Opinión

Uno solo, vale la pena

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 02 de septiembre de 2023

Aunque haya solo uno, vale la pena. Y por eso el Papa ha viajado a Mongolia, donde mil quinientos católicos merecen la visita de FRANCISCO que, de nuevo, va a las periferias para llevar el Evangelio a los que parece que hemos olvidado.

Es más, el sucesor de Pedro va a Mongolia, un país del que no sabemos mucho, pero que es el bocadillo que vive entre dos grandes, China y Rusia, que siempre han querido poner sus pies en esa nación, que ha sido también un tapón necesario en el orden internacional.

Francisco, que no da puntada sin hilo, ha iniciado su 43 viaje apostólico con unas palabras a los periodistas que volaban con él desde Roma. El Papa pronunció una breve reflexión en la que dijo que “Mongolia se entiende con los sentidos” y sugirió “escuchar un poco la música de Borodín, que supo expresar lo que significa la longitud y grandeza de Mongolia”, o lo que es lo mismo, que no olvidemos a esa nación ni a sus habitantes, que incluso en muchos países, incluido el nuestro, han visto como del término “mongol” o “mongólico”, ha estado, desgraciadamente, asociado, a los afectados por el síndrome de Down.

Y dentro de esas “puntadas”, palabras del Papa dedicadas a terminar con las guerras: “Quiera el cielo que, sobre la tierra, devastada por tantos conflictos, se recreen también hoy, en el respeto de las leyes internacionales, las condiciones de aquello que en un tiempo fue la pax mongola, es decir, la ausencia de conflictos”.

La tierra de Gengis Khan acoge a un hombre que desea por encima de todo que “pasen las nubes oscuras de la guerra”, y lo hace no en la ONU o ante otro gran foro internacional, sino en una tierra con un Presidente, Ukkhnaa Khurelsukh, que se ha comprometido a estar “al lado de la Santa Sede para proteger el medio ambiente, la alimentación y la seguridad, que son la base de la humanidad y del desarrollo sostenible”.

Palabras en una visita, recordamos, para encontrar a uno de los rebaños más pequeños de la comunidad católica internacional, que necesitan esas palabras de aliento y que nos hacen reflexionar y recordar que no somos los únicos, los mejores, los escogidos. La soberbia que nos envuelve, nos hace olvidar a los alejados, pero más necesitados de esos impulsos de un hombre, FRANCISCO, que con estas peregrinaciones, nos indica que tenemos que bajarnos de nuestro falso pedestal y que nuestras Iglesias particulares tienen que ser ejemplares con sus obispos a la cabeza.

El Papa que es muy consciente de este problema, seguramente seguirá acometiendo reformas y nombramientos en estas Iglesias particulares, donde como ya hemos dicho en alguna ocasión “sobran doctores y faltan pastores”. Por eso, el Pontífice insiste en sus viajes, en sus peregrinaciones, en acudir a las periferias, aunque los rebaños sean pequeños, como en Mongolia, donde solo hay mil quinientas ovejas, porque si solo una de esta se descarría, el pastor tiene que acudir a buscarla, ya que “una sola, vale la pena”.

Por cierto, esa búsqueda del pastor en Mongolia, está siendo olvidada por los grandes medios, que prefieren ser teledirigidos desde el poder, porque “un pico vale más que mil palabras”. Y nosotros tragándonos todo.