Opinión

Perdurables series de la televisión

TRIBUNA

Roberto Alifano | Martes 12 de septiembre de 2023

El hombre es un niño que nunca termina de crecer, conjeturó con buen sentido de la observación alguien que ahora no recuerdo quién era. Cierto, nunca superamos esa etapa de nuestra vida, o alegremente nos hacemos adultos conservando muchos rasgos infantiles; también hay quienes dicen, con sentido práctico y buen humor, tan necesario para mantenernos en pie, que en la vejez hay un volver hacia aquellos primeros tiempos, ya que asumimos nuestras obligaciones reconociendo que hemos crecido y acumulado experiencias para llegar a lo que se llama -acaso irresponsablemente- la “edad adulta”.

Tras esas sonrisas imperecederas y esas inmensas ganas de disfrutar los placeres simples de la vida se esconden los temores a la soledad y la inevitable muerte, que a todos nos llegará. Pero nada se pierde y todo se transforma como enfatizara el sabio Antoine de Lavoisiere, hoy quizá bajo los estímulos del cantante Jorge Dexler y de Harry Potter, el joven aprendiz de hechicero, sentimos por sus interpósitas personas, la generosa prolongación épica de Don Quijote y Sancho Panza, y al sumarse la recuperación de ciertas famosas series de televisión volvemos a ser niños.

Acaso no está mal recordarlas y disfrutar de ellas gracias a la generosa televisión que las revive con buen sentido de la permanencia. Los talentosos Mel Brooks y Buck Herry, crearon en la década del sesenta la serie El Agente 86, protagonizada por Donald James Yarmy, que se hizo popular bajo el nombre artístico de Don Adams, un notable comediógrafo que interpreta a un policía, totalmente inepto, que trabaja para la Agencia de Contrainteligencia Control y se las ingenia, siempre al borde del ridículo, para frustrar las operaciones de la organización criminal Kaos. En sus cinco décadas de intensa actividad, el torpemente divertido policía Maxwell Smart encantó la vida de miles de televidentes, entre los que me cuento. Felizmente un famoso canal argentino recupera la añeja serie sumándola a otras tantas señales que hacen lo mismo en el mundo.

​A este resumen evocatorio se deben incluir Los Locos Addams, otra serie de la otrora televisión en blanco y negro que ya ocupa la categoría de clásico atemporal. Tanto es así que cada vez que se los menciona, no faltará alguien de la guardia vieja que con un chasquido de dedos cerrará los ojos para cantar el pegadizo “tara-ra-rá” de la presentación musical, que iba seguida de los chasquidos de dedos de todos los integrantes mirando la cámara. Raúl Rafael Carlos Juliá Arcelay, nacido en San Juan de Puerto Rico,​ fue el actor que caracterizó al personaje y alcanzó fama internacional en la divertida saga de la extravagante familia. Una seductora Carolyn Jones, bajo el nombre de Morticia lo secundaba como enamorada esposa del brillante Juliá.

Otro más que se niega a ser archivado por la moderna televisión, es la célebre serie El Zorro, que bajo el sello de Walt Disney, protagonizara el actor Armando Joseph Catalano, nacido en el Sur de Italia, criado en Nueva York y conocido artísticamente como Guy Williams. Este galán, que el destino trajo a la Argentina donde falleció de un fulminante paro respiratorio, el 30 de abril de 1989, era, además, un habilísimo esgrimista. Aquí prácticamente se había retirado luego de ser consagrado como actor de cine y televisión. Williams fue famoso especialmente por interpretar al aristócrata personaje justiciero de la clásica serie. Posteriormente, apareció en algunos episodios de Bonanza, interpretando a uno de los personajes y fue el eje central de Perdidos en el espacio, donde interpretaba al profesor John Robinson, un honorable padre de familia; pero Guy Williams es para siempre El Zorro.

Agrego que este emblemático actor durante la segunda mitad de su carrera, residió y trabajó mayormente en la Argentina, donde se lo llegó a considerar un ídolo popular y uno de los galanes que más ha logrado cautivar a las mujeres.​ En la década de los sesenta, muchas madres de Hispanoamérica bautizaron con el nombre de “Diego” a sus hijos debido a la fuerte atracción que despertaba en ellas su personaje célebre personaje. Con otro actor argentino, Fernando Lupiz, dieron clases magistrales de esgrima, atrayendo multitudes en sus presentaciones.

Gracias a al locutor y periodista Antonio Carrizo, conocí al inmortal Guy Williams. Carrizo era vecino de él y cada tanto nos encontrábamos en un restaurante de Buenos Aires para compartir una cenar. Era un hombre amable, encantador y lleno de anécdotas. Vivió sus últimos años en la Recoleta, un exclusivo barrio de la ciudad de Buenos Aires, donde falleció inesperadamente a los sesenta y cinco años.

Pero aún queda otro personaje famoso de aquella época, que también quiero recordar. El talentoso antihéroe Peter Falk, que interpretó al detective Columbo, personaje central de una serie de televisión estadounidense creada por los famosos productores Richard Levinson y William Link. La serie se emitió regularmente entre 1971 y 1978, y esporádicamente entre 1989 y 2003, hasta un total de casi setenta episodios, regresando ahora a la televisión argentina.

Se sospecha que su nombre se debe a una parodia del físico-culturista Franco Columbu debido a su parecido con el actor. Algunos aseguran que el nombre del personaje es Frank Columbo, pero en ninguno de los episodios se le llama con ese primer nombre, y él siempre se presenta a sí mismo como el “teniente Columbo”. Los propios creadores han aclarado que nunca se le dio un primer nombre; también su esposa, que nunca apareció ante las cámaras, era referida por él como la señora Columbo. Esta famosa serie es considerada un caso particular en el sentido de que no hay créditos comunes a todos los episodios y cada uno de ellos son largometrajes creados en especial para la televisión. Siempre pacífico, sin escenas de violencia, a través de sus brillantes deducciones, el teniente Columbo resolvía los casos. Mi amiga, la poeta Silvina Ocampo nunca dejó de agradecerme que le revelara a este personaje del que se hizo adicta. “Columbo es una de las genialidades que le debemos a la televisión”, me confesó.

Esto demuestra que la televisión atesora cosas buenas y cada tanto las revive con generosidad. Se han sucedido algunas décadas y las mencionadas series siguen vigentes. Felizmente no se las echó al olvido. Quizá como yo, un niño que no ha terminado de crecer, otros nostálgicos sigan disfrutando de estos personajes inmortales. Que así sea y toda la gratitud por seguir encantándonos la vida.