"El famoso tiki-taka pasó a la historia", proclamó José Bordalás en la previa de la visita del Barcelona al Coliseum Alfonso Pérez. El entrenador del Getafe estableció así el marco en el que le tocaría bailar al defensor del título liguero en su estreno de esta temporada. Esas palabras resonaron con fuerza en un vestuario azulgrana que no vence en la localidad madrileña desde hace cuatro años. De hecho, en sus últimas tres comparecencias no ha podido marcar un gol. No se gustan los clubes, sus entrenadores y sus futbolistas. Es así de sencillo: la distancia estilística y filosófica entre ellos es demasiado grande. Unos construyen arte y los otros destruyen para sobrevivir. Y en ese encontronazo venció este domingo el bloque local. Ganó un 0-0.
Xavi Hernández reprodujo el esquema de tres centrales mostrado en el Gamper, colocando a Koundé como central -contentando al francés- y relegando a Ronald Araújo al perfil diestro. Le sigue faltando ahí una pieza al técnico catalán, por eso ha de confeccionar variantes. En la otra banda apostó por Alejandro Balde, inscrito a última hora con ficha del filial -no tuvo esa suerte Marcos Alonso-. Y ha pensado el estratega que para hacer hueco al flamante fichaje Ilkay Gündogan necesita sentar a Gavi y colocar a Pedri como mediapunta por la derecha. Lo visto hasta el descanso relativo a esta configuración muestra que el talento canario sólo tocó menos balones que Ter Stegen en el sistema visitante. Demasiado arriba, no participó. Y a su delegación le faltó velocidad de circulación para encontrarle con ventaja.
Que Oriol Romeu no es Sergio Busquets se sabía antes de ver al ex del Girona como centro de la medular en territorio getafense. Frenkie De Jong asumió las riendas e intentó dar ritmo elevado al juego azulgrana, pero no le acompañaron sus colegas. Sólo la región ocupada por Raphinha supuso un problema para el muro local. El brasileño debe suplir la capacidad de desborde de Ousmane Dembélé y sus desmarques de ruptura se erigieron en protagonistas. Entre otras cosas, porque su par era Gastón Álvarez, que no es lateral zurdo. La gestión del palco del Gefate ha esquilmado la plantilla hasta el punto de no haber conseguido inscribir al jefe de la defensa, Omar Alderete.
Aún así, Bordalás trabaja muy bien en cualquier situación -también con Enes Ünal fuera hasta febrero-. Esta vez juntó a Damián Suárez y a Juan Iglesias en el lado atacado por Balde y consiguió neutralizar al carrilero juvenil. Sin esa amenaza, le costó mucho a los catalanes no apostarlo todo a los desmarques de Raphinha. Y por ahí se explica que su 76% de posesión no se tradujera más que en un par de remates entre palos. El regateador brasileño lanzó una falta desde el pico del área que estrenó los guantes de David Soria -minuto 16- y se escapó al espacio tras un pase en profundidad de Koundé y chutó al centro -minuto 37-, en una acción que concluyó con rebote de Duarte al poste. Y Oriol Romeu se filtró en conducción central y remató cerca del palo-minuto 27-. Esa fue toda la producción ofensiva del favorito antes de encaminarse a los vestuarios, con muy pocos saltos de página.
Fue presa el Barça de la trampa preparada por Bordalás. Los 'guerreros azulones' sembraron de golpes bajos lejos de la pelota y cuerpeos pegajosos el partido y sólo consiguió escapar a esa molicie astuta, a esa incomodidad fronteriza, Raphinha. Hasta que picó en el anzuelo. En el minuto 42 propinó un codazo en la cara a Gastón Álvarez y fue expulsado de inmediato. Y se marchó del campo con una sonrisa sarcástica, sintiéndose la víctima de una injusticia. Esa es la misma sensación que atravesó a hombres como Gündogan -gris- y a Lewandowski -aislado-. Ambos recibieron golpes a destiempo de ese punzón 'canchero' llamado Damián Suárez. El colegiado no le cazó y no le mostró tarjeta en esos lances más propios de otro siglo. Y los dos astros estuvieron apagados toda la noche.
En este paisaje también tuvo que trabajar Ter Stegen. El meta alemán, capitán, detuvo un zurdazo de Iglesias desde la frontal -minuto 30- y otra volea del carrilero diestro -minuto 50-. Y la fórmula del pelotazo hacia Latasa le funcionó a los locales, si bien el delantero marró un mano a mano claro con el portero en el minuto 5. Pecó de precipitación el atacante, exactamente igual que Jaime Mata, que se ganó la expulsión por doble amarilla en el minuto 58 en una decisión infantil. A un entrenador tan controlador como Bordalás se le olvidó suplir a este peón y lo pagó. Y el Barça aceleró en la reanudación, con la verticalidad de Ez Abde en cancha -por el tercer zaguero, Christensen-. El veloz marroquí no embocó un centro de Pedri por poco en el minuto 53, toda vez que el cerebro canario retrasó su posición en el segundo acto y su equipo lo agradeció sobremanera. Hasta que le quitó Xavi, sorprendentemente.
El Djené mediocentro defensivo -están lesionados Arambarri y Milla- comenzó a padecer después de haber disfrutado de comodidad hasta entonces. En 10 contra 10 hay más espacios que cerrar y que recorrer, y no rindió con tanta eficacia el ordenado Getafe que había mandado con el bloque medio y la zaga de cinco zagueros muy adelantada. Eso sí, al motor africano le llegó para negar a Ez Abde, in extremis, un cara a cara con Soria -minuto 68-. Justo antes de que Xavi también picara en el anzuelo de Bordalás. El entrenador fue expulsado por sus explícitas protestas al colegiado -minuto 71-. Incluso fuera del campo pecó el Barcelona de falta de temple. Demasiada emotividad para ganar la "guerra", en palabras de Oriol Romeu, del Coliseum. Acabaron los 'culés' con Gavi, Ansu Fati y Lamine Yamal, juventud al poder. Y este último le regaló a Ansu un remate al borde del área pequeña que el internacional español perdonó, con todo a favor -minuto 80-. Insuficiente para el favorito, que se marchó todavía más enfadado después de reclamar un posible penalti en el minuto 101.