Pedro Sánchez ha comenzado a torpedear las pretensiones de Alberto Núñez Feijóo de presentarse a la investidura. Con soberbia y mala educación, como es habitual en él. Es verdad, que el líder del PP no tiene la menor posibilidad de alcanzar la Presidencia del Gobierno. Pero quiere aprovechar el debate en el Congreso para reivindicar su victoria electoral, bajar los humos a la izquierda y poner en evidencia los golpes a la Constitución que deberá asestar el futuro presidente para lograr los apoyos de Puigdemont y compañía. Pero desde su hamaca frente al Atlántico, que no piensa abandonar hasta mediados de agosto, Sánchez ya se siente ganador de las elecciones, se burla de las intenciones de Feijóo y anuncia que impedirá que suba a la tribuna de oradores del Hemiciclo. No quiere ni admitir la victoria de su rival.
Se avecina, pues, una legislatura más bronca si cabe que la anterior. El presidente demuestra con sus insultantes mensajes, que va a rechazar el menor acercamiento al PP. Que su objetivo sigue siendo aniquilar a su adversario con su Ejército mediático y su “mayoría social” de separatistas y demás calaña. Pero, como decíamos, para ello necesitará arramblar con la Constitución si quiere complacer a sus futuros socios, pues ninguna de las exigencias de Junts, ERC y Bildu es compatible con la letra y el espíritu de la Carta Magna. Ello no supondría un problema para el futuro Gobierno, pues ya concedió una amnistía encubierta a los condenados por el golpe de Estado con los indultos y la reforma del delito de malversación. Pero ahora se encuentra con un obstáculo que se antoja insalvable. Y es que el PP tiene mayoría absoluta en el Senado, que apenas le valdrá para retrasar la aprobación de algunas leyes y de los Presupuestos Generales del Estado, pero sí para defender la Constitución. Porque cualquier modificación requiere el apoyo de la Cámara Alta. La reivindicación de Puigdemont, por ejemplo, de celebrar un referéndum de autodeterminación sería vetada por el Senado. Aunque tampoco hay que descartar que Sánchez y sus siniestros socios lo pongan en marcha con alguna pirueta semántica. Pero, en ese caso, el nuevo presidente podría cometer un delito, aunque Conde Pumpido ya se encargaría de “absolverlo”. Es probable que las mayores broncas de la legislatura se produzcan en el Senado. Y ahí manda el PP. Hay que esperar que, al menos, pueda frenar los golpes a la Constitución con su mayoría absoluta.