Jordi Canal | Lunes 27 de octubre de 2008
El viernes pasado participé en un congreso en tierras andaluzas dedicado a Nicolás Salmerón y el republicanismo. Lo organizaba la Universidad de Almería y al frente se encontraba Fernando Martínez, gran persona, excelente historiador y antiguo alcalde socialista de la ciudad. La mesa redonda en la que intervine estaba dedicada a la historia y al futuro del republicanismo en España. En mi caso particular, intenté responder a la siguiente pregunta: ¿tiene algún futuro el republicanismo político –que no las ideologías del republicanismo y el neo-republicanismo- en nuestro país? Mi respuesta fue clara. No. No en las condiciones actuales y bajo la forma actual. Permítanme que les explique sucintamente mi contestación. Tres razones la avalan.
En primer lugar, pienso que no tiene futuro el republicanismo político por lo que es y lo que significa hoy en España. Se trata, ante todo, de un republicanismo que mira al pasado y no al futuro. Identifica republicanismo con anti-monarquismo y con izquierda, lo que lo convierte en arcaico en el primer caso y no integrador en el segundo, condenado a repetir viejos errores históricos. Ángel Duarte dedicó un magnífico artículo a esta cuestión en El Imparcial del 3 de septiembre, “La Tercera República española, un imposible ontológico”. Mirar al pasado, esto es, a la Primera y la Segunda República, significa hacerlo a dos experiencias fracasadas y recordadas como algo caóticas: la República sin republicanos de 1873 y la República de democracia débil, a la par que amenazada, de los años treinta.
A pesar de mirar permanentemente al pasado constituye, sin embargo, un republicanismo inventado. Y ello es cierto en las distintas modalidades realmente existentes, desde el republicanismo como puro y duro izquierdismo mesiánico de Julio Anguita hasta el republicanismo nominal que no es más que independentismo de Carod-Rovira, pasando por el republicanismo insultante del alcalde de Puerto Real, José Antonio Barroso (IU), sinónimo de vulgar y primitivo anti-monarquismo. Lo que queda del republicanismo hoy poco tiene que ver con el republicanismo histórico, pese a la voluntad, pongamos por caso, de los dirigentes de ERC de considerarse herederos del partido que tenía ese mismo nombre en la Segunda República. El republicanismo actual es, en este sentido, una tradición inventada.
En segundo lugar, pienso que no tiene futuro el republicanismo político por la solidez del juancarlismo. Monarquía y democracia se dan y se han dado la mano en España a lo largo del reinado de Juan Carlos I. El Rey y la Corona fueron decisivos –lo que no significa, lógicamente, que fueran los únicos que tuvieron un papel importante- en el proceso de implantación y consolidación de la democracia en España. El final de la Transición coincide con el momento clave en el proceso de legitimación democrática y popular de la monarquía de Juan Carlos I. Estas legitimidades se unieron entonces a la dinástica, adquirida en 1977 tras la renuncia de don Juan, y a la constitucional.
La legitimación democrática y el apoyo popular que recibe la monarquía juancarlista no pueden hacerse automáticamente extensibles, sin embargo, a la monarquía en general. El juancarlismo gana la partida, en este sentido, al monarquismo. Mucho va a tener que esforzarse el sucesor de Juan Carlos I para estar a la altura. Como quiera que sea, hoy por hoy, si las cosas no cambian, la monarquía española goza, tanto dentro como fuera de España, de reconocimiento y amplia legitimidad.
Finalmente, pienso que no tiene futuro el republicanismo político por el hecho de que hoy, en términos clásicos, el debate república-monarquía es una reliquia, un auténtico anacronismo. En la Europa de finales del siglo XX y de principios del XXI existen monarquías republicanas, igualmente como existen repúblicas monárquicas. Piénsese, por ejemplo, en la Francia de Mitterrand. O en la de Nicolas Sarkozy, que muchos periodistas y escritores franceses asimilan al reinado de Luis XIV. Una República, la gala, por otro lado, lujosísima y costosísima. Siempre me carcajeo cuando escucho a alguno de nuestros insignes republicanos decir que quieren la República ya que nuestra Monarquía nos sale muy cara. ¡Santa ingenuidad! Ni la monarquía ni la república resultan buenas o malas en sí mismas. Lo que realmente importa, a mi entender, es la democracia y la libertad. Además, por si fuera poco, este debate solamente interesa a una poca gente, sobre todo intelectuales y políticos. A la mayoría de la población no le importa lo más mínimo.
En definitiva, mientras que el republicanismo no sea sometido en España a un intenso reciclaje; mientras que lo que llamamos juancarlismo, como estilo, no se vea sometido a cambios; y, también, mientras que los términos del debate república-monarquía no cambien y pasen a interesar a la población, pienso que el futuro del republicanismo político en nuestra España va a ser más bien negro y escaso. Así lo argumenté en la Universidad de Almería y así deseaba contárselo a ustedes.
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