José María Aznar no ha perdido el pulso. El que fue gran presidente del Gobierno representando al Partido Popular, ha lanzado la consigna: “Todos contra la amnistía”. Hace solo unas semanas resultaba innecesario demoler la amnistía. Tras las elecciones del 23-J, resulta que Pedro Sánchez, para ser investido, precisa del sí de los diputados de Puigdemont. El prófugo golpista quiere regresar a España en triunfo y que se considere que nunca cometió un delito. Volver a su nación, pasar por la cárcel, someterse a un juicio, recibir la condena correspondiente y luego beneficiarse del indulto por obra y gracia de Pedro Sánchez, no entra en los planes megalómanos de Carlos Puigdemont. El prófugo exige que se le reconozca ajeno a cualquier delito y eso significa instrumentar una ley de amnistía que ampare su golpe de Estado del 1 de octubre.
Como tiene la sartén por el mango, como se decía antes, como maneja el mando a distancia del que depende Pedro Sánchez, el golpista ha exigido públicamente, acariciado después por la obsequiosa Yolanda Díaz Iscariote, que Pedro Sánchez caiga de hinojos ante él y se entere de lo que cuesta el peine dorado de los siete diputados de Junts.
Aznar se ha dado cuenta de la fragilidad de Pedro Sánchez. Y saltando por encima de la parsimonia de Núñez Feijóo, ha hecho rodar sobre el tapete de la política española la gran consigna: “Todos contra la amnistía”. Está claro que la ley exigida por el prófugo es anticonstitucional, que causa estragos incluso en el seno del PSOE y que enciende a los grandes nombres del partido. La amnistía significaría que Felipe González y Alfonso Guerra, en lugar de presidir un Estado de Derecho, habrían estado al frente de un Estado opresor, que ha condenado por cuestión de ideas a dirigentes catalanes.
José María Aznar va a encontrar amplio eco a su iniciativa. Son mayoría abrumadora las españolas y los españoles que están contra la amnistía, que creen en la democracia española, que se sienten orgullosos de nuestro Estado de Derecho libremente creado por la voluntad general.
Veremos lo que pasa. Aunque la voluntad de Pedro Sánchez sea mantener el envite, las cosas se le pondrán muy feas para su investidura “progresista”, tan progresista, por cierto, que precisa del apoyo de dos partidos secesionistas de acreditada ideología de derechas, el PNV y Junts, la antigua Convergencia.