Opinión

Trump y el sistema político norteamericano

TRIBUNA

Roberto Muñoz Bolaños | Sábado 26 de agosto de 2023
En España, como en el resto de Europa Occidental, la noticia de que Donald Trump encabeza las encuestas como futuro candidato del Partido Republicano para las elecciones presidenciales de 2024 resulta ininteligible. Sin embargo, esta dinámica es consecuencia del fracaso de dos proyectos políticos: el Republicano y el Demócrata.

El primero, el Grand Old Party (GOP), se articuló a partir de la década de los 80 sobre el fusionismo de Frank Mayer, el pensador político más importante de la segunda mitad del siglo XX porque su influencia se ha extendido a toda la derecha mundial. Su teoría fusionaba conservadurismo social con liberalismo económico. Este planteamiento permitió a los Republicanos convertirse en una gran coalición que agrupaba a la Derecha Cristiana, los libertarios de clase media alta y alta, los sectores moderados y los paleoconservadores pacifistas, contrarios a las aventuras exteriores. Gracias a esa coalición, Ronald Reagan pudo alcanzar la presidencia en 1980. Sin embargo, a partir de ese momento, el establishment del partido –integrado por conservadores blancos de clase alta– puso en marcha un proyecto político definido por los siguientes postulados: desregulación de la economía y apoyo al proceso de globalización, reducción de impuestos en favor de las rentas más altas, disminución del gasto social, política exterior agresiva e intervencionista que favorecía a las grandes empresas del sector con programas de armamento enormes y una superficial retórica cristiana que, sin embargo, mantuvo el derecho al aborto. El resultado fue que este programa solo beneficiaba a un sector de los votantes del partido, los libertarios, partidarios de la reducción de impuestos, de la desregulación económica y de la globalización. Sin embargo, el resto de los grupos que integraban la coalición Republicana vio cómo sus intereses no eran satisfechos por este partido

El segundo, el Demócrata. Este partido se configuró durante la presidencia de F. D. Roosevelt (1932-1945) sobre la “Coalición New Dealintegrada por los blancos del Sur, las minorías étnicas y religiosas, los sindicatos, los trabajadores, los intelectuales y la población de las grandes ciudades, que le había permitido dominar la Presidencia durante veintiocho años entre 1932 y 1963. Durante este periodo se estableció el sistema impositivo más progresivo del mundo –con un tipo máximo del 91% para las rentas superiores a los 400.000 dólares (3.500.000 de 2023) en 1963–, que permitió construir una red de servicios públicos sin igual en el mundo de la que se beneficiaron las clases bajas y medias, cuyo nivel de vida era el más alto del planeta, y que se mantuvo durante la Presidencia de D. D. Eisenhower (1953-1960), un republicano New Dealer. Sin embargo, durante la presidencia de L. B. Johnson (1963-1968) esta coalición fue destruida como consecuencia de dos hechos. El primero, la aprobación de Civil Rights Act (Ley de Derechos Civiles), el 2 de julio de 1964, que puso fin al sistema de segregación racial en el Sur. A partir de esta norma, los blancos de esta región, mayoritariamente conservadores y antaño fieles votantes demócratas, comenzaron a pasarse en bloque al republicano. El segundo, la Great Society de Johnson que auspició numerosos programas de acción afirmativa (discriminación positiva) en favor de las minorías. Esta política enemistó a los demócratas con los blancos pobres –no incluidos en estos programas–, lo que supuso que muchos de ellos abandonaran el partido. Este cambio se ha demostrado irreversible y actualmente el Partido Demócrata esta formado por una coalición multicultural de blancos progresistas y de alto nivel adquisitivo, negros y latinos, con sede en las grandes ciudades grandes y diversas, en la que prima la defensa de la globalización, el cosmopolitismo y que incluso vincula el nacionalismo y el patriotismo con el racismo y el fascismo.

Estas transformaciones de los dos grandes partidos han afectado a toda la sociedad estadounidense, pero más concretamente a un grupo de enorme importancia que ha quedado completamente fuera del sistema político: los trabajadores blancos de clase baja y media, que abandonaron el Partido Demócrata a partir de los años 60 al no identificarse con sus políticas de afirmación positiva y que se inclinaron a partir de entonces por el Republicano, con el que se identificaban por sus valores conservadores. Sin embargo, la apuesta de este partido por la globalización, su no oposición a la deslocalización empresarial y a la inmigración ilegal, que les afecta especialmente porque los migrantes se convierten en sus competidores en el mercado laboral y en sus vecinos, su política de bajada masiva de impuestos que ha afectado a los servicios públicos esenciales, como la educación, o su oposición a cualquier sistema de sanidad pública (el tipo máximo impositivo bajó con Reagan al 28%, aunque actualmente es del 37%) ha provocado que este sector social tampoco se identifique con el GOP.

En esta situación de progresiva desorientación, que afecta a la política estadounidense desde comienzos del siglo XXI, apareció la figura de D. Trump. Resulta evidente que se trata de un personaje poliédrico con múltiples aristas, con una imagen claramente “machista”, que tiene una visión escéptica sobre el cambio climático, que rechaza las energías alternativas y que no ha dudado en utilizar las redes sociales para lanzar Fake News, en poner en tela de juicio instituciones centenarias y en recurrir a teorías conspirativas. Pero también ha demostrado ser un hábil político capaz de elaborar un programa con el que se sienten identificados importantes sectores de la sociedad norteamericana porque apela tanto a la derecha dura como a los votantes cuyos intereses económicos, en décadas pasadas, los habrían clasificado como moderados de centro izquierda. Sus principales bases son:

Política Interior

  • Defensa de la Seguridad Social, tanto en el asunto de las pensiones como en el del Medicare (sistema de medicina pública para las personas que trabajan), especialmente atractiva para la masa de población blanca trabajadora de clase baja y media baja. De hecho, durante la campaña de 2016 llegó a afirmar que “nadie morirá en las calles” porque no pudiese pagar la atención médica si se convertía en presidente.
  • Políticas activas contra la inmigración ilegal, atractiva no solo para los trabajadores blancos sino también para el votante medio republicano, harto de la hipocresía de su partido con este tema, y preocupados por la amenaza terrorista islámica.
  • Establecimiento de un sistema educativo competitivo y extensión del cheque escolar; política defendida por la mayor parte de los votantes Republicanos.
  • Plan de renovación de las infraestructuras del país que, actualmente, se están desmoronando. Este programa podría crear 13 millones de puestos de trabajo, activar importantes sectores manufactureros del país y hacer posible una notable redistribución de la renta nacional, ya que se financiaría mediante impuestos.
  • Rechazo del aborto, manifestado en la elección de jueces conservadores que han anulado esta práctica como derecho federal. Esa política le ha convertido en un ídolo para la Derecha Cristiana, a pesar de su condición de “pecador” por sus tres divorcios y sus numerosas aventuras sexuales.

Política Exterior

  • Apuesta por el aislacionismo, lo que supone el rechazo del papel de los Estados Unidos como defensor de Europa Occidental y Japón por el enorme gasto que supone; la negativa a seguir financiando grandes programas de armamento, como el del caza de 5ª generación F-35 y a desencadenar aventuras militares. Este planteamiento resultaba especialmente atractivo para los Paleoconservadores, un importante y antiguo grupo dentro del Partido republicano, contrario desde comienzos del siglo XX al intervencionismo exterior, pero también a los trabajadores blancos, muchos de cuyos hijos se enrolaron en las Fuerzas Armadas como salida profesional y murieron en las guerras exteriores de los Estados Unidos.

Política Económica

  • Defensa del proteccionismo, lo que implica el rechazo de la globalización, la oposición a la descolonización industrial, amenazando con fuertes aranceles a los productos de las empresas norteamericanas que tomaran la decisión de trasladar su producción fuera de los Estados Unidos, y defensa de las manufacturas norteamericanas. Tales planteamientos resultan especialmente atractivos para el votante medio Republicano, pero sobre todo para los trabajadores, porque no pierden sus puestos de trabajo, y para los medianos empresarios, que no pueden competir con los productos chinos.

Este programa político fue el que le llevó a la victoria en 2016, gracias al voto del electorado blanco (65% del total) y, dentro del mismo, del 72% de los hombres y el 62% de las mujeres sin estudios; y del 54% de los hombres y el 45% de las mujeres con estudios, que viven en pequeñas ciudades (menos de 50.000 habitantes) y en zonas rurales, donde consiguió el 62% de los votos. Esta masa de la población norteamericana incluyó a los sectores que han apoyado tradicionalmente al Partido Republicano, pero también a otros grupos que optaban por los Demócratas, como los trabajadores de los Estados industriales del Nordeste. En 2023 siguen apostando por Trump porque sus demandas no han sido satisfechas por J. Biden y no se ven reflejadas en los programas de los otros candidatos Republicanos, que siguen vinculados con el establishment del partido y el fusionismo de Meyer, bien que algunos, como el gobernador de Florida Ron DeSantis, lo barnicen con una fuerte retórica religiosa cristiana.