividad o el futuro se ensombrecerá cada año un poco más. Susana Alcelay en su objetivo y documentado informe concluye citando a Aranda: “Todo provoca que nuestro contexto impida crecer a las empresas”.
Y si las empresas se fragilizan, se mantendrá en gran parte el paro en cifras agobiantes y se resquebrará la entera economía española. Las ayudas europeas pueden contribuir a aliviar la situación que no se modificará de fondo si el tejido productivo continua como hasta ahora e incluso empeora porque hay un partido que pretende reducir el trabajo semanal a 32 horas.