Opinión

Bruselas y el papel higiénico

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 02 de agosto de 2023

Cuando el sol viene de nalgas no hay sombra que atempere la flama. Es una llamarada tan cruel como innecesaria. Es sabido que la criatura solar se acerca a nosotros más de la cuenta enseñándonos lo que se cuece en los fogones del averno. Desconozco si a Pedro Botero le dieron la estrella Michelín por sus famosas calderetas, pero maldita la gracia de las condenaciones eternas y demás recetas a fuego lento.

Aunque éste sería un tema recurrente hoy me inclino por una cuestión de menor temperatura pero no por ello menos incómodo. Ya sé que a la capital belga le quitas La Grand Place y el Manneken Pis y se queda en nada, ni siquiera los mejillones, que son una birria. Se salvan Alejandro y Conchi, primos de Marisa que son españoles de bien y grandes profesionales al servicio de la Unión Europea.

Sobre el asunto del papel higiénico, artículo tan de primera necesidad por aquél irrefrenable deseo de acaparar rollos de doble capa y suave textura que hizo saltar las alarmas en una economía de mercado como la nuestra, les recuerdo que sigue siendo un misterio. Ya saben, me refiero a cuando los impulsores de la pandemia aconsejaron llenar despensas. Desconozco quien fue el promotor, tal vez un mal entendido al creer que nos llegaba un global desarreglo intestinal en vez de un virus irracional. Como antes dije, extraño fenómeno hasta que algún día el CSIC desclasifique el expediente.

Vuelvo a Bruselas. Dentro de lo que por allí denominan proyectos de economía circular ahora nos están preparando el papel higiénico de paja. El último invento subvencionado que la UE quiere que usemos. A mí no me importa porque yo procedo de la época del papel de estraza e incluso de recortes del diario Pueblo, periódico Ya e incluso algo del ABC. Eran otros tiempos en donde la economía doméstica conseguía la doble textura en diferente versión: la higiénica y la periodística. Confieso que he sobrevivido y además que la parte más septentrional de mi universo anatómico carece de antecedentes traumáticos.

El monóculo que viene de serie, instalado en la zona más sombría del cuerpo humano, no es otra cosa que la salvaguarda de los intereses públicos y privados. Es lugar de encuentros consigo mismo y allá cada cual con sus licencias y favores, pero no por ello ha de ser desatendido en mimos y cuidados. Cabe suponer que la Agenda 2030 habrá tenido en cuenta las diferentes sensibilidades, no en vano se hace necesario recordar el ímprobo trabajo desarrollado por Joseph Gayetti cuando en 1857 consiguió inventar el papel higiénico. Al parecer este innovador de Massachussets padecía de hemorroides y la rusticidad de los pergaminos de entonces producía dolor. Por ello, puso todo su ingenio en crear el denominado “papel medicado Gayetty” Todo un acierto.

Supongo que Bruselas hará las pertinentes pruebas antes de lanzar al mercado la mencionada novedad. No seré yo quien forme parte del voluntariado para la puesta a punto del papel paja. Primero porque mi “óculo sacrum” no está en el mercado y segundo porque me suena mal el invento. De un tiempo a esta parte las tribulaciones de la Unión Europea son causa de poca fiabilidad. El problema de la UE es que sigue habiendo 27 pueblos y 27 democracias nacionales, es decir, que los europeos no pensamos como europeos sino que seguimos pensando de forma nacional. Esto avala mi teoría respecto del nuevo papel higiénico paja porque somos parecidos pero no iguales. No soy antropólogo pero creo que la evolución del homo sapiens no ha sido igual para unos que para otros y teniendo en cuenta esta apreciación cada persona con su tafanario, posaderas o rabeles, es libre de elegir el elemento limpiador que mejor se adapte a su fisonomía, costumbre o sus circunstancias.

Los argumentos pueden servir para reducir las emisiones de CO2 de cara al 2030, y está bien, pero dudo que el papel higiénico paja nos libre de la flama existencial. Europa nos está invadiendo hasta nuestro sanctasanctórum y eso son palabras mayores; así pues, ¿qué más le puede faltar a la especie humana para salir airosa de esta movida? Tengo entendido que Japón no tiene petróleo, tampoco hierro, ni aluminio; nada de oro ni ríos caudalosos y resulta que en el reparto de bienes sólo le tocó disciplina, obediencia, cerebro y moralidad. Lo digo por si acaso doña Ursula von der Leyen acostumbra a leerme los miércoles.