Opinión

¿Ha hecho bien Rajoy en romper con UPN?

José Antonio Sentís | Martes 28 de octubre de 2008
Si la política fuera una actividad científica, donde la pasión se redujera a la eficacia, donde la personalidad se cambiara por la objetividad, donde la incertidumbre fuera previsibilidad, el gesto de Rajoy de confrontar al PP con UPN hubiera sido imposible. Y la provocación de Sanz a Rajoy al vulnerar su acuerdo en la votación presupuestaria hubiera sido inconcebible.

Pero estamos ante dos hechos letales en política. El primero, que no hay nada más peligroso que excitar a un líder dubitativo. Y el segundo, que no hay nada menos admirable que tomar decisiones por apego al interés inmediato.

Prisionero Sanz de su minoría en Navarra, y preso también de la fantasía creada por el Estado Autonómico de convertir en virreyes a los gobernantes regionales, el líder de UPN, hombre sin embargo cabal en su trayectoria, ha decidido echar un pulso a su socio nacional a cuenta del "interés de los navarros".

Preso Rajoy de la duda sobre la fabricación de carisma, y prisionero de una estrategia volcada en la oposición en la Economía, cuando más inoportuno era reivindicarla, el dirigente del PP, siendo como es un hombre cabal en su ejecutoria, ha decidido demostrar su fortaleza contra el amigo, antes que asaltar a la bayoneta la trinchera del adversario.

Liderazgos ambos, el de Rajoy y el de Sanz, heridos, capaces del divorcio abrupto para que los suyos no les acusen de debilidad. Porque como reza la experiencia, hay adversarios; peor, hay enemigos; y pésimo: compañeros de partido.

Sin embargo, y siendo profundamente inoportuno, carente de cintura, torpemente explicado, lo cierto es que Rajoy no tenía ya más remedio que sacar las uñas. Ya no viene a cuento saber si ha sido mal aconsejado en el proceso, si ha habido dirigentes en la cúpula del PP (a fin de cuentas nombrados por Rajoy) que no han hecho más que propiciar que la situación se pudriera, si la culpa de todo es que el líder del PP no tiene la auctoritas que sólo concede la victoria en las urnas…Pues llegados al punto en que estamos, si Rajoy traga en Navarra, excava irremisiblemente su tumba política.

Lo paradójico es que a lo mejor, haciendo lo único que ya podía hacer (otra cosa es lo que hubiera podido resolver con inteligencia política hace meses), igual se prepara también el epitafio.

Todo este proceso ha tenido ese punto de innecesario que provoca morbo. Ha evidenciado la parte subjetiva de la política que recordaba al comienzo de este texto. Ha demostrado que la posición ideológica está sometida a la condición humana. Y, de paso, que la derecha española nunca dejará de ser un guirigay, salvo cuando encuentra a un tipo con determinación acerada, lo que no ha sido fácil, ni lo será.

Por mi parte, he tenido la oportunidad de tratar en persona a ambos dirigentes en suficientes ocasiones como para tener más motivo de simpatía que de antipatía. Sin embargo, en esta ocasión, lo han hecho rematadamente mal. Porque a todos puede importarnos una higa que UPN y PP tengan acuerdos, coaliciones, fusiones o adquisiciones. El problema es que un partido ambiguo e incapaz de mejorar durante décadas en su propuesta para Navarra, como es el PSOE, recibe de rebote un beneficio que nunca supo ganarse. Y que un partido al borde del independentismo, Nafarroa Bai, puede tener la sartén por el mango y desmontar la condición foral de Navarra para someterla al neoimperialismo vasquista. Y, finalmente, que unos señores navarros que habían acudido encantados a una boda, ahora tienen que optar entre el novio y la novia, porque no se habían percatado de que ambos se iban a hacer travestís.

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