Pero desde hace una década la locura impera a la par que nos desgastan con informativos completamente centrados en el deshielo de los polos, el aumento del nivel del mar, las muertes por deshidratación, y los 41 grados del otro día en Burgos, cuando medio verano llevan los burgaleses padeciendo las mínimas de toda España, entre 10 y 15 grados –noches de pura manta–, y ningún listillo licenciado en periodismo ha tenido la decencia de comentarlo.
Porque el cambio climático ha pasado a ser un gag. Una exageración. Sólo se citan los récords. Que es como contar los días que ligas e ignorar los que te vas a casa con un palmo de narices, cien euros de menos, un alcoholismo desmesurado y una erección de caballo. Y cuando todo es normal en este asunto del termómetro, o incluso es más frío de lo habitual, las leyendas televisivas nos cuentan estupideces para solapar la realidad. ¿O es que tiene sentido que con los peores recursos hídricos y mayores calores de nuestra historia, que es lo que nos cuentan las 24 horas del día, la liga de fútbol de este año haya comenzado un 11 de agosto? ¡¡Un 11 de agosto!! Claro que los muy goebbles han colocado un par de veces durante los encuentros la llamada pausa de hidratación, como si en Auschwitz el torturador detuviera por un segundo su parafernalia para fumarse un cigarrillo y hubiera que celebrarlo como un escorzo a favor de los derechos humanos.
Nos toman por imbéciles. Desde que regresé a España todos hablan del tiempo, de la caló, de que nos vamos a morir de sed, de que ya no hay arena en las playas, y ni mucho menos mosquitos, y de tantas y tantas estupideces cuando hoy han programado partidos oficiales a las 5 de la tarde y a ninguno de los organizadores de la liga de fútbol se les ha caído la cara de vergüenza, o al menos, los han llamado a declarar al juzgado de guardia más cercano por atentado contra la integridad física de parte de la población española. Claro que mandan las teles. Los que pagan por el fútbol. Y los que nos dicen cómo va lo del cambio climático a la vez que en pleno agosto hay partidos continuamente en el mayor caso de bipolaridad de la historia de nuestra triste democracia.
Seamos serios. ¿O es que alguien se cree que si de verdad la temperatura estuviera subiendo las competiciones deportivas iban a comenzar, no ya en pleno agosto, sino poco después de su primera semana? Y, por cierto, nadie se muere de un golpe de calor subiendo y bajando la banda a 90 kilómetros por hora siete veces cada cuatro minutos. Nadie. Como tampoco he visto desfallecimientos en el Tour de Francia en pleno mes de julio. Eso sí, si a un campesino hasta arriba de orujo se le olvidó rellenar el botijo y falleció, cuando además padecía problemas cardiovasculares, de titulares rimbombantes nos llenarán el día: Otro fallecido por la tremebunda ola de calor.
Nos tratan como a niños. Y lo peor de todo es que nos lo creemos a pies juntillas, y a veces, hasta lo defendemos como si fueran ideas propias. Porque de hacer cola para votar en el día más caluroso del año (el 23 de julio) mejor hablamos otro día.