Siempre ha sido así. Los partidos de los que depende la instalación en el poder ejecutivo de la agrupación mayoritaria exigen el oro y el moro. Es un juego de máximos. Las rebajas se producen durante la negociación. El caso más espectacular de la democracia española fue el de Rodríguez Sahagún. El político suarista apenas alcanzaba la tercera parte de los concejales que apoyaron a Álvarez del Manzano. Sahagún jugó el órdago y exigió la alcaldía. Era minoritario, muy minoritario, pero sin él Álvarez del Manzano no alcanzaba la mayoría. Los intereses nacionales se impusieron. Álvarez del Manzano, que fue un gran alcalde, sintió el agobio de una presión incesante y el resultado fue que Agustín Rodríguez Sahagún, con su diminuta minoría, se convirtió en alcalde de Madrid.
Tanto el prófugo expresidente Carlos Puigdemont como el presidente Ortuzar han pedido la luna máxima. Durante la negociación se producirán las rebajas. Feijóo no puede negociar con Junts, a pesar de la afinidad ideológica, porque Puigdemont pretende trocear España. A Pedro Sánchez no le importan las exigencias del secesionismo catalán. Lo necesita para permanecer en el poder y cederá todo lo que sea necesario para conseguir su propósito, aunque se descalabre España. Aun tratándose de un partido de centro derecha, Feijóo queda al margen de Junts por el separatismo explícito del partido, que no está dispuesto a aceptar la Constitución. Aparte de la negociación con el sector socialdemócrata del PSOE, a Alberto Núñez Feijóo no le queda otro remedio que intentarlo una vez más con el PNV y superar los compromisos peneuvistas con el PSOE sanchista.
Dejando aparte sus reivindicaciones históricas, el gran problema con el que se enfrenta el PNV se centra en las elecciones autonómicas, que están ya muy próximas. Después de 40 años de victorias continuadas, el PNV ve amenazada su soberanía por Bildu. Por eso prestará sus cinco diputados a quien le garantice la ayuda incondicional para ganar las elecciones autonómicas. Si Alberto Núñez Feijóo no quiere perder el tren, deberá incorporar a un empresario de fuste, o un intelectual de relieve, que tanteen al PNV y sepan realmente lo que los peneuvistas necesitan. Tal vez el Partido Popular no se pueda adaptar a las exigencias del Partido Nacionalista Vasco. Tal vez sí. Y eso es lo que resulta necesario dilucidar en los próximos días si Feijóo no quiere que se le escape la posibilidad que tiene de convertirse en el inquilino del palacio de la Moncloa.