El Ministerio de Igualdad atraviesa por el climaterio de la cordura. No es que yo esté en total desacuerdo con el espíritu que mueven nuestras gestoras ministeriales con eso del reparto de tareas domésticas, es que sacar una aplicación de bolsillo para “domesticar” conductas hogareñas me parece de una ingenuidad abrumadora.
ME Toca es un juego para salas de espera y poco más. Tratar de organizar la mano de obra de un sancta sanctorum, como lo es el domicilio particular de cada cual, es como si a un cíclope le dilatas la pupila. Pocas tareas se parecen más a la tortura de Sísifo que las tareas hogareñas, con su interminable repetición: lo limpio se ensucia, lo sucio se limpia, una y otra vez, día tras día. Y en esas estamos.
Marcar los tiempos de tareas caseras a base de instaurar una tabla de rendimientos es típico de la explotación obrera en las peores dictaduras, principalmente las comunistas tan dadas en controlarlo todo. En tiempos de Stalin, por cierto, el mejor ejemplo de lo que es una ideología refractaria, si tenemos en cuenta que, incluso, aunque las mujeres soviéticas tenían trabajos de mayor relevancia y puestos en el gobierno federal que suponían igualdad salarial, sin embargo, ellas eran las que al final del día en casa siempre se ocupaban de las tareas domésticas y de los niños. Seguían siendo amas de casa cumpliendo con los «roles tradicionales» de las mujeres en un régimen socialista. Es decir, igualdad de clases, pero sin clase para ellas. Todo un timo como tantos otros.
Y ahora vienen con una aplicación cuya intención es hurgar en casa ajena bajo el palio de una progresía tan bondadosa como distópica. La doble moral que se sustancia a base de la gente corriente que soporta una vez más los desatinos y descarríos de lo inútil. La cuestión no es reglamentar nuestras vidas, sino dinamizar la libertad de la que aún gozamos en España –no sé por cuanto tiempo- haciendo que el tarugo o la taruga de turno dejen de mandar en casa por coyunda desigual en materia de arrimar el hombro. Un buen amigo dice no tener ningún problema hogareño porque en su domicilio se hace siempre lo que él obedece. Meritoria filosofía para mimetizarse con el ajuar doméstico, pero poco más.
No es una cuestión de fuerza ni de jerarquías, tan solo de entendimiento salvo que bajo un mismo techo unos hablen en maorí y otros en arameo. Limpiar el baño, hacer la compra, cuidar de las mascotas, tender la ropa, hacer la comida, saber dónde ha estado uno o una, o arreglar pequeñas averías forman parte del catecismo doméstico desde mucho antes de la llegada de las primeras colonizadoras al Ministerio de Igualdad; otra cosa es la perfomance de la industria progresista con estas mamarrachadas que le cuestan una pasta a nuestros bolsillos.
Los que hemos hecho la mili aprendimos lo que era hacer comida de vanguardia, es decir, huevo frito con puntilla para quinientos comensales. Limpiar letrinas por orden de llegada a filas. Hacer la intendencia en sacos de 25 kilos, hacer reír a los caballos del ejército o cambiar la trócola a un tanque. Me consta que nada de esto viene en la aplicación “Me Toca”. Es absurdo que la finalidad de este juguetito sea la de hacernos fichar en casa por objetivos, tiempo y resultados. O sea, tanto friegas, tanto vales o dime dónde has estado para descontarlo del ratio de méritos.
Me parece que esto de la maquinita para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres carece de sustancia por aquello de que si plancho no cojo los bajos de los pantalones o si estoy con la masa de las croquetas no puedo limpiar el polvo (con perdón), aspectos éstos de parvulario. La mujer no tiene porqué aguantar la carga por la apatía de un hombre y éste tampoco ha de ser el sherpa de la mujer. El equilibrio es la piedra filosofal, el basamento del proyecto en común y no el trabajo a destajo, por cierto, jamás remunerado ni gratificado por ningún lumbreras en el poder que con su masa madre se lo llevan crudo en presente y futuro.
Un servidor es muy de las igualdades. Por suerte me viene de cuna. Ahora bien, puestos a reglamentar tareas debe saberse que no es lo mismo elaborar unos chipirones rellenos que rehogar unas judías verdes sin mayores pretensiones. En muchas ocasiones la desigualdad viene marcada por las propias habilidades de los actores, algo que sin necesidad de este iinvento de ME Toca resulta que uno posee un don natural para freír espárragos mientras la otra parte es capaz de montar los muebles de Ikea sin pestañear.
A partir de ahí el rol de cada cual ha de ser libre, pero a la vez complementario haciendo del respeto la ecuación para corregir el descosido de la desigualdad que mantiene una buena parte de nuestra sociedad. Lo que sucede es que la gente corriente arrastramos una total reprobación hacia el Ministerio de Igualdad por culpa de la funesta ley del “Solo sí es sí” y sus consecuencias. Cada vez más graves y dolorosas. Cada vez más desigual y cruel para una sociedad que amamanta la vergüenza viendo como los culpables artífices salen de las cárceles, mientras las víctimas reciben como premio de consolación las palabras de la propia doña Irene Montero: Y nadie dimite, pero doña Irene pasará a la historia como la ministra más dañina para las mujeres españolas.
Eso por jugar a las casitas y a las comiditas.