El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo tiene cada vez más difícil para ser investido, a medida en que se impone la línea dura en Junts, el partido del fugado de la Justicia Carles Puigdemont. Pero, mientras tanto, los posibles socios de investidura han comenzado a exigir cuotas de poder cada vez mayores, además de ministerios, cuando todavía no se ha constituido la mesa del Congreso y el Jefe del Estado ni siquiera ha comenzado la ronda de consultas para sondear un candidato a presidente del Gobierno.
El incierto resultado electoral de los comicios del 23 de julio no ha disminuido la voracidad de los posibles apoyos de Sánchez de cara a una investidura, como muestran las declaraciones de la líder de Podemos, Ione Belarra, integrada en la coalición de partidos Sumar o las de su todavía portavoz en el Congreso, Pablo Echenique.
La formación morada va por libre dentro de la coalición Sumar, donde no todos los partidos que la integran están bajo la disciplina de su líder Yolanda Díaz. En este sentido, Podemos ha exigido ministerios, sin ni siquiera garantizar disciplina de voto con respecto a Sumar.
Por otro lado, a pesar de que la formación de Yolanda Díaz se ha presentado como tándem del sanchismo, junto al candidato socialista, la amalgama de partidos no lo pondrá tan fácil. Este miércoles, el portavoz Ernest Urtasun quería desmentir la imagen de que tan sólo Junts opone resistencia a Sánchez dentro de la amalgama de partidos de izquierda e independentistas que el PSOE necesita para gobernar, y se presentaba como un hueso difícil de roer.
De hecho, pedía al PSOE que se siente a negociar "en serio" un programa de Gobierno de coalición "ambicioso", que incluya un contrato de gobierno "concreto y muy detallado", tras asegurar que las propuestas que les han trasladado son "claramente insuficientes".
"No queremos ir a un acuerdo de Gobierno excesivamente inconcreto, excesivamente insuficiente, queremos que sea ambicioso", ha remarcado, antes de pedir al PSOE que se "ponga a trabajar" y "se siente a negociar en serio".
Pero no sólo se trata de contentar a ese sector de la izquierda, sino que todavía quedan por delante las negociaciones con ERC, PNV, BNG o CC, a falta del verdadero protagonista de las negociaciones en el ala izquierda, el prófugo de la Justicia Carles Puigdemont.
Tal y como ironizaba este mismo jueves el coordinador general del PP, Elías Bendodo, el PSOE tendría que pactar con "24 partidos" y para ello tendría que conceder "vicepresidencias, amnistías, indultos y presupuestos", entre otras cosas, lo que ha considerado “absolutamente ingobernable", ha opinado.
Mientras tanto, Junts enfriaba cualquier tipo de triunfalismo socialista. El secretario general de la formación, Jordi Turull, escribía un lacónico tuit para contestar a Urtasun, de Sumar, que aseguraba que las negociaciones avanzaban “de forma positiva”.
“Primera noticia, al menos en lo que respecta a JxCat”, afirmaba Turull.
Hay sectores independentistas que consideran que un Gobierno de PSOE y Sumar no permite ningún avance real hacia la independencia y, además, desmoviliza aún más a su electorado. Son los partidarios del ‘cuanto peor, mejor’, que buscan enfrentarse a un Gobierno PP-Vox para activar la calle y agitar la opinión pública catalana a favor de la independencia, tras el sonoro fracaso del 1-O.
A diferencia de ERC, dispuesta a utilizar sus votos para evitar un "Gobierno de la derecha y la extrema derecha", JxCat insiste en que no teme una repetición electoral y asegura que las políticas de PSOE y PP le resultan similares en cuanto a su objetivo: conseguir un referéndum de independencia de Cataluña.