Sacedón, una bella villa de Guadalajara, albergó un festejo mixto. El público llenó los tendidos de sombra, la presidencia no se hizo rogar y los diestros cosecharon hasta once trofeos. Los novillos para Sebastián Fernández procedían de Amparo Valdemoro y los toros de José Luis Pereda para Morenito de Aranda y David de Miranda. Los “Pereda” resultaron bien hechos, serios y francos, Sinnombre y Banderilla merecieron la vuelta al ruedo. Los astados midieron su fuerza sin escamotearla en el tercio de varas.
Sebastián Fernández, el hijo, hizo lucir su cuadra a lo grande. El rejoneador y divulgador de los espectáculos con caballo por Europa, hizo las faenas medidas, de banderillas reunidas y adornos de ley, fueron ovacionadas por el respetable. El rejoneador manejó los terrenos para sacar los mejor de sus contrarios. Con el primero se destacó montando Pan de Oro, Judío se deshizo en corbetas para desafiar al torete ya parado. Junco con su caracoleo ayudó a ejecutar el último tercio. Quizá, la ejecución no fuera siguiendo los cánones, pero las buenas maneras de la montura que hacía reverencias agradeciendo los aplausos, prepararon el terreno para una gran petición. Dos orejas. Fernández brindó la faena de Reluciente (4º) a sus compañeros de a pie. Airoso Jaleo para el rejón de castigo y Luna de Miel para clavar los palos largos al violín. El novillo andaba abanto y “desconectado”, a lo más que llegó es seguir el viaje del caballo o regalar alguna que otra arrancada. El rejoneador, al exigirse a sí mismo, pasó a las banderillas cortas y a las rosas, rematando con un sombrero puesto en la testuz y delicioso piafé. El rejón de muerte se estancó, lesionando al diestro. Una oreja.
El cornibrocho Sinnombre (2º) lo puso todo para que Morenito de Aranda aunara todo su garbo y torería en una faena. Desde la puesta en suerte de varas, el astado apuntaba buenas maneras. Se cayó redondo al salir del primer tercio, pero se creció: acudió a la primera tanda de rodillas y no dejó de seguir la franela sin engancharla. Morenito dejó el estoque de ayuda y se decidió a hacer una faena por naturales a ambas manos: las tandas largas y rematadas, enroscándose al toro en la cintura. La estocada a la segunda no requería al cachetero. Dos orejas. Otras dos no fueron tan fáciles a cortar. Bienhecho (5º), un magnífico ejemplar, cargado de cuello y rabilargo, no regalaba nada. Enrique Martínez Chapurra, un sobresaliente de grandísima afición, hizo el quite, la cuadrilla bregó con eficacia y Morenito estuvo dispuesto a triunfar a pesar de todo. Dominó al bicho, se impuso a sus cabeceos para engarzar los derechazos de su estilo en tandas y las tandas en una obra apreciada por el público. El toro se apagó pronto, Morenito se cruzaba entre los pitones en busca de de remate por circulares. Enterró el estoque de cerca y por derecho. Fulminante. Dos orejas.
El “regordio” Banderilla (3º) pisó la plaza dejando la impresión de un bonachón. David de Miranda acompañó sus primeras embestidas a la verónica a pies juntos y, con la franela en la mano, logró construir una faena de pases largos, ligados por ambos pitones. La muñeca llevaba los vuelos de la pañosa sin una sola arruga, el burel se lanzaba a por ella sin necesidad de toques. Luquecinas y manoletinas de perfil como epilogo antes de una estocada que hizo rodar al toro sin puntilla. Dos orejas. Cochero (6º) salió al son de la jota. No muy armado, pero fuerte: tomó la vara al relance y empujo fijo y franco. Pertenecía a los toros que son buenos o malos según el diestro que les cae en suerte. Miranda se hizo cargo de su genio, limó la asperezas con valentía y decisión. El bicho quedó con el estoque entero entre las péndolas. Dos orejas.