Y lo suyo es el alboroto, el mensaje manipulado y el grito inoportuno, con el aplauso de aquellos que sentaditos en sus poltronas baten palmas como viejas extremistas sentaditas al calor de sus braseros que ya tienen escasas cenizas.
Durante las últimas semanas hemos hablado y aplaudido la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Lisboa, a la que han asistido más de un millón de jóvenes que han escuchado los mensajes del Papa, que han sabido ganarse de nuevo a esa juventud que busca palabras de esperanza para su futuro.
Pero hoy, lamentamos como muchos, pocos o algunos-me da lo mismo- intentaron torpedear los actos de la JMJ con cantos como “El cara el sol”, tan añejos y fuera de lugar, o con gritos como “Que te vote txapote”, que recuerdan disparos y asesinatos terribles. Ambos, el canto y el grito, nunca deberían haberse oído en una manifestación de este tipo donde, repetimos, se buscan palabras de esperanza y no otras acciones de signo político, me da igual cual sea.
Palabras como las que FRANCISCO reclamaba a los jóvenes a no tener miedo con mensajes como éste: ”A ustedes, jóvenes, que cultivan sueños grandes pero frecuentemente ofuscados por el temor de no verlos realizarse; a ustedes, jóvenes, que a veces piensan que no serán capaces; a ustedes, jóvenes, tentados en este tiempo por el desánimo, por juzgarse fracasados o por intentar esconder el dolor disfrazándolo con una sonrisa; a ustedes, jóvenes, que quieren cambiar el mundo y luchar por la justicia y la paz; a ustedes, jóvenes, que le ponen ganas y creatividad, pero que les parece que no es suficiente; a ustedes, jóvenes, que la Iglesia y el mundo necesitan como la tierra necesita la lluvia; a ustedes, jóvenes, que son el presente y el futuro; sí, precisamente a ustedes, jóvenes, Jesús les dice: 'No tengan miedo”. "No tengan miedo", repitió el Papa pidiendo un pequeño silencio para llevar a cada uno en su corazón esa palabra. Y volvió a repetir en varias ocasiones: "No tengan miedo, no tengan miedo”.
Palabras llenas de emoción y que me recordaban a las que en el mismo sentido hizo san Juan Pablo II y que me llevan a pedir a todos nosotros, que olvidemos esos cantos y mensajes, como debemos hacer de aquellos que en la calle madrileña de Ferraz oímos, el pasado 23 de julio, de militantes socialistas cuando gritaban “No pasarán”, para enardecer a sus seguidores con lo escrito en aquella pancarta colocada en una céntrica calle de Madrid, cuando durante la guerra civil, la capital de España estaba rodeada por los sublevados, y que estos contestaron, cuando nada más acabar la contienda, la entonces famosa vedette argentina Celia Gámez cantaba en una revista ante su admirador Millán Astray: “Ya hemos pasao”.
Mensajes todos que esconden violencia y que rechazo de plano a pesar de que algunos han sonreído con “El Cara al sol” de Lisboa. Algunos me consta con alzacuellos y no muy seguidores del Papa, precisamente.
Yo hoy me quedo con no tener miedo y a seguir ayudando a construir ese futuro repleto de esperanza.