Al margen de patrioterismos estériles, el deporte enciende el orgullo de España, la satisfacción de ser español. Despedazada la opinión pública en los últimos años por media docena de partidos secesionistas que se aprovechan de la debilidad electoral de Pedro Sánchez, reconforta asistir a la manifestación del sentimiento nacional que despierta el deporte.
No se trata de un acontecimiento menor la victoria de la selección española en el Mundial de Australia y Nueva Zelanda. El fútbol es el deporte rey en la mayor parte del mundo y en su dimensión femenina se ha multiplicado como un tsunami. Países de los cinco continentes participan en la contienda. Vencer en ella resulta especialmente difícil. Y el equipo nacional de España lo ha hecho con solvencia y juego admirable. Y nada menos que contra Inglaterra, cuna del fútbol y del espíritu deportivo.
No es la primera vez que derrotamos a Inglaterra en un Mundial de fútbol. Mi generación recordará siempre cuando en 1950, en Maracaná, pusimos de rodillas a un gran equipo inglés en el que figuraba “el hechicero del regate”, Stanley Matthews, tal vez el mejor jugador de la historia británica. El gol español lo marcó Zarra, símbolo de la furia española. Remató un pase de Gaínza, de aquel inolvidable Piru Gaínza, considerado por los expertos como el mejor jugador español del siglo XX, después de Ricardo Zamora.
En fútbol, en baloncesto, en atletismo, en tenis, en muy varios deportes la mujer española ha triunfado internacionalmente. Lo de la pata quebrada y en casa ha quedado para el estudio de sociólogos e intelectuales. La mujer española, ya emancipada aunque todavía queden flecos por resolver, ha demostrado en la Australia, descubierta para Europa por el navegante portugués Fernández de Quirós, en la época en que Portugal formaba parte del Imperio español, ha dado ejemplo de deportividad y de calidad, en presencia de la Reina, de la Infanta y del entero pueblo español agolpado ante las pantallas de televisión. Con solo un reparo: el controvertido gesto machista del presidente de la Federación, Luis Rubiales, que se permitió besar en la boca a una atónita jugadora española, Jennifer Hermoso.