La épica como normalidad. Así ha viajado esta semana Carlos Alcaraz a través del Masters 1.000 de Cincinnati. Ha tenido que remontar en todos sus partidos disputados en este torneo y en su duelo de semifinales, este sábado, ha reproducido el patrón. Eso sí, nunca ha sido más difícil que lo visto esta noche: tuvo que levantar una bola de partido en contra. Con todo, su determinación le sacó a flote para batir a Hubert Hurkacz (2-6, 7-6 y 6-3) y meterse en la final.
El gigante polaco nunca ha ganado al nuevo fenómeno español. Siempre le ha generado complicaciones serias, pero no ha alcanzado a tumbarle del todo. Y esta vez creyó que lo conseguía. Llevó su plan de partido a la máxima expresión y casi llegó a la orilla. Pero le tembló la mano en el momento clave, cuando envió al pasillo de dobles una derecha plácida para sellar su victoria. A partir de ahí le visitaron los fantasmas y la dimensión del 'Carlitos' terminó de copar cada pulgada de la cancha.
Hurkacz empezó muy bien y el tenista murciano, regular. Levantó dos bolas de rotura en el juego inicial y le endosó un 'break' a su rival a continuación. Se colocó con un 3-0 muy rápido, con su receta favorita: saques atronadores, juego muy profundo y una movilidad veloz que extraña para un jugador de su altura (1,96 metros). Ese guión se le atragantó a Alcaraz. Casi no tuvo respuesta el español en un set que duró sólo 38 minutos y acabó con un descriptivo 6-2 a favor del polaco.
Estaba arrasando el tenista nacido en Breslavia. Cómodo en todas las facetas, incluso desde el fondo de la pista. Le costó mucho a 'Carlitos' descifrar lo que le estaba viviendo y localizar soluciones. Dispuso de cinco bolas de rotura y no aprovechó ninguna, amén de ceder su saque dos veces. La mejor versión de Hubert le sacó de quicio y pecó de precipitación en varios tramos. La derecha del polaco le atenazó su fluir habitual.
Valga como ejemplo de los problemas que amenazaron con hacer descarrilar a Alcaraz que tuvo que cambiar su resto. Estuvo más de set y medio tratando de ser agresivo en el segundo saque oponente, metiéndose en pista demasiado. La potencia y la profundidad de los lanzamientos provocaban que se chocase con la bola de forma sistemática, rozando el bloqueo mental. La contundencia y seguridad del 20º del ranking mundial, que encima colocaba golpes en las líneas, era demasiado. O eso parecía.
Empezó 'Carlitos' a restar desde más lejos, bien asesorado por Juan Carlos Ferrero, aunque todavía llegaría al cero de ocho en bolas de 'break'. Comenzaba a dejar puntos espectaculares, si bien el polaco le respondía con truenos al saque y con algunas dejadas maravillosas. El mundo al revés. No le quedaba otra al talentoso murciano que echar mano de el manual de supervivencia. Nada de resplandecer, había que sobrevivir. Escapó como pudo a esa bola de partido descrita, con 4-5, y dio un paso al frente.
Una vez más, cuando más arrinconado está mejor rinde. Forzó el 'tie-break' y llegó a estar 1-4 abajo. Ahí despegó, acumulando seis puntos ganados de forma consecutiva. Para llevar el duelo al tercer set (7-4), al tiempo que la derecha renacía con soltura. Su resurgir emanó tanta energía que la tribuna se volcó con él. Esa misma que le abucheó cuando se midió al estadounidense Tommy Paul, en octavos de final. Su tenis seduce a cualquiera y esta noche se volvió a comprobar.
Con una hora y 41 minutos en las piernas se reinició el encuentro. Ya con el viento soplando en la otra dirección. Como en el Masters 1.000 de Miami 2022 y en el de Canadá 2023 -la semana pasada-, logró convencer a Hurkacz de que no va a poder ganarle nunca. Al polaco le llegaron, de golpe, todas las dudas que no había padecido hasta ese momento. Y se acabó la igualdad. Desde el fondo de la pista, 'Carlitos' le fue madurando y recogiendo fallos ajenos. Y a la undécima rompió el saque rival. Lo celebró por todo lo alto. Con 4-1 no se le escapó el triunfo. Cuarto partido que gana en tres sets, tras dos horas y 18 minutos de erosión física y mental. Con esta victoria se asegura el número uno antes del comienzo del US Open y está a un partido de convertirse en el tercer campeón español de Cincinnati, tras Carlos Moyá (2002) y Rafa Nadal (2013). Con 20 años.