Cultura

Crónica taurina | Burgo de Osma: 5,5 minutos de arte por David Galván

TOROS

Burgo de Osma: 5,5 minutos de arte por David Galván

Inés Montano | Jueves 17 de agosto de 2023

Los yacimientos romanos, celtibéricos y numantinos rodean El Burgo de Osma. Su gran catedral es uno de sus mayores atractivos, pero hoy vamos a otro destino de no menor importancia: su plaza de toros que cumplía 118 años el 16 de agosto. Esta tarde se celebró una corrida con El Fandi, Manuel Escribano y David Galván en el cartel. José Luis Pereda eligió seis ejemplares bien hechos, de adecuada edad y comportamiento variado (cada uno tenía su guasa), ninguno acusó la falta de fuerza. El público llenó los tendidos y la presidencia, aunque se hizo rogar, iba concediendo trofeos. Los diestros cortaron numerosos apéndices asegurándose la triple Puerta Grande.

El Fandi y Manuel Escribano protagonizaron buenos tercios de banderillas, compartiendo los dos primeros en amistosa competencia y haciendo los quites a cuerpo limpio. El Fandi gozó de un torazo (1º) con quien se explayó en gallardías y adornos. No fue un toro amalvado, sino apretaba embistiendo, pero el diestro aprovechó lo bueno y limó sus pocas asperezas para dar al público una obra completa, incluyendo lances por navarras, chicuelinas al paso y una faena completa. El entusiasmo del público no menguó por el estoque que se fue abajo. Dos orejas. El bicho moría como un toro bravo resistiendo a doblar los remos. Su segundo oponente (4º), enganchaba el capote, escarbaba, El Fandi domeñó a la fiera para, de nuevo, desplegar ante ella su toreo vitalista, arrollador y firme. La estocada entera de mejor ubicación y una oreja.

El primer toro (2º) de Manuel Escribano fue más contemplativo que lanzado a la acción: se encampanaba en el centro para observar a los diestros. Escribano, decidido, con una mano sobre las tablas y con otra conduciendo las primeras embestidas, miraba al tendido. Afloraron las complicaciones, que el colorado planteó por ambos pitones: cabeceaba y se revolvía en busca del matador. Escribano construía las tandas pase a pase, intercalando desplantes y sorteando tarascadas del bicorne. El acero, quizá un poco atravesado, tumbó al toro sin puntilla. Dos orejas. Con su segundo (5º), Escribano hizo el saludo capotero más acabado de la tarde: llevó al toro asido al vuelo del capote. El toro, menos malicioso que su anterior congénere, afrontó la faena dejando clara su desgana. Lo contrario del diestro, cuyo afán de superación es infinito: desafiaba, acortaba las distancias y ligaba las tandas chispeantes de emoción a ambas manos. Sonó el primer aviso, cuando se esperaba el efecto de la estocada. Una oreja.

David Galván lidió al 3º que escarbaba desde el primer tercio. Le clavaron una vara, estando debajo del caballo, caído, y se receló todavía más. La faena fue accidentada: primero un golpe de banderilla en la cara y, luego, cuando iba construyendo la faena en los medios, el bicho le empitonó enganchando por la ingle. Afortunadamente, sin consecuencias. Galván se recompuso enseguida, pero el morlaco le dio la espalda. Galván le buscó y le desafió, puso por su parte la casta que le faltaba a su contrario. El toro necesitaba bastante tiempo para tomar respiro, pero en vez de desaguar el conjunto e impacientar al público, estos ratos cimentaron la faena y le otorgaron una inconfundible identidad y rebosante torería. Saber estar en la cara del toro es igual de importante que rubricar las tandas. La estocada entera y un apéndice con petición del segundo no atendida. Con esta espinita clavada en su amor propio, David Galván espera al 6º. Éste salió sin ganas de demostrar nada a nadie y se iba hacia los chiqueros. Galván mantuvo al burel en los medios, donde hizo una faena de 5,5 minutos a la que no le faltó nada. El diestro llevaba al toro embebido en la muleta, girando sobre el eje de sus pies y llenando de nuevo el escenario en los tiempos muertos. Desafiaba con toda su figura y buscaba la embestida del toro que quería ahorrar acometidas a toda costa. Coronada la obra por una estocada impecable, el matador recibió dos orejas.