Que tallen otros. La política económica sanchista, dejando aparte los aciertos de Nadia Calviño, se caracteriza entre otras cosas por no poner tope a la deuda pública. Las próximas generaciones deberán devolver el despilfarro de Pedro Sánchez con sus intereses correspondientes. Asustan las cifras. En el último año, los españoles se endeudaron en 93.753 millones de euros más. Pedro Sánchez se sumerge en un gasto público incontenido, con el incremento adicional de las partidas dedicadas a “comprar” votos de cara a las elecciones. Un escándalo alarmante si la oposición de Alberto Núñez Feijóo dejara a un lado la soberbia y se ocupara de denunciar los males profundos de España.
¿Cuánto debe España? El pasado mes de julio se sobrepasaron los 1,396 billones, es decir, un billón y 396.000 millones de euros. Corremos desesperadamente para alcanzar la línea límite del billón y medio de euros. Los intereses de esa cantidad gigante resquebrajan las expectativas del pueblo español. No digamos nada si sumamos el principal.
Debemos ya el 113% del PIB nacional. Hemos superado con creces el Producto Interior Bruto correspondiente al último año. No hace falta ser un experto en economía para tener conciencia de lo que esto significa.
Pedro Sánchez, secundado con entusiasmo por algunos presidentes autonómicos y no pocos alcaldes, gasta sin tino. Le trae sin cuidado la deuda. Serán otros gobiernos y otras generaciones las que se enfrenten al sacrificio que supondrá devolver lo que debemos con sus intereses correspondientes. La prima de riesgo española, por otra parte, supera ya los 100 puntos y la situación nacional, a pesar del maná turístico que se incrementa, no sale de la incertidumbre que nos agobia.
Los políticos y sus partidos voraces siguen enzarzados en sus disputas intestinas por el poder, mientras se enturbia el futuro económico de la nación y se emborrascan los horizontes de las nuevas generaciones.