En Onda Cero, Felipe González se ha pronunciado con claridad sobre los proyectos de Pedro Sánchez: otorgar enmascaradamente a Carlos Puigdemont, el prófugo golpista, la amnistía y el derecho a la autodeterminación. El expresidente del Gobierno, considerado como el gran hombre de Estado del siglo XX español, ha subrayado el carácter anticonstitucional de la amnistía, cuya concesión fracturaría además el Estado de Derecho. Los golpistas se convertirían en víctimas y “quedaría descalificado el régimen opresor”, es decir, la democracia española.
También fue rotundo Felipe González al asegurar que el derecho de autodeterminación no se contempla en la Constitución y que no puede ser moneda de cambio para asegurar los escaños que Pedro Sánchez precisa en la investidura. El PSOE socialdemócrata, el PSOE que engrandeció Felipe González, se enfrenta históricamente con la ambición personal de Pedro Sánchez dispuesto a hacer concesiones anticonstitucionales para permanecer en el poder.
La Constitución del 78 es especialmente liberal y admite su reforma profunda. Eso sí, con las cautelas correspondientes. Para conseguir sus propósitos Pedro Sánchez, conforme al artículo 168 de la Carta Magna, necesita los dos tercios del Congreso y a continuación los dos tercios del Senado. Si los consiguiera deberá convocar de forma inmediata nuevas elecciones. Y si en el Parlamento renovado alcanzara de nuevo dos tercios del Congreso y dos tercios del Senado, entonces su propuesta de modificar la Constitución para albergar la amnistía y la autodeterminación habría que someterla a referéndum nacional para que todos los españoles, libres e iguales ante la ley, tomaran la decisión final.
Esto es, en fin, lo que exige la Constitución, aprobada por abrumadora mayoría de la voluntad general libremente expresada, y que Pedro Sánchez se dispone a sortear para conseguir los escaños de los secesionistas catalanes y los proetarras de Bildu en la votación de su investidura.
Escribo estas líneas, tras escuchar el alegato audiovisual del prófugo golpista Carlos Puigdemont, un delirante discurso independentista que la decencia política y la dignidad nacional impiden negociar.