Pasado el 31 de julio, con la cláusula de renovación automática desactivada, la relación entre Kylian Mbappé y la directiva catarí del Paris Saint-Germáin no ha mejorado mucho. El delantero sigue entrenando con los descartes a los que el club quiere vender cuanto antes (en esta lista figuran nombres como Julian Draxler, Georginio Wijnaldum, Colin Dagba o Leandro Paredes) y este fin de semana comprobará cómo de real es el órdago que le han lanzado desde Doha. El sábado, a las 21:00, el vigente campeón de la Ligue 1 debutará ante el Lorient. El partido se disputará en el Parque de los Príncipes y se esperan dos circunstancias: que el máximo goleador de la historia del PSG no sea ni convocado y que los ultras le dediquen un baño de insultos.
Esa es la hoja de ruta que se ha marcado desde hace semanas Nasser Al-Khelaifi. El dirigente entró en cólera cuando recibió por escrito la comunicación de su estrella en la que le confirmaba que no iba a renovar (y que su inención es salir, gratis, en 2024). Desde entonces ha trabajado para conseguir enfrentar a la grada parisina con su delantero referencial. El 'modus operandi' habitual de la casa cuando una de sus figuras quiere marcharse. Han filtrado a la prensa afín todo tipo de informaciones para generar animadversión en el aficionado y le han ordenado a Luis Enrique que se abstenga de convocar al futbolista sobre el que gira el futuro del proyecto en esta temporada que está a punto de empezar.
Esa maquinaria, sin embargo, no ha conseguido evitar que la afición desplazada a la ciudad deportiva del club se deshaga en elogios hacia Mbappé. En el entretanto, el jugador entrena con "profesionalidad", según se ha sabido de fuentes del club que no siguen con rigor las órdenes cataríes. Y muestra a sus seguidores su mejor cara, con alegría y con ganas de acabar su contrato -el próximo 30 de junio- con algún título más en su mochila. Ese es su compromiso y así se lo ha transmitido en la última reunión que ha mantenido con la cúpula del PSG.
El diario 'Le Parisien' ha publicado este jueves que Al-Khelaifi y el goleador se reunieron el martes de esta semana. En esa charla, "animada", según la narración periodística, Kylian reiteró su posición. Sin fisuras. Quiere seguir hasta final de contrato en el PSG y para nada busca ser traspasado este verano al Real Madrid (en Chamartín sonríen). El dirigente, por su parte, le aseguró al atacante que en el momento en el que acepte renovar su contrato un año más (la propuesta concreta una cláusula de salida en 2025) abandonará el ostracismo y se reintegrará a la dinámica con sus compañeros.
Cabe destacar que si los cataríes mantienen su órdago, Mbappé se quedaría sin jugar nueve meses y tendría muy difícil ser convocado para jugar con Francia la Eurocopa y los Juegos Olímpicos. Es por esas últimas consecuencias que hay una parte de la prensa afín que se está virando contra el PSG. Los analistas ya le han visto 'las orejas al lobo' y bajo ningún concepto quieren que su selección nacional pase de tener opciones reales de alzar los trofeos continental y olímpico a ser un aspirante más sin colmillo. Esta perspectiva no tranquiliza tampoco a Luis Enrique, que se quedaría sin la posibilidad de disponer del mayor anotador en las últimas cinco temporadas en la liga francesa. El sueño de la Liga de Campeones se alejaría del todo demasiado pronto.
Los problemas que penden sobre Doha en relación con su 'juguete' parisino es, además de la herida a su orgullo, financiero. Las cuentas no le salen a los dirigentes si Mbappé se queda. Si no consiguen venderle antes del cierre del mercado estival de fichajes, su balance se desequilibraría del todo. No podrían contar con los ingresos de la posible venta de Kylian, tendrían que abonarle su abultado salario (72 millones de euros netos) y estarían obligados a ingresarle una millonada en concepto de prima de fidelidad (60 millones de euros). No cumplirían con el 'Fair Play Financiero'... otra vez. Por lo que se expondrían a una sanción potente por parte de la UEFA.
Por eso echan humo los despachos del Parque de los Príncipes y se ha sabido esta semana que el club tampoco cuenta con Renato Sanches, Juan Bernat, Hugo Ekitike y, sobre todo, con Neymar y Marco Verratti. Ahorrarse las altísimas fichas de estos dos últimos y, también, obtener dos buenas ventas, ayudaría a aliviar la situación. Porque el PSG ya ha tenido que cortar sobremanera el chorro de petrodólares que venía invirtiendo en fichajes la pasada temporada. Está bajo amenaza por haber incumplido el control financiero de la UEFA. El resultado de ese descenso abrupto de inversión en contrataciones provocó que Christophe Galtier fuera contratado como entrenador, que la plantilla bajara dos o tres peldaños de estatus y que los resultados fueran muy discretos.
En esas se encuentra Al-Khelaifi. No convocando a la sesión de fotos oficiales del curso a Neymar y Verratti para lograr enfadarles y que se vayan a cambio de unas decenas de millones de euros. Y, en paralelo, no tiran la toalla con Mbappé. Según 'L'Equipe', el club está ejecutando un tipo de presión novedosa hasta la fecha para obligarle a renovar o a buscarse equipo ya. Según dicha información, el club le ha enviado al goleador una carta en la que advierte que si se va gratis en 2024 "estaríamos entonces ante la necesidad de traspasar jugadores, de revisar la política de integración de jóvenes formados en el club en el primer equipo y muy probablemente de tener que iniciar una oleada de despidos". "Pondría en entredicho todo lo que se ha construido dentro del club", remata el mensaje. En resumen, el puesto de trabajo de los trabajadores del club depende de Kylian. Un chantaje de libro.