Opinión

El ejemplo nacionalista

Martes 28 de octubre de 2008
La votación de los últimos Presupuestos Generales del Estado trajo consigo la crónica de un distanciamiento anunciado, el de UPN y PP. La formación navarra viene concurriendo junto al PP a todas las citas electorales que ha habido desde 1991, merced a un acuerdo entre ambos partidos. A juicio de los populares, dicho acuerdo quedó en suspenso desde que UPN decidiera abstenerse en la pasada votación presupuestaria, facilitando así que los PGE pudieran seguir su cauca parlamentario. Conviene recordar que UPN gobierna en Navarra gracias al apoyo del PSOE. Dicho apoyo, como es lógico, impone sus peajes, y ello, unido a la labor de zapa que desde Ferraz ha ido llevando a cabo el equipo de José Blanco, ha cristalizado en el actual desencuentro. A día de hoy, se desconoce qué ocurrirá a partir de ahora con el pacto PP-UPN, pero está claro que su salud no es la mejor. Al mismo tiempo, en UPN se vive una fuerte división entre los partidarios de seguir junto al PP o quienes, como Miguel Sanz, pretenden dar un giro en aras a convertirse en un partido más autónomo.

Guste o no, en política los cambios de alianzas están a la orden del día y Navarra no iba a ser una excepción. Ocurre que la especial idiosincrasia de la comunidad foral, con un vecino molesto y expansionista como el vasco y una banda terrorista como ETA empeñada en tutelar su futuro, hacen que la política que se lleve a cabo en Pamplona haya de ser de hilado fino. El sector rupturista de UPN quizá debería recordar quién estuvo a su lado en la manifestación de Pamplona, defendiendo la unidad de España. O en tantos y tantos momentos de acoso nacionalista, con el PSN de convidado de piedra. Pero en todo este tiempo, UPN ha visto qué podía obtener del PP y qué le han sacado al PSOE sus ocasionales socios catalanes –CIU, Esquerra-, vascos –PNV- o aragoneses –PAR-. También, los canarios de Coalición Canaria han obtenido importantes réditos de su apoyo a cambio de concesiones. Precisamente ellos se descuelgan ahora con el propósito de mantener una relación de “bilateralidad” con España. Por ridículo que parezca, no hay más que echar la vista atrás para ver que en España resulta rentable ser nacionalista; o peor, regionalista con ínfulas. El ejemplo de PNV y CIU es seguido ahora por Coalición Canaria, PAR y quizá UPN. El exceso de autogobierno ha derivado en un peligrosos localismo, que antepone los intereses propios del terruño a los del conjunto del país. Así se entiende que la idea de España se circunscriba para muchos a los partidos de la selección de fútbol. Por otra parte, UPN debería contemplar el resultado de aventuras similares, como la Unidad Alavesa de Pablo Mosquera. Aviso a navegantes.

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