Pero, en lugar de estas declaraciones sin sentido, el Gobierno debe ahora intervenir en el proceso de sucesión en el cargo, pues Pedro Rocha, el nuevo presidente, es un fiel escudero de Luis Rubiales y, por tanto, hay que evitar que el ex dirigente siga manejando a su antojo la Federación, incluso que manipule cuentas o contratos que se sospecha pueden ser opacos. Y, para ello, el CSD tendría que modificar el expediente enviado al TAD con el fin de que actúe en el futuro más inmediato de la Federación y evitar que el presidente suspendido por las FIFA mantenga su nefasta influencia.
Hasta ahora, el Gobierno de Pedro Sánchez ha dejado que Rubiales presidiera la Federación, a pesar de estar acusado de múltiples casos de corrupción. Sólo ha reaccionado tarde y mal cuando el escándalo de la final de Australia se propagó por todo el mundo. Ahora, debe evitar que la larga sombra del ordinario y machista dirigente se vuelva a colar en la RFEF. Si no, tendrá que actuar la FIFA.