Vox es un partido que pretende reformar la Constitución pero que acata la Carta Magna y que solo actuará desde el propio texto constitucional. ERC es un partido de extrema izquierda, además golpista, que, igual que Junts, ha pretendido quebrar el texto constitucional. Bildu, aparte de todo esto, ha incluido en sus listas electorales a antiguos etarras con delitos de sangre.
El PNV, partido liberal conservador, de acendrado carácter democristiano, ha hecho público que no apoyará al Partido Popular por su entendimiento con Vox. No ha proclamado, sin embargo, que tampoco apoyará al PSOE aliado con golpistas, proetarras y ultras de extrema izquierda.
La contradicción es palpable. Ya sería grave equiparar a Vox con golpistas y proetarras y negarse a participar en nada en lo que intervenga el partido de Abascal. Pero formar parte decisiva para encumbrar a Pedro Sánchez junto a golpistas y proetarras es cuanto menos incongruente. Sobre todo, teniendo en cuenta que, en las elecciones autonómicas, el PSOE sanchista sumará sus escaños a los de Bildu para desplazar al PNV de la presidencia del Gobierno vasco.
¿Qué secretos esconde semejante posición? ¿Qué promesas ha hecho el sanchismo al PNV, qué recursos económicos ha movilizado? Las torpezas de Alberto Núñez Feijóo han conducido a que un partido demócrata cristiano se sume a partidos golpistas y proetarras en lugar de al PP, partido de centro derecha, liberal conservador.
Difícil saber si la actitud del PNV es reversible o no. Está claro, en todo caso, que Feijóo poco puede hacer directamente y deberá pedir auxilio a los grandes empresarios e intelectuales vascos y a un sector de la opinión pública para que influyan en la modificación de la posición peneuvista, tan obstinada e incomprensible.